Para quienes no se están enterando de casi nada

Por Carlos Couso - Viernes, 2 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

El tipo no estaba muy bien de la cabeza. Había llegado al poder acomodando los mecanismos democráticos del partido a su conveniencia y cuando alcanzó su objetivo de estar en lo más alto, modificó todas las normas internas para asegurarse que nadie más pudiera hacer lo que él había hecho. Ahora el partido era él, la democracia era él, y su poder absoluto. Para asegurárselo, se rodeó de una enorme pléyade de burócratas, a los que encomendó revisar con lupa los documentos y las actas de reunión de todos los órganos representativos y ejecutivos de la década anterior. Cada persona que había manifestado o emitido un voto contrario a los intereses de su persona, por muy pequeño que fuera el detalle, era purgada sin piedad.

Los argumentos de la acusación purgadora eran tan estúpidos la mayor parte de las veces que era necesario reforzarlos con mentiras y falsas acusaciones, desarrollando así una estrategia dirigida a la destrucción personal y vital de l@s acusad@s, como alternativa a no poder ganarles un debate político e ideológico. No se les purgaba porque una vez llegó tarde u otra expresó su criterio no coincidente con el del jefe supremo. Públicamente se les purgaba por ser agentes de Berlín, de Roma, de los aliados, y en todo caso contrarrevolucionarios que se habían situado fuera del partido, que era el jefe. Por eso había que eliminarnos sin piedad, porque en el fondo de lo que se trataba era de eliminar la competencia que pudiera tener el jefe para seguir siendo el jefe.

Vimos esto en el estalinismo de la década de los años 30 del siglo pasado, y luego lo hemos vuelto a ver mil veces durante las décadas posteriores y hasta hoy en día en muchísimas organizaciones políticas y sindicales en todas las partes del mundo, aunque con adaptación a las formas de cada momento, y salvando las distancias con los gulags y las balas. Por eso estamos como estamos... Cada vez que surge un movimiento político alternativo a todo lo existente y de izquierda que se organiza para intentar tomar democráticamente el poder, aparece un jefe rodeado de burócratas a los que nadie vio en las trincheras de los tiempos duros, se las apañan para llegar hasta arriba, y una vez allí maniobran para convertir su poder en absoluto, modificando de inmediato todas las normas internas a su conveniencia, desnaturalizando la organización, y purgando a tod@s aquell@s que se rebelen. Nada importa que la organización se parta en dos, o en mil pedazos. El jefe solo tiene un objetivo, que es él mismo.

No hay nada más repugnante que ver una y otra vez cómo en las organizaciones de izquierdas se purga a las gentes que están más a la izquierda, y que para ello no se duda en mentir y lanzar falsas acusaciones para tratar de destruir sus personas a falta de poder ganarles un debate político. Se da a entender claramente que no se tiene ninguna intención de desarrollar un programa político de izquierda.

Pues en esas estamos ahora mismo en Podemos Ahal Dugu. Tras ganar por 28 votos unas elecciones internas, el nuevo secretario general, Eduardo Santos, en vez de reconocer que la situación es prácticamente un empate, y que eso requiere la integración de todas las partes para hacer el partido más grande y democrático, hace justo todo lo contrario, como si hubiera obtenido la mayoría absoluta y por goleada.

Empieza por cargarse a l@s trabajador@s del partido que se habían significado con la otra candidatura, y l@s despide ni más ni menos que aplicándoles la legalidad resultante tras la reforma laboral de Mariano Rajoy, que nuestro partido viene diciendo que quiere derogar. A ver quién nos cree ahora… Entre ell@s despide al asistente jurídico que venía trabajando con el grupo parlamentario, y lo despide cobardemente en nombre del grupo sin haber consultado al grupo en ningún momento. Cuando el grupo parlamentario le pide explicaciones, dice que es una decisión tomada por la ejecutiva del partido, y cuando se le pregunta por qué ha decidido eso la ejecutiva sin contar para nada con aquellas personas para las que trabajaba el despedido, se cruza de brazos, y dice que las deliberaciones de la ejecutiva son confidenciales y no da más explicaciones. Esto nos llevó a cinco parlamentari@s a denunciar públicamente esta actuación en rueda de prensa días antes de sanfermines.

Después del verano se filtra a la prensa un informe elaborado también por la ejecutiva en la que se descalifica totalmente al grupo parlamentario, al que -por ejemplo- se acusa entre otras cosas de que sus integrantes no cumplen con los horarios, como si nuestro trabajo fuera estar encerrados dentro del Parlamento a jornada completa. Como si estar en la calle, en las fábricas, y en todo tipo de reuniones con asociaciones profesionales, con personas a título particular, con multitud de colectivos sociales, sindicatos, etc no fuera parte del trabajo que hemos de hacer.

A continuación van a por la ex secretaria general, Laura Pérez, una autentica amenaza para el futuro del jefe… Le preparan un expediente para que la comisión de garantías del partido juzgue, con un escrito pueril en el que se le acusa de todo tipo de patrañas y falsedades, elevadas a pecado mortal según su interpretación del código ético del partido, calificándole ni más ni menos que de corrupta, y estableciendo inicialmente como “medida cautelar” la expulsión del partido, para que no se les viera el plumero...

