Emisión imposible

Tristes como los Oscar en diferido

Por Javier Arizaleta - Martes, 6 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Para participar activamente durante todo la noche de los Oscar hay que contar con una cuadrillas de amigos entusiastas porque si no lo más normal es claudicar e irte a dormir como hacen los niños cuando se les cae el diente y esperan la sorpresa al día siguiente. Este año ni siquiera ha habido sorpresas y visto su desarrollo con la objetividad que te da el haber dormido, todo se ve de otra manera. Hay tan poco que destacar de la ceremonia de la Gala de los Oscar que podría ser el momento lancha fuera el más destacado: saber quién se llevaría la moto de agua por dar el discurso más corto de la noche. Aunque nadie quiera reconocerlo, y por único y emocionante que sea recibir una estatuilla, no se termina de entender que los profesionales del sentimiento y la comunicación directa que son quienes se dedican al cine, conviertan sus entregas de premios en pura definición del aburrimiento. Una castaña que hay que combatir a fuerza de que presentadores como Jimmy Kimmel, que por segundo año consecutivo saca la noche a fuerza de monólogo para convertir de paso la gala en una sesión en la que, a los malabarismos del escenario, haya que echar humor y ritmo antes de caer en el agujero negro que son los agradecimientos. Se podría decir que una vez entregado el Oscar -o cualquier otro premio-, los espectadores, en general, esperamos conocer el siguiente y así hasta el fin de la gala. Un principio que únicamente Frances McDormand cumplió ya que solo ella fue capaz de levantar al auditorio y dejar allí claro que el cine, como lo demuestra en cada una de sus actuaciones, es una herramienta que se puede manejar en el presente antes que esperar cambios para el futuro. Lo mejor de la noche fue su activismo vestido de Prada y el mensaje de inclusión que lanzó de Hollywood al mundo. Por eso no estoy muy orgulloso de haberla visto en diferido. A ver si el año que viene me acuerdo de que esta noche sigue siendo única aunque solo sea por unos pocos segundos.

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