P. Adams | historiador de cine estadounidense

“El experimental es el único ámbito en el que el cine sigue vivo”

El investigador estadounidense, ayer en Baluarte. (OSKAR MONTERO)

Mantener una charla con este experto es aceptar que te rompa esquemas y que convierta en tópicos lo que creías grandes verdades. Un desafío necesario

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar | Fotografía Oskar Montero - Miércoles, 7 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

PAMPLONA.- P. Adams Sitney (New Haven, Connecticut, 1944) impartirá una clase magistral esta mañana, a las 10.00, en la Filmoteca. Y el viernes ofrecerá una conferencia a las 17.00 en Baluarte, además de presentar el ciclo Sistiaga &Brakhage el mismo día 9 a las 22.00. Tres citas ineludibles para adentrarse en los fundamentos del cine experimental de realizadores como Jonas Mekas, Peter Kubelka, Ken Kelman, Maya Deren o Marie Meken, entre otros.

Viene a Pamplona, pero luego se va a la Escuela Elías Querejeta de San Sebastián y después al Museo Reina Sofía. Le vamos a exprimir bien.

-(Sonríe) Tengo la suerte de ir a muchos lugares.

¿Por qué nos sigue intrigando tanto el cine experimental, por qué necesitamos desentrañarlo?

-Porque los padres no estaban interesados en absoluto y la gente de hoy, sí. El caso paragdimático es París. Yo mostré algunas películas allí en los años 1964 y 1968 y aquella generación de cinéfilos manifestó su odio hacia el cine de vanguardia, y sus hijos se tienen que rebelar contra eso.

¿Se trata de matar al padre también en esto?

-No solo al padre y también a la madre (ríe). Además, hay que decir que, en realidad, el cine se ha terminado. Casi ningún menor de 30 años ha visto una película nunca;han visto copias digitales de películas, y el único lugar donde el cine sigue vivo es el cine experimental. Entre los alumnos a los que he dado clase en los últimos diez años ninguno había visto una película química.

En celuloide.

-Eso es. En las grandes ciudades e incluso en algunos museos de Nueva York ya no hay proyectores y todo se exhibe en digital.

Y P. Adams Sitney es un gran defensor del cine en formato químico.

-Personalmente, sí. No quisiera ni ver una película digital. Es feo. De ser joven hoy, ni me acercaría a los cines.

Sin embargo, se dice que las nuevas tecnologías, entre ellas la posibilidad de grabar en digital, que es mucho más barato que el celuloide, ha democratizado el acceso a la creación.

-No me interesa la democracia en este caso. La democracia es una herramienta útil contra la tiranía política, pero es enemiga del arte.

¿Por qué?

-Una obra de arte se esconde. Incluso en los museos. Las personas pasean por delante con los auriculares puestos y la población democrática no ve nada;hasta que, de pronto, una niña pequeña que va con sus padres se detiene y se siente tan atraída por ella que le cambia la vida. No importa si es rica o pobre, blanca o negra, vasca o española, no tiene nada que ver con la democracia. Sus padres son demócratas y creen que entienden las cosas porque ven la televisión, pero el arte no tiene nada que ver con eso.

¿Siendo esencialmente subjetivo, porqué el cine experimental nos apela directamente de una manera tan universal?

-No es tan subjetivo y no hay nada universal. Esto es un mito que se enseña en las escuelas y en los centros de formación, y no es así.

¿Y por qué una película que hace un director en su entorno más íntimo y personal puede llegarme a mí o a otro espectador directamente al corazón?

-Por la misma razón que un hombre o una mujer o incluso una docena en nuestras vidas nos pueden volver locos de amor. Mientras que la mayoría de las personas con las que nos cruzamos no nos atraen en absoluto, ellas también son amadas por otras.

Pero, en principio, el cine es un arte expositivo, se hace para mostrarlo a los demás. ¿O no?

-¡No, no, no! El negocio del cine, sí. A fin de cuentas es una industria. Una industria terrible en la que las personas que tienen el dinero dicen a las personas que realizan las películas qué contenido deben tener. Y eso es inútil.

¿Para quién trabaja, entonces, el cineasta experimental?

-Es diferente según el cineasta. Básicamente, las personas que hacen estas películas lo hacen porque algo les ha agarrado y no tienen otra opción que trabajar en esa idea. Pierden su dinero, a veces incluso a sus amantes, son humillados... Pero lo tienen que hacer. No hay ni un solo cineasta que haya podido vivir de hacer películas experimentales. En Estados Unidos, muchas de estas personas dan clase o hacen otras formas de arte que pueden comprarse, como, por ejemplo, la pintura. Sin embargo, siguen con el cine experimental porque es un impulso que sale de la necesidad y del amor.

¿Es una necesidad incorruptible?

-Bueno, no lo sé, yo no soy cineasta, pero creo que sí, que es algo ciertamente obsesivo.

En su libro Eyes upside down analiza el trabajo de cineastas como Brakhage, Frampton, Noren, Warren, Sonbert y Menken, entre otros, a partir de la filosofía de Raplh Waldo Emerson.

-Emerson es la piedra de toque para casi todo el arte americano, incluso para quienes ni siquiera lo saben. Estados Unidos fue fundado como un país protestante, y Emerson comenzó su andadura siendo pastor. Pero en algún momento dejó de creer en Jesús y lo dijo abiertamente en la Escuela de Teología de Harvard, de la que fue expulsado inmediatamente. A partir de ese momento, en lugar de predicar en iglesias comenzó a hablar en público y a dar conferencias por toda América. Muchas personas se reunían para escucharle porque estaba en contra de la esclavitud y casi todos los poetas importantes del siglo XIX se convirtieron en poetas tras leer sus textos. El más conocido es Walt Whitman.

