HELP-NA, al rescate de los refugiados

La asociación de bomberos voluntarios, que trabaja ahora en Serbia, pide móviles para conectar a jóvenes que tratan de alcanzar la UE con sus familias

Laura Garde | Unai Beroiz - Martes, 13 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

pamplona - Intentar mejorar la vida de personas que solo quieren escapar de la muerte y tener una vida segura es el propósito de Jokin Esparza y Diego Mariezkurrena, bomberos voluntarios de HELP-NA. Ahora trabajan sobre el terreno en Sid, ubicado en la frontera serbocroata. Mientras, desde aquí se centran en la campaña de recogida de móviles para repartir allá entre los jóvenes y menores refugiados que viajan solos. Sin ellos, no pueden contactar con sus familias.

Aún sin constituirse como asociación, en abril de 2016 tres de sus compañeros de profesión aterrizaron en el campo de refugiados de Idomeni (Grecia), y cuando conocieron la situación no dudaron en aportar su grano de arena: “Lo único que encontraron fueron familias agolpadas en la alambrada mientras soportaban la lluvia y el frío”, relatan. Sabían que con dinero podían cubrir ciertas necesidades, hicieron un llamamiento y en dos semanas recaudaron alrededor de 10.000 euros. Este fue su pistoletazo de salida.

El campamento de Idomeni y otros cercanos a las fronteras fueron cerrados en septiembre de ese mismo año. Hasta entonces, colaboraron con EREC (Equipo de Rescate en Emergencias Catalunya): “Ellos contaban con subvenciones y tenían infraestructuras mayores. Después de esto, dejamos la actividad un poco de lado, hasta febrero del año pasado”. Ya como HELP-NA pusieron rumbo a Serbia con sus propios proyectos. Trabajando con un sistema de relevos, ya han pasado por el país entre 40 y 50 voluntarios.

“En mayo tiraron los grandes barracones de la antigua estación de Belgrado. Mientras les ayudamos a fabricar estufas y les abastecíamos de leña. Quemaban maderas tratadas con productos químicos muy tóxicos. Además, remodelamos las cocinas e hicimos otras pequeñas obras”, explican Jokin y Diego. Tras el desmantelamiento, se desplazaron a las fronteras de Serbia con Croacia y Hungría para prestar ayuda humanitaria a los refugiados que la Unión Europa rechaza: “Ya no quieren ir a los campamentos oficiales. No tienen la oportunidad de conseguir papeles y no ven futuro allá. Saben que en cuento crucen la frontera van a deportarlos. Están fichados”, añaden. Además de seguir con sus labores de bricolaje, cooperan con colectivos como No Name Kitchen que reparte alimentos. Desde que HELP-NA, sin ánimo de lucro, dio sus primeros pasos, las necesidades han cambiado. Muchos son jóvenes y menores de Afganistán y Pakistán que viajan solos, lo que les llamó mucho la atención. Cuando pasan la frontera, les requisan sus pertenencias;y el mejor regalo para ellos es un móvil. “En el momento en el que salen de sus casas dejan de tener contacto con sus familias”, describen. Por ello, han puesto en marcha una campaña de recogida de móviles durante este mes en Katakrak (Pamplona), Intza (Elizondo), la Katxoperia (Villava) y el bar Tudelilla (Mendillorri). “Los viajes nos lo pagamos nosotros y todo lo que recaudamos en las campañas, los conciertos solidarios (organizados junto a Maydayterraneo), la venta de calendarios o las charlas de sensibilización, entre otras cosas, va directo allá”. En Serbia, según ACNUR, hay 8.000 refugiados, otros 63.000 en Grecia y este invierno siguen llegando desde Bulgaria a Serbia más refugiados procedentes de Irán y Bangladesh.

Los interesados en colaborar pueden contactar a través de los teléfonos 670 352 518 y 618 244 599 o del correo ongbomberosdenavarra@gmail.com.

Jokin viajó una vez a Grecia y dos a Serbia;Diego estuvo una en Grecia. Aseguran que cuando vuelven de su aventura lo hacen “enfadados”: “Con el trato que se les da parecen criminales, y no están haciendo nada malo. Están huyendo de la guerra. No son considerados como personas, parecen solo un número”, recalcan. Ambos tienen claro que no todo está en sus manos pero mientras puedan seguirán poniendo su “pequeño parche”. De hecho, no descartan extender su labor humanitaria a otras fronteras, como la de Francia con Italia o la de Melilla.