El largo camino hasta la mayoría absoluta

Seis exparlamentarias forales de distintas familias políticas relatan su experiencia en el Parlamento en años en los que la presencia de la mujer no era tan habitual como lo es ahora

“La política me dio todo pero siempre tenía un sentimiento de culpa con mis hijos” - “La política es un elemento tractor fundamental para llegar a una sociedad igualitaria” - “Necesitamos más recursos económicos para poner en práctica los planes y leyes aprobados”- “El desarrollo ha permitido que la mujer ocupe puestos de relevancia” - “Tenía dos hijos menores bajo mi tutela y renuncié totalmente a mi vida personal” - “Queda mucho por avanzar en la visión de género de las políticas a ejecutar”

Elena U. Irurzun - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

pamplona - A nadie le extraña a estas alturas ver a una oradora en la tribuna del Parlamento o que sea una mujer la encargada de defender una iniciativa política sobre cualquier tema. Es un gran logro, fruto de muchos años de trabajo no siempre fácil. En este periodo que separa la primera legislatura en el Parlamento con solo tres mujeres de 70 parlamentarios hasta la actual en la que las féminas son mayoría absoluta (26 de 50), muchas parlamentarias han tenido que trabajar duro para abrirse un hueco en un mundo originalmente masculino. Un camino en el que muchas han tenido que dejar a un lado parte de su vida personal, pero que todas recuerdan con orgullo por la aportación que han podido hacer a la igualdad y a la integración de la mujer en el mundo político. Las exparlamentarias María Jesús Aranda (PSN), Begoña Errazti (EA), Carmen González (UPN), Mariné Pueyo (Batasuna), Isabel Arboniés (IUN) y Milagros Rubio (Batzarre) cuentan cómo ha evolucionado el papel de la mujer durante todos estos años, la dificultad para conseguir una conciliación real o las diferencias que pueden apreciar entre el trabajo realizado por los hombres y las mujeres dentro de la Cámara.

De 3 a 26 mujeres

La importancia de la legislación

El incremento de la presencia femenina en las instituciones políticas es evidente pero, además de la presencia meramente numérica, el peso de las mujeres en la toma de decisiones ha avanzado de manera sustancial. A pesar de ello, según las entrevistadas “queda mucho por avanzar”. Milagros Rubio señala que “aunque se visibiliza más a la mujer en papeles protagonistas, aún queda mucho por avanzar, no solo en cargos sino también en visión de género en las iniciativas parlamentarias y en las políticas a ejecutar”. Para Carmen González, el peso de la mujer en los últimos 10 años ha crecido de forma sustancial pero no solo en el Parlamento sino “en todos los ámbitos políticos” y Arboniés considera que en los últimos años se ha contribuido al “empoderamiento de la mujer en los espacios públicos”.

Un efecto que Begoña Errazti y Mariné Pueyo coinciden en achacar a la efectividad de la ley de cuotas. “Son indudables los avances, lo que nos habla del efecto de la ley como potenciadora de cambios”, dice Errazti, a lo que Pueyo añade que “el incremento de la representatividad y de las cuotas de poder alcanzadas por las mujeres en los últimos años es en buena parte fruto de la ley de cuotas, lo que demuestra lo acertado de aquella decisión”. Sin embargo, Pueyo señala que “los órganos ejecutivos de los partidos siguen estando en manos de los hombres”. En el mismo sentido, María Jesús Aranda destaca que “a pesar de que la evolución es favorable, no existe equidad en cuanto a las relaciones de poder, por muy importante que sea la presencia de dos mujeres en las más altas instituciones de Navarra”.

