María Carmen Arnedo Díez presidenta de la sala de lo social del tsjn y magistrada más antigua del tsj de navarra

“Nunca me he sentido discriminada, pero la conciliación fue horrorosa”

Enrique C. Cirauqui - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

PAMPLONa - “En mi época, cuando yo accedí en 1984, ya había muchas mujeres en la carrera judicial. No había una mayoría pero se iba equiparando la presencia de mujeres con la de hombres y desde entonces cada vez se ha ido incrementando más. Pero hay que recordar que hasta los años 70 no ingresó la primera mujer en la judicatura y que hasta 1966 teníamos prohibido por ley el acceso”, recuerda Carmen Arnedo Díez, máxima autoridad judicial en Navarra en lo laboral y, ahora mismo, presidenta en funciones de la Sala de lo Social del TSJN, donde competirá por el cargo.

¿Cómo fueron sus inicios?

-Cuando accedí era muy joven y era mujer, por lo que lo más frecuente era que te preguntaran dónde estaba el juez, sobre todo cuando estabas en un pueblo. Eso nos ha pasado a todas. Pero, al margen de eso, yo nunca he notado un trato diferente, no me he sentido nunca discriminada en relación con mis compañeros. Pero lo que sí fue muy complicado fue el tema de la conciliación. Fue horroroso. Yo solo tengo una hija y la adopté en 1989, cuando tenía 20 meses. En aquella época no había ningún tipo de permiso. Estaba destinada en un juzgado de instrucción de Barcelona, fui junto a mi marido a adoptarla un jueves y el lunes tenía que ir a trabajar. Tuvimos tres días para adaptarnos. Era la primera vez que veíamos a la niña, no nos conocíamos, no teníamos familia allí y no había ningún tipo de permiso. Imagínate cómo fueron aquellos días. Ahora ya soy abuela de dos nietos y tratas de conciliar todo lo que se puede, ayudar a tu hija con ello. Hemos avanzado muchísimo en esta materia, en el tema de permisos de padres y madres, bajas en embarazos por riesgos en el parto...

¿Tanto se ha avanzado?

-Queda mucho por mejorar, pero en los últimos años ha habido un avance notable. En la judicatura sigue la mujer estando un tanto discriminada porque todavía es la que más se encarga de las labores domésticas y eso lo tiene que compatibilizar con su trabajo en un juzgado, con una carga de trabajo muy importante y una responsabilidad altísima. Eso puede hacerle tomar decisiones en las que prime su faceta personal o familiar sobre la profesional. Es más fácil que una jueza o magistrada supedite una decisión en aras a que su vida familiar sea más llevadera. Creo que nos frena a la hora de decidir, por ejemplo, irte a un curso. A mí no me ha pasado porque he contado siempre con la colaboración de mi marido. Igual es una cuestión de educación lo que hace que te frene.

Una niña adoptada, años 80, una juez de instrucción en Barcelona, ¿tuvo que ser duro aquello?

-Imagínate. Era un juzgado con dos o tres días de señalamientos a 17 juicios diarios, y con guardias. Tuve la ayuda de mi marido, pero era un estrés horrible. No hacía más que adelgazar. Llegaba a casa y no podía ponerme a pasear a mi hija. Tenía que trabajar por las tardes y en fines de semana y fue muy duro.

Si ocurriera ahora, ¿afrontaría esa conciliación de otro modo?

-Sí, porque como mínimo hubiera tenido cuatro meses de baja, un periodo de adaptación que sería el mínimo exigible, o podría plantearme pedir una excedencia. Entonces había ascendido a magistrada, Barcelona era una ciudad que era todo un mundo... Por suerte luego vine pronto aquí, tenía a la familia más cerca, y la Sala es diferente a un juzgado de instrucción, donde tienes que tomar decisiones inmediatas. En la Sala es mucho más trabajo de despacho, de análisis, de examen.

La presencia de las mujeres es cada vez más numerosa en la carrera.

-Sin duda que el porcentaje se ha incrementado. Pero casi todas las magistradas están en la instancia, en órganos unipersonales. La presencia de la mujer es muy escasa y también lo es en órganos colegiados en Navarra, donde además tardan muchos años en cubrirse las plazas. En la Sala de lo Civil y Penal del TSJN no hay ninguna mujer, en la Sala de lo Social estoy yo, en la Sala de lo Contencioso hay tres mujeres de cinco y en la Audiencia hay cuatro de doce.

Han ido ganando peso, pero no en los órganos más relevantes.

-Si hablamos de órganos todavía superiores y más centralizados, la situación es peor, el porcentaje es pírrico. En el Supremo hay 11 magistradas (67 hombres) y en el Constitucional hay dos (por diez hombres).

¿Por qué cuesta tanto invertir esa pirámide?

-Sí, porque son cargos de libre designación.

Y quien los designa son hombres.

-No lo quiero poner así de crudo, pero así es, es lo que hay. Esos cargos, tanto las presidencias de TSJ, de las Audiencias, magistrados del Supremo y Constitucional, son cargos de libre designación. Cuentan los méritos y la antigüedad, pero luego siempre hay un criterio discrecional que inclina la balanza en uno u otro sentido. Nunca he tenido una experiencia negativa, pero la evidencia está ahí.

La Justicia no se equipara por arriba como lo hace por abajo.

-Está claro que la presencia de la mujer por la justicia de instancia es mayoritaria. Pero ahora los cargos de libre designación están ocupados sobre todo por magistrados hombres. Pero no comparto tampoco la sensación de que la mujer aporte otra sensibilidad, porque no veo que yo sea más sensible que los compañeros que he tenido. A mí no me ha tocado trabajar con magistrados que tuvieran otra mentalidad.

¿Se plantea hacer huelga?

-No me la planteo, ni en el ámbito familiar ni en el profesional. Los jueces no podemos hacer huelga, pero no me lo plantearía aunque lo pudiese ejercer. Me parece muy bien la reivindicación, pero no respaldo esa medida, respaldo otras. En mi caso porque no puedo hacer huelga en mi trabajo y en mi casa no tendría sentido hacerla. Pero creo que es una medida de presión y puede tener una repercusión importante.

“Los altos cargos en la Justicia los ocupan hombres porque son cargos de libre designación. Y los eligen también hombres”

la protagonista

34 años en la carrera judicial. Natural de Calahorra (La Rioja). Está casada, tiene 59 años, una hija y dos nietos. Ingresó en la carrera Judicial en el año 1984 y desde el año 1990 ocupa la plaza de Magistrada en la Sala de lo social del TSJ de Navarra. Antes estuvo destinada en los juzgados de Torrelavega (Cantabria) y Logroño (La Rioja). En enero de 1989 fue promovida a la categoría de magistrada. Ocupó luego el juzgado de Instrucción 27 de Barcelona y el juzgado de lo Penal 11 de la capital catalana hasta septiembre de 1990. Desde noviembre de 2015 como presidenta en funciones de la Sala.