Tres colectivos explican su lucha contra la desigualdad laboral

Nerea Lizaso, Ángela Muñoz, Yolanda Montero e Iria Martínez, integrantes analizan la precariedad de los puestos de trabajo ocupados por mujeres

“Los Gobiernos deberían financiar más actividades de igualdad” “Hay cosas que hemos normalizadoy no debería ser así. Todos necesitamos educación”

Laura Garde Arrula I. Aguinaga Suberviola - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

pamplona - Educación, educación y educación. Para Nerea Lizaso, de Caprabo de Pamplona, Yolanda Montero e Iria Martínez, del colectivo de Residencias de Bizkaia, y Ángela Muñoz, de Las Kellys, es la base para el cambio hacia una sociedad feminista. Las cuatro mujeres participaron ayer en la mesa redonda Mujeres poderosas, mujeres en lucha por ser protagonistas junto a sus compañeras de profesión de movimientos contra conflictos laborales que se han convertido en batallas sociales y feministas.

Las trabajadoras de Capabro llevaron a cabo el año pasado una huelga indefinida para exigir la readmisión de 18 compañeras despedidas por el cierre de cuatro establecimientos: “Hicimos un paro de tres días y después convocamos una huelga indefinida que solo duró once días. Tenemos unos sueldos tan precarios que no podíamos alargarla todo lo que nos hubiese gustado”, explica Nerea. Las 18 trabajadoras llevaban una media de veinte años en la empresa y fueron despedidas “de la peor manera posible”: “Recibieron la indemnización antes de que se les comunicara el despido. Nuestra lucha no fue solo por los puestos de trabajo, sino también por la dignidad de las mujeres”, añade. Nerea asegura que la situación laboral de la mujer sobrepasa la precariedad. Los sueldos cada vez son más bajos y la conciliación está peor: “Parece que las mujeres tenemos que serlo todo: madres, amigas, amantes, tener vida social...”. Ella apuesta por la educación desde pequeños. Sus hijos estudian en el Colegio Público de Sarriguren y desde la APYMA imparten talleres de igualdad gratuitos al mediodía: “Los Gobiernos deberían ponerse las pilas y financiar más actividades de este tipo. Creo que cuando los de arriba vean que los de abajo somos iguales empezarán a cambiar las cosas”.

El colectivo Residencias de Bizkaia inició una huelga el 16 de marzo de 2016 que terminó el 27 de octubre de 2017;370 días visibilizando el problema que conlleva el cuidado de las personas mayores. Alrededor de 5.000 trabajadoras de estos centros están subcontratadas. Tras 19 meses de lucha, sindicatos y patronales firmaron un acuerdo para el convenio colectivo que recogía las principales demandas de las trabajadoras. “Hemos conseguido las 35 horas semanales de trabajo, una subida de sueldo para llegar casi a los 1.200 euros y el descanso de 20 minutos integrado en la jornada laboral. La huelga ha terminado pero la lucha sigue. Queremos un giro en el modelo de gestión de estas empresas”, relatan Yolanda e Iria.

Por su parte, la labor de Las Kellys es dar protagonismo a las camareras de piso porque eran “invisibles”. “Los hoteles se hacen para vender habitaciones limpias, pero este servicio se ha externalizado. Las kellys somos el 30% de las plantillas de los hoteles. Además, es un trabajo feminizado”, expresa Ángela. La asociación autónoma, organizada en grupos de trabajo territoriales, exige, por ejemplo, vincular la categoría de los hoteles a la calidad de trabajo que se genera en los mismos, la no externalización de sus servicios o el reconocimiento de enfermedades profesionales directamente relacionadas con la actividad laboral.

más mujeres feministas Para Lizaso, Muñoz, Montero y Martínez, la situación laboral de la mujer no evoluciona al mismo compás que la sociedad: “Parece que tenemos un chip para determinados trabajos. Muchas veces se nos reservan los más precarios”, apostilló Muñoz.

De la misma manera, secundaron su deseo de ver más mujeres feministas en los altos cargos de las empresas. “Hay ciertos cargos que parece que solo pueden pertenecer a hombres. A las mujeres que están en ellos las devora el sistema. Si quieren seguir ahí, la sociedad las pone contra las cuerdas, entonces tienen que sumarse al patriarcado”, sentenciaron. Por ello, la educación es fundamental, en pequeños y en adultos. “Hay cosas que hemos normalizado, y no deberíamos hacerlo. No solo los niños y niñas deben recibir educación en igualdad. También lo tenemos que hacer entre nosotros”.

Como ejemplo de clara desigualdad, apelaron a la reducción de jornada. “En una pareja, por lo general, es la mujer quien reduce la jornada. El sueldo es más bajo, por lo tanto se va a notar menos su merma. Parede que llevamos el cuidado en el ADN”, manifestaron. “Las mujeres llevamos un lastre que hay que erradicar”.