Como curiosidad apunto que las denuncias contra Laura y otras personas del partido las presenta un burócrata de la UGT de VW, que jamás ha presentado una sola denuncia contra la multinacional en 30 años (y mira que…), las tramita la ejecutiva de Santos donde -entre otras perlas- también está Aznárez, que vino de donde vino y por lo visto sigue estando donde estaba diez minutos antes de venir, y las juzga finalmente una comisión que preside otra señora que dice venir de trabajar profesionalmente con Juan José Lizarbe y Roberto Jiménez. Mucho antiguo régimen entre l@s amig@s de Santos, ¿no?

Así que l@s cuatro parlamentari@s que no tragamos con toda esta porquería en el partido, vistas las cosas, nos rebelamos y decidimos que para evitar males mayores teníamos que hacernos con la portavocía del grupo parlamentario, más que nada porque con la firma del portavoz se puede expulsar del grupo a quien se quiera, y si se dan expulsiones medio partido no va a admitir que se entreguen las actas para que el grupo parlamentario esté al 100% en manos de la otra mitad, con lo que los riesgos para mantener las mayorías del cambio en la Cámara son evidentes. Y para evitar esos riesgos, una mayoría de l@s parlamentari@s del grupo de Podemos Ahal Dugu recuperamos esa firma y la metemos en un cajón con el compromiso de que no se va a usar para echar a nadie ni fracturar nada.

El problema es que a partir de ahí, la presidenta del Parlamento, Santos y su ejecutiva de amiguetes han seguido comportándose con poco estilo. Primero, vulneraron el reglamento de la Cámara sacando del orden del día que correspondía en Mesa y Junta la notificación del cambio de portavoz que habíamos registrado en tiempo y forma y conforme al reglamento de la Cámara y los informes jurídicos existentes al respecto. Fueron otros miembros de la Mesa quienes tuvieron que entrar en el despacho de presidencia para solucionar esto. Imagínense… Luego registraron un escrito para que se pidiera a los servicios jurídicos del Parlamento otro informe sobre cómo se debe cambiar la portavocía de un grupo parlamentario, comprometiendo al cuatripartito, que lo aceptó a pesar de que se había registrado fuera de plazo. Se volvió a vulnerar el reglamento, pero nos callamos porque bastante tienen nuestros socios con tener que aguantarnos a tod@s. Entre tanto, Santos convoca antes de la Mesa y Junta correspondiente al cuatripartito y les pide que en la misma no acepten el cambio, demostrando su desconocimiento del reglamento que dice que la Mesa y Junta solo puede darse por enterada en estos casos (faltaría más que el portavoz de un grupo lo nombraran los otros…), y el enfado que provoca es mayúsculo pues lo que les estaba pidiendo a los socios es ni más ni menos que prevaricaran en su favor. Como Santos ve que por ahí no tiene nada que hacer, contacta con la letrada mayor al objeto de presionarle para que le haga un informe a favor, y justamente contrario al que había hecho en septiembre de 2017 y que él mismo había utilizado para quitar a Laura Pérez. Como ven…, para nota.

Al final sale lo que tiene que salir, y es entonces cuando en reunión con el cuatripartito, la semana pasada, va Aznárez y propone la destitución de la letrada mayor a la que con una desvergüenza inusitada echa la culpa de todo, teniendo que salir los socios del cuatripartito al paso para pararle los pies, indicándole que no están dispuestos a que les involucre en el espectáculo que está dando. Después -por supuesto…- intentan destruir también a la letrada que tan solo ha hecho honestamente su trabajo, y lanzan al aire todo tipo de acusaciones contra ella.

Es responsable la Presidencia del Parlamento también de haberse saltado la Ley de Contratación Pública para adjudicar a dedo los servicios audiovisuales del Parlamento que se tenían que haber adjudicado a través de un proceso de concurrencia competitiva, asunto denunciado judicialmente por las empresas del sector con sentencia favorable a los demandantes. Y además, otras cosas como haber usado el coche oficial para irse de vacaciones. Pues qué quieren que les diga…

Como se comprenderá en este momento no podemos entregar las actas y el partido a este tipo de gente. Lo descrito prueba que nuestra actual posición es la consecuencia directa de unos hechos ciertos de los que no podemos ser cómplices. Ni queremos manchar al cuatripartito, ni nos gusta que nos manchen a nosotr@s. Nuestro único delito es no haber saltado mucho antes creyendo que nuestra infinita paciencia podía contribuir a reconducir la situación.

A los sesudos analistas políticos, tertulianos, columnistas y demás expertos que nos dicen que hemos de entregar nuestras actas y el partido a toda esta gente, les tenemos que decir que nosotr@s también pensaríamos así desde fuera y sin mucho conocimiento de las cosas, pero que cuando lo sufres directamente y en tu propia casa ya es otro cantar… Arreglar todo este zipostio es una responsabilidad que creemos tener ante las 46.000 personas que votaron en mayo de 2015 un programa político y un partido muy distinto de éste.

Por eso, sintiendo mucho la intranquilidad de algun@s, y asegurando por delante y por nuestra parte la continuidad del cambio en Navarra hasta el final de legislatura, tenemos que decir que esta vez la burocracia reformista no se va a cargar esta organización de izquierdas para vivir del cuento. Quien suscribe estas líneas, se irá más pronto que tarde dejando por una vez las cosas en su sitio. Lo más pronto que pueda. No se preocupen, no me sufrirán mucho tiempo. Pero de momento, ni cautivo, ni desarmado.El autor es portavoz parlamentario de Podemos