La tribu

El tiempo

Por Javier Saldise - Lunes, 26 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Para empezar, podemos hablar del tiempo, del meteorológico. Un tema como otro cualquiera pero que, desde hace un tiempo -el tiempo temporal-, ha pasado de ser excusa de conversación para romper silencios espesos como hielo en febrero a vivo argumento para el debate. Ya no se puede acudir a la conversación tras una ojeada por el balcón o después de sacar la mano por la ventana, porque anda el personal al orden del día con esto de los frentes, borrascas, anticiclones e isobaras. Un vecino mío, un ribero salado y andarín, salía de casa con el paraguas o no tras otear el cielo, catar la temperatura, calibrar si movía o no viento y, sobre todo, por la quemazón en una rodilla lastimada de cuando andanzas de crío, en alguna tapia, dice. Ahora, también sale con el arma en ristre tras sopesar todo lo anterior, pero ha incluido literatura y documentación para su veredicto. No para de meterse en “el internet” de la tablet de los Reyes, se ha aprendido un par de “sitios” -que sitios son-, y teclea el tiempo aquí y allá. Como “éstos del tiempo aciertan casi siempre, ¡eh!”, no sólo arbitra su decisión para el día, sino que también planifica semana, diez días, si le pilla mal tiempo en otra jornada de chiquiteo o si va a bajar al pueblo con mal tiempo, “para darme una vuelta por el cementerio”. También me dice que lo que todos echamos en falta con el paso de los años es la falta de tiempo. “Ya te contaré ya”, dice. O peor aún, “ya te enterarás ya”, amenaza. Al grano. Febrero se marcha y nos abandona este mes tradicionalmente desapacible, triste y aún oscuro, que deja el ánimo como el cuerpo: frío y perezoso, todavía hibernando estamos. Febrero tiene un pase porque también es corto y para cuando planea unas cuantas heladas, lluvias o nieves ya está sacando el pañuelo, lo agita, crea un ventarrón polar y se larga. La quemazón de la rodilla de mi vecino, que también me confiesa que a él le da igual el tiempo que haga, que sale todos los días a darse un garbeo aunque nieve y caigan chuzos de punta, anuncia que marzo tampoco viene como amigo.

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