Mar de fondo

Indiferencia

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 14 de Abril de 2018 - Actualizado a las 09:50h.

me da que no soy el único al que, pensando en Cataluña, se lo han preguntado varias veces: “Y ahí arriba ¿por qué no pasa nada?” Algunos lo sueltan como quien, tras pedir opinión sobre el fuagrás, y antes de que abras la boca, te endilga una charla sobre gansos. Quieren que te mojes y por eso te escupen. A otros en cambio les pica una sincera curiosidad sobre tanta quietud reivindicativa donde anteayer se cumplía el augurio de Karadzic: “Cualquiera que olvide su patria se puede dar por derrotado, porque la patria hallará el modo de que nos acordemos de ella”. Fuera cual fuera esa patria.

Mi respuesta suele defraudar a los españolistas, que confunden calma con sumisión. Pues a mi juicio el vecindario al que se refieren no se ha hecho aquí de pronto rojigualdo, sino que ha pasado de exigir una independencia administrativa a practicar una sentimental. Jamás he visto tanta lejanía, apatía, desapego y desmotivación con respecto al Madrid político como ahora. Es un bostezo más dañino que el odio, pues se alimenta de la observación cotidiana, no de la bilis identitaria. Así que dormimos bajo el mismo techo, pero en camas separadas. No se quema la bandera porque sirve para limpiar cristales.

España ya no es el enemigo, y por supuesto se agradece la rebaja bélica. Pero en su lugar ha crecido la imagen de una república bananera con resabios imperiales, un país donde, gobierne quien gobierne, lo sensato es implicarse como un turista, en fin, un Estado que no parece tener remedio. Es muy extraño este matrimonio de conveniencia donde uno presume de amor y el otro hace la quiniela. Resulta muy poco unido en lo universal, y en lo afectivo ni te cuento.