¿Por qué decidió estudiar a esos cineastas bajo este prisma?

-Antes escribí otro libro, The Visionary Film: The American Avant-Garde, y no había pensado en Emerson. Pero cuanto más veía esas películas y más leía, más me convencía de la existencia de esa tradición específica de Emerson. Por ejemplo, Emerson dijo que una de las maneras más importantes de ver el mundo desde una perspectiva nueva era desde un caballo o un carro, o subido a un tren. O si uno no puede estar en movimiento, por lo menos ser capaz de ponerse de pie, agacharse, poner la cabeza entre las piernas y ver el mundo al revés. Además, recuerdo haber estado en muchos estudios de pintores abstractos que cogían el lienzo y le daban la vuelta para tener una perspectiva nueva. Paulatinamente me di cuenta de la importancia de esa forma de mirar.

¿De algún modo, estos cineastas con esta forma de mirar encarnan la resistencia de la cultura?

-Todo el arte es resistencia, con la excepción del arte comercial.

Da la sensación de que el arte experimental en general y el cine experimental en particular han podido subsistir en Estados Unidos gracias a las universidades y a otras instituciones artísticas.

-¡Demasiado! Mi pecado más importante ha sido dar clases en universidades durante cincuenta años. Para poder ganarme la vida, convertí el arte en deberes que mandaba a mis alumnos. Lo que se recibe en la universidad no se descubre por uno mismo. Uno de los grandes períodos del arte en los Estados Unidos se produjo en los años 50, durante el período de McCarthy. Hubo una gran represión y odio hacia los artistas, la población creía que los artistas eran comunistas, hubo grupos de militantes antihomosexualidad, otros de antisexualidad en general... Fue un período maravilloso para el arte.

¿Cuando el arte está en lucha crece más?

-No necesariamente, pero cuando el artista tiene que arriesgarse se convierte en una persona seria. En 1950 se podía comprar un cuadro de De Kooning por 100 dólares, no había artistas ricos. Ninguno. Desde los años 60, los artistas de galería se convirtieron en millonarios y los jóvenes empezaron a hacer del arte su profesión, generando un trabajo muy malo.

Dice que su labor en la universidad ha sido un pecado, pero sin ese trabajo de estudio y documentación no conoceríamos a grandes autores del cine experimental.

-Sí, pero es problemático para mí. Porque lo que yo he hecho ha sido por un lado iluminar algunas cosas para los que desean la ilustración académica, pero también he inhibido el descubrimiento. En cualquier caso, insisto en que el peor delito ha sido la digitalización. Hoy, cualquier persona puede comprar una película de Brakhage y nunca verla. Es raro, en los años 60 en las universidades había una sala para leer revistas y periódicos y siempre estaba llena. Luego llego la fotocopiadora, la gente empezó a fotocopiar esos materiales para llevárselos, pero nunca los leía. También se ha perdido otra cosa, porque, antes, para ver algo en una pantalla te reunías con otras personas que tenían la misma ilusión que tú por ver las películas de Harry Smith, por ejemplo, proyectadas en un pequeño cine. Sin embargo, ahora estamos todos aislados y se ha dado con la forma de ganar dinero distribuyendo material digital. Y el ordenador también es culpable de destruir la cultura.

¿En qué sentido?

-Se ha descubierto que un niño de 2 años sabe hacer funcionar un teléfono móvil o un iPad, y, sin embargo, el 48% de estos mismos niños no tiene capacidad para sujetar un lápiz o un bolígrafo con la mano. Yo he dado clase en las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos y los únicos estudiantes que escribían bien a mano venían de Turquía, Rumanía y Hong Kong, países donde se enseña el inglés a mano. Con el ordenador no se escribe, solo se procesan textos. Es terrible, todo esto es un suicidio de la cultura.

¿P. Adams Sitney no ha querido ser cineasta nunca?

-Sí. Cuando era joven era muy sexy ser cineasta o novelista y yo también quería tener mujeres a mi alrededor (ríe). Entonces hice unas películas bien malas, pero, a diferencia de algunos cineastas, sabía que no tenía talento y en un momento dado me di cuenta de que había nacido para hacer un trabajo determinado. Tenía una misión y, aunque no era muy sexy, era mi misión.

Pero estuvo rodeado de todos esos creadores.

-Sí, he conocido a algunos cineastas muy importantes y algunos eran monstruos.

¿Monstruos?

-Avariciosos, malos, violentos, deshonestos... Muy pocos artistas importantes son personas realmente amables, sobre todo porque la humillación es importante. Nunca pueden estar seguros de haber hecho un buen trabajo, y hay muchos que en vida no son reconocidos y, de pronto, a los 50 años de su muerte se convierten en Van Gogh. Vivir así es muy duro.

“No hay ni un solo cineasta que haya podido vivir de hacer películas experimentales”

en corto

Visionario. P. Adams Sitney asistió a Yale y en 1970 cofundó, junto a Jonas Mekas, Peter Kubelka, Ken Kelman y James Broughton Anthology Film Archives. Actualmente da clases en la Universidad de Princeton.Sintaxis del cine estructural. El experto ha definido elementos que sirven para analizar filmes considerados herméticos, como la posición de la cámara, el efecto de parpadeo, la impresión en bucle, etc.

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