Sentir el arte contemporáneo

Por Natxo Barberena - Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

recuerdo a uno de mis profesores de la Escuela de Arquitectura, Javier Carvajal (1926-2013), que ante la pregunta de qué es lo que hay que tener para ser un buen arquitecto (artista), respondía que sensibilidad. ¿Y cómo se adquiere la sensibilidad? le preguntó un compañero. Él dio una respuesta que me ha acompañado de por vida: viendo un amanecer, un atardecer, contemplando la naturaleza, oyendo un concierto, viendo una obra de teatro, visitando los monumentos, leyendo poesía, acudiendo a ver exposiciones, conversando con la gente... viviendo y sintiendo lo que nos rodea, en suma. Así se hace una persona sensible y una parte fundamental es la belleza y ésta también se encuentra en el arte.

Resulta habitual entre gran parte del público que acude a una exposición de arte contemporáneo oír un lacónico “no entiendo nada” e irse de la sala tal y como había venido, sin aportarles nada lo que allí se les ofrecía. Esta gente se está perdiendo una de las expresiones más avanzadas e innovadoras del tiempo que le está tocando vivir. Alguien todavía dirá, con un tono escéptico y derrotado, que todo está inventado y que nada se aporta ya. Sin embargo, hay que partir del hecho de que todo buen creador/a se niega a admitir que se ha concluido en el arte y con su obra siempre intenta aportar algo. Claro está que vivimos tiempos complejos, nuestras costumbres y pensamientos tienen ya influencias globales. Todo está interconectado y empezamos a ser fruto de multitud de experiencias vividas o que han vivido otras personas y nos han compartido. Porque todo se comparte al instante y eso hace que las formas de expresión cambien, evolucionen. Desde este punto de partida, el artista investiga constantemente, busca alternativas, es por eso que la obra contemporánea va a tener múltiples lecturas. El artista, además, juega con los sentimientos, las emociones, las técnicas, los materiales, las imágenes, las ideas... todo se entremezcla, por lo que pretender que tiene una simple lectura es perderse todo ese mundo de matices que el artista nos abre y nos ofrece.

Cuando alguien se acerca al arte, cuando siente el arte, pone en marcha básicamente tres conceptos: la curiosidad, la sensibilidad y la actitud crítica receptiva. Desde estas premisas les propongo una manera de mirar el arte, prueben a hacer esto ante una exposición. Entren en la sala de manera inmaculada, es decir, vean y aprecien las obras sin más, curioseen;sientan que les sugiere, perciban su composición, su color, su armonía o su disonancia... algo les dice o no esa obra. Esa primera percepción virginal es impresionante, te remueve el interior bien para aceptarla o bien para rechazarla. No se queden ahí, busquen al autor/a y pídanle que les explique lo que ha querido contar con su obra, compartan su sensibilidad. Entonces el/la artista les hablará, y si no lo hace pregúntenle, de sus referencias, de lo que le ha influido, de su proceso creativo, de la idea que se infiere en toda la exposición, de por qué la obra está montada así, del contexto que le influye, de la técnica que ha utilizado, de cómo se debe observar la obra, la distancia adecuada, etcétera. De repente lo que antes eran meras sensaciones, con el conocimiento de la obra, ésta toma otra dimensión, otro sentido. Podemos estar o no de acuerdo con lo oído, coincidir en algunas cosas, pero no cabe duda de que la mirada del artista nos ha cambiado nuestra manera de observarla.

Aprovechen el momento y no se vayan. Dejen al artista y vuelvan a recorrer la sala solos. Si han sido receptivos, confronten las sensaciones de la primera mirada con lo escuchado en la segunda y verán cómo la obra ha cambiado ante nuestra nueva mirada. Si ya tienen la suerte de estar ante una creación que la suma de las dos miradas ha consolidado para ustedes la obra, están ante la magia de la creación y ese momento es sublime. ¡Disfrútenlo!

“Saber sentir el arte, lo mismo que saber sentir el mundo que nos rodea, implica un ejercicio de humanidad, nos distancia de la brutalidad y de la indiferencia” (Anni Albers).

Sentir la vida nos prepara para sentir el arte y el arte es la máxima expresión de la vida humanizada.