Precisamente sobre este “matriarcado” actual en la política foral, todas las entrevistadas lo valoran como algo positivo pero tanto Aranda como Rubio consideran que es “pronto” para “determinar si es fruto de cuotas o responde a algo más estructural”. Para Arboniés, esta progresión de las mujeres en cargos públicos “es un reflejo de la progresión social, cultural y científica de las mujeres y de la lucha feminista”, mientras que Errazti desea que “no sea una situación excepcional y también sirva para seguir asentando la igualdad”. Para Carmen González este ascenso de las mujeres a puestos de relevancia viene promovido por “el desarrollo y bienestar de la Comunidad Foral durante años”, mientras que Pueyo rechaza hablar de “matriarcado”. “Mientras las mujeres cobren un 23% menos que los hombres, seamos las más precarizadas, tengamos las tasas de paro más elevadas, carguemos sobre nuestras espaldas los cuidados, nos sigan asesinando y maltratando, cobremos pensiones inferiores, se nos cosifique en la sexualidad, el ocio, la publicidad… no podemos hablar de matriarcado”, dice Mariné Pueyo, que apuesta por “una mayor intervención de las instituciones públicas para hacer cumplir las leyes”.

Conciliación

El reto a conseguir

A pesar de todo el tiempo que estas parlamentarias han dedicado a la vida pública, todas coinciden en destacar que una de las principales dificultades a la hora de dedicarse a la política es la imposibilidad de conciliar de manera real la vida personal con la profesional. Un reto que todavía queda por solucionar y que, a pesar de que existen medidas para la conciliación, no deja de ser una evidencia que las mujeres son mayoritariamente quienes cargan con la mayor parte del peso de las responsabilidades familiares y del hogar. Una solución que indudablemente pasa por la implicación de los hombres, como señala Begoña Errazti, que precisa que “sin la correspondiente corresponsabilidad en casa” que tuvo “la suerte de tener” le hubiera sido imposible conciliar. “La corresponsabilidad y la conciliación de la vida personal y profesional son los retos futuros en política”, apunta Errazti. Carmen González también destaca la dificultad de la conciliación, más teniendo en cuenta que “una es política a tiempo completo”. Rotundas en este sentido se muestran Arboniés, Pueyo, Aranda y Rubio que recuerdan las dificultades que vivieron para compaginar ambos aspectos de sus vidas. “No fue nada sencillo, soy madre de un hijo y una hija, les explicaba las razones por las que me encontraba en política pero siempre tenía una especie de sentimiento de culpabilidad respecto a ellos”, apunta Aranda. Algo que también constata Isabel Arboniés, que valora la conciliación como algo que fue “muy complicado”. “Tenía dos hijos menores bajo mi tutela, el mayor con autismo en una fase muy compleja y renuncié completamente a mi vida personal. Los horarios y la concepción de la actividad parlamentaria no deja espacio”, lamenta Arboniés. En el mismo sentido, Milagros Rubio admite que “quizás no muy conscientemente” renunció también “a tener vida familiar, a vivir sin estrés, a compartir más ratos con amigas”. “No solo por ser mujer, sino también por una extensa vida política que incluyó etapas muy duras”, afirma Rubio. Por su parte Pueyo recuerda que “hablar de conciliación es hablar de corresponsabilidad y nuestra sociedad está muy lejos de alcanzar siquiera los niveles existentes en algunos países europeos”. “La lucha por libertad no está exenta de renuncias en lo personal y familiar, pero merece la pena cuando ves los frutos”, apunta, para añadir no obstante que “constatar la fuerza actual del movimiento feminista, al que la incorporación de la juventud ha dotado de nueva savia, demuestra que ha merecido la pena el camino”.

Esencia femenina

¿Son o no diferentes?

¿Qué aporta la presencia femenina a las instituciones? ¿Es diferente lo que aporta un hombre a lo que puede aportar una mujer? Hay visiones diferentes en este asunto aunque la mayoría coinciden en que no existen diferencias sustanciales entre hombres y mujeres sino que se trata de una cuestión de posición ideológica o de vocación.

