RECORRIDO POR EL PATRIMONIO DE NAVARRA

El Villar Roma en Ablitas

La villa y la calzada romana de Ablitas nos hablan de la importancia del enclave y las rutas por la Ribera durante los cinco primeros siglos de nuestra era Un reportaje y
Fotografía Manuel Mª Sagüés Lacasa.

Domingo, 10 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

los esfuerzos que el Consorcio Eder (Grupo de Acción Local de la Ribera), el propio ayuntamiento y el trabajo científico de los arqueólogos Juanjo Bienes Calvo y Óscar Sola Torres y su grupo de voluntarios, que acumulan desde 2010, están logrando recuperar y poner en valor la villa romana conocida como El Villar.

Las seis campañas afrontadas en los últimos años, como ya ocurriera en Pamplona y otros lugares, han elevado en mucho la categoría y tamaño de la presencia romana entre los siglos I y V en Ablitas.

En la quinta campaña, a las catas ya practicadas, se le añadieron veinte sondeos más que ayudaron a que un estudio de georradar, una técnica avanzada puesta al servicio de los investigadores, delimitase en plano las construcciones centrales y estancias principales de la villa.

Los sondeos y cuidadosas excavaciones encontraron, enseguida, a un metro tan solo de profundidad, distintos habitáculos. Como tesoros patrimoniales hallaron un mosaico y una figura de bronce que representa a Cupido. Se trata de un mosaico con formas geométricas y policromado. Luce una serie de círculos con forma de rosas de cuatro pétalos en una superficie de 20 m2. Este mosaico todavía dota de mayor importancia a la villa en el aspecto de su posición social y económica. La estatuilla de Cupido, muy valiosa porque solo hay cuatro ejemplares en la España, tiene un porte de 13 centímetros y está datada en el siglo IV. Cupido representa a una deidad de los romanos que sustituida a la Eros griega

No se descarta que en próximas actuaciones aparezcan más mosaicos y otras construcciones y objetos. Este valor y el resultado de los sondeos en esta parcela de cuatro hectáreas de propiedad municipal hacen calcular que el entramado de la villa (vivienda de la familia propietaria, estancia de trabajadores, animales, utilización de recursos...) pudiera alcanzar los 6.000 m2 y elevar el lugar al nivel del de las Musas de Arellano, Liédena o el Ramalete de Tudela.

las monedas de Ablitas Contaba el pasado viernes por la tarde Francisco Santos Escribano, ablitense de cuna y devoción, sobresaliente profesor de historia en un instituto de Tudela, barroco hasta la médula y generoso guía, que la primera noticia de la existencia de un valioso asentamiento rural en Ablitas vino del hallazgo de un pastor. Encontró hace unos 80 años un recipiente con más de cien monedas de la época. Ya bajo la custodia de la Diputación Foral se Navarra, en 1945 fueron catalogadas en 104 piezas casi todas romanas, no todas enteras, de Bílbilis, Celse, Cesaraugusta, Calagurris, Turiaso y Osca. Una minoría eran ibéricas. Entre las romanas hubo (están en el Museo de Navarra) republicanas e imperiales, de Augusto la mayoría (27 a. J. C-14 J. C).

Una villa de GRAN categoría El Villar, cuyo nombre viene de villa, era un finca agrícola situada en el medio rural y dedicada a la explotación de distintos recursos. Su ubicación a escasos 500 metros de la importante vía que comunicaba Tarraco con Asturica Augusta (Astorga). En concreto, en el tramo que unía a Belsione (Mallén) con Cascantum (Cascante).

Por lo ya trabajado en El Villar, los profesionales hablan de dos fases de su vida. La primera del siglo I d. C. a finales del II. Y la segunda, desde el s. III hasta el V. Como es lógico, los primeros hallazgos son de la segunda fase. Si se profundiza, aparecerán materiales y actuaciones de la primera. Santos Escribano insiste en que la crisis del s. II llevó a los propietarios de las villas a dejar los centros urbanos y asentarse, remodelando las estancias, en el campo.

En la parte norte de El Villar se situaba el Dominus y sus dependencias, en las cuales se aprecia un hipocausto decorativo.

Desde el curso de arqueología que en 2010 pusieron en marcha el ayuntamiento y el gobierno hasta hoy, los hallazgos cada vez hacen superar las expectativas. Destaca por ahora la parte urbana o núcleo central de la villa con el comedor, estancias, despensa y un complejo sistema de calefacción por debajo del suelo. Luego, han ido apareciendo otros espacios y usos, como un silo y un fogón.

Más adelante se podría dar luz a la parte rústica (zona de trabajadores, animales y aperos). Y una tercera zona fructuaria, en donde se almacenaba, elaboraba y conservaba el aceite, la uva y vino, y los cereales.

Todo ello, sin olvidarnos de las conocidas como Monedas de Ablitas, demuestra una vez más la unidad económica de las tierras del Ebro en los primeros siglos de nuestra era. Y lo mismo podemos decir de la calzada romana de excelente estado y grueso tallaje.

ESENCIA, VITALIDAD Y FRONTERAS La coexistencia de usos íberos y romanos también dice mucho de la vitalidad de la Ribera de Navarra. Lugar de mucho más que de paso en el que se fueron dibujando escenarios, líneas, cotos, movimientos de fronteras... En el Medievo y hasta el siglo XVI los reyes del estado de Navarra administraron, defendieron y agradecieron la fidelidad de estas tierras sureñas. Entonces seguían influyendo en el ser y en el estar el lejano pasado de las ciudades, villas y vías de comunicación. Y, en Ablitas, todo lo que está aún por descubrir.

Seguro que ahora, aunque no lo sepan muchos, siguen pesando en la esencia de Ablitas, de la Ribera y de Navarra, esa vida de nuestros antepasados que dejaron un bellísima herencia para que nos conozcamos conociéndoles. Dotes en forma de mosaicos, estatuillas amorosas y verdaderas obras de ingeniería. En un modo de democratizar la arqueología y el arte: la cultura es para eso, para ser más cultos, que es lo mismo que conocerse y ser mejores.

Desde aquí se anima a al ayuntamiento, Eder, Gobierno de Navarra e iniciativas privadas a seguir trabajando por rescatar este tan valioso como enorme tesoro patrimonial.

Incluso se podría impulsar el turismo de una Ablitas como riquísimo lugar de cultura, historia y biodiversidad. Ruta que podría ser así: Cabezo de la Mesa, imponente testigo geomorfológico, celtibérico y de arbitrios, calzada y El Villar, necrópolis visigoda y para terminar, el castillo medieval, uno de los pocos que no fue reducido en polvo por Cisneros. Historia que bien puede contar Francisco Santos Escribano.