En la Plaza del Castillo

Por Javier Saldise - Miércoles, 7 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

fermín Ezcurra era un señor respetable porque trataba con respeto -de esto hay quien nunca aprenderá- y porque, cuando tocó coincidir con él, era también el señor mayor que presidía Osasuna con dulzura. Una dulzura socarrona que exponía con el tono bajo de sus intervenciones, que no era tan dulce cuando hablaba de números y negociaba condiciones, ni cuando guardó la caja del club con mano de hierro. Fermín Ezcurra era un señor que -aunque mostrara contrariedad con el que estaba enfrente- nunca dudó en coger el teléfono a horas intempestivas para atender a quien fuera, tras pasar la llamada por su mujer, Pepita, que anunciaba: “Fermín, un periodista”. Luego, contestaba lo que quería... Como Ezcurra era un señor de Pamplona -vía Oricáin-, también le gustaba enmarcar al personal con apellidos, origen, relaciones. Así era el señor que presidía el club de la Plaza del Castillo, al lado de librería Gómez, cerca de la farmacia Lorca.

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