Así lo señala, por ejemplo, Begoña Errazti que apunta que “las diferencias tienen que ver más con la apuesta por la igualdad que con el sexo. Un hombre o una mujer con compromiso con la igualdad desarrollarán políticas muy distintas a quienes quieren mantener la discriminación”. “Para cambiar la sociedad se necesita tener una visión feminista y la política es un elemento tractor fundamental a la hora de llegar a una sociedad verdaderamente igualitaria y democrática”, ahonda Errazti. Para González tampoco existen diferencias importantes sino que se trata más bien “de una cuestión de trabajo y vocación por el servicio al ciudadano, y en eso no existe distinción”. Rubio, por su parte tampoco contempla una esencia diferente entre mujer y hombre a la hora de hacer política sino “una construcción social en la que las mujeres hemos sido regladas en ese rol y en él hemos aprendido a preocuparnos de las demás personas, a tejer redes...”.

También para Pueyo se trata de una cuestión de roles de sexo ante los cuales las mujeres han adoptado “estrategias organizativas más cooperativas, más empáticas, más solidarias”. Asimismo, Aranda destaca los vínculos de solidaridad que han fomentado las mujeres, por encima de “las relaciones de competencia”. Finalmente, Arboniés entiende que la diferencia radica “en la visión, menos centrada y más global de la realidad y en la búsqueda de matices y efectos que pueda tener una medida”.

las protagonistas

María Jesús Aranda Lasheras (PSN). Nació en Tudela en 1948. Es Licenciada en Derecho y formó parte de la legislatura constituyente del Parlamento de Navarra entre 1979 y 1983 por el PSN-PSOE, concejal del Ayuntamiento de Tudela entre 1999 y 2001 y Defensora del Pueblo entre 2001-2007. Entre 2007 y 2008 fue asesora del gabinete de la vicepresidenta del Gobierno central, María Teresa Fernández de la Vega. Tiene dos hijos.

Begoña Errazti Esnal (EA). Nació en Barakaldo (Bizkaia) en 1957 pero ha estado afincada en Navarra. Fue portavoz parlamentaria de la coalición EA-PNV en las tres legislaturas que discurrieron entre 1995 y 2007, además de cartel electoral de la formación en varias ocasiones. Madre de dos hijos, su actividad profesional ha estado ligada a la gestión como gerente en varias organizaciones y fundaciones.

Carmen González García (UPN). Nació en 1973 en Mendavia. Fue parlamentaria foral y portavoz en la Comisión de Educación entre 2007 y 2015. Durante esas dos legislaturas también fue vocal del Consejo Escolar de Navarra y de la fundación Moderna entre 2011 y 2015. También ha sido concejal en Mendavia entre 2003 y 2011. Es profesora de inglés y vive en Espronceda.

Mariné Pueyo Danso (Batasuna). Nació en 1954 en Falces, localidad en la que fue concejal durante la legislatura de 1982. También ha sido concejal en Pamplona durante las legislaturas 1991-1995 y 2007-2011. En el Parlamento, fue aforada por el grupo de Batasuna entre los años 1999 y 2003. Tiene una hija y vive en Pamplona.

Isabel Arboniés Bermejo (IUN). Nació en 1952 en Pamplona aunque creció en Brasil (desde 1961 a 1982). Estudió Magisterio y después Geografía e Historia y ha trabajado en banca, multinacionales y comercio. Fue parlamentaria por IUN desde 1997 hasta 2003 y candidata por la misma sigla al Senado (1995) y al Congreso (2008). Ha participado en diferentes movimientos sociales de defensa de las personas con discapacidad, enfermedad mental y dependencia.

Milagros Rubio Salvatierra (Batzarre). Nació en Tudela en 1952 donde ha sido concejal en el Ayuntamiento durante 36 años, desde 1979 hasta 2015. En el Parlamento de Navarra fue aforada en la legislatura 1999-2003. Ha sido representante sindical y miembro de la Asamblea de Mujeres y Coordinadora Feminista, y portavoz de la Asamblea Antipolígono.