Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Una lección ciudadana de dignidad

La masiva manifestación en favor de un juicio justo y proporcionado en el caso Altsasu se explica por una convocatoria que tocaba temas básicos en democracia y la reacción social a un atropello judicial, político y mediático desde Madrid

Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Cifras arriba o abajo la respuesta social a la convocatoria impulsada desde las familias de los jóvenes imputados por el incidente de Altsasu con miembros de la Guardia Civil de paisano fue ayer espectacular. Las calles de Iruña se llenaron de miles de personas de muchas tendencias y sectores sociopolíticos detrás de una pancarta que tuvo el acierto de dar con un enfoque inclusivo poniendo el acento en un mensaje claro (Justicia. No es terrorismo) y tocando un tema de fondo que amplió notablemente la base social de la convocatoria como es la demanda de una separación de poderes que, como han advertido desde voces europeas, en este Estado asolado por la corrupción empieza a ser preocupante al margen de la latitud (Catalunya, Navarra, Madrid, Murcia...) o la temática (referéndum, libertad de expresión o manifestación...). La judicialización de la política y la politización de la judicatura nunca es una buena receta en democracia. Porque la gran mayoría de las miles y miles de personas que salieron ayer a la calle en Pamplona no ponen en duda que los hechos sucedidos hace casi ya dos años en un bar de Altsasu deban ser juzgados para determinar las responsabilidades que correspondan. Lo que se rechaza es que se les acuse de un delito de terrorismo y que se les juzgue fuera de Navarra y de el ámbito judicial ordinario. Pero no es solo esto lo que está en juego, sino también el hecho de que en un Estado con estándares democráticos dudosos y excepcionalidades legales y judiciales anacrónicas, estos jóvenes se enfrenten a penas totalmente desproporcionadas, calificaciones penales insólitas (algo que también está sucediendo en Catalunya y en otros casos) y a una criminalización mediática en ámbitos centrales sin precedentes. Una sombra que además se ha extendido a todo un pueblo, Altsasu, y a toda una comunidad -Navarra- que ayer, al menos en una parte importante de su ciudadanía, salió a la calle a decirlo. La dinámica de defender a unas posibles víctimas (los supuestamente agredidos, con sus partes de lesiones) creando otras víctimas (los presuntos agresores, objeto de un atropello judicial y penitenciario) es una dinámica del pasado. Precisamente ahí -y también en su tono- ha estado el acierto de las familias y del entorno que ha impulsado un movimiento de solidaridad y de dignidad que ha roto fronteras sociales, políticas y territoriales. Bastantes medios y partidos de Madrid (y sus franquicias forales) no han hecho todavía este ejercicio de cambio de ciclo y de mirar al futuro. Ayer vieron estupefactos esta demostración en la que no les salían las cuentas. La Justicia pondrá el listón del nivel de la democracia en este Estado. Un juicio difícil. Para todo y todos.