A la sombra del imperio

Por Julio Grela Munilla - Lunes, 9 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Llegan noticias muy preocupantes de Nicaragua, las imágenes que las acompañan nos recuerdan a la Venezuela del año pasado. Todo empezó hace dos meses cuando el Gobierno aprobó el 16 de abril la reforma de la Seguridad Social con el fin de evitar la privatización del servicio, mejorar la atención médica y garantizar el funcionamiento de la misma. Si bien estas reformas suponían recortes en las pensiones, no se deben olvidar los avances obtenidos en los últimos años: desde 2006 a 2016 la pensión mínima pasó de C$ 1.212 a C$ 4.680 (una subida cercana al 400%). Estas mejoras, junto con otras en el ámbito sanitario, estaban encareciendo de tal forma la Seguridad Social que podrían poner en peligro la viabilidad del sistema. Estas y ninguna otra habían sido las razones de la anunciada reforma. Más tarde en los encuentros con quienes se oponían a las reformas se llegó a un acuerdo, sin embargo, no se respetaron por parte de la oposición y las algaradas han ido en aumento. Lo que demuestra que eran simples excusas y no las verdaderas razones para crear el caos actual.

Cada vez que hay elecciones en cualquier país la consigna de los autollamados demócratas es que los resultados de las urnas se han de respetar nos gusten o no. Para EEUU, ésta es la esencia de la democracia, siempre que los resultados coincidan con sus intereses, si no es así antes o después, ellos se encargarán de dar la vuelta a la realidad. En el año 2016 en Nicaragua los sandinistas, encabezados por Daniel Ortega, ganaron las elecciones con el 72% de los votos. Con este resultado nadie podía poner en duda la victoria de Ortega y en un primer momento lo dejaron pasar. Cizañando lograron ver, en la reforma de la Seguridad Social, una pequeña grieta por donde crear disidencias. No es nada nuevo esta táctica del imperio USA, desde el siglo XIX pasan de cien las intervenciones directas o indirectas, en lo que ellos llaman su patio trasero, Suramérica. En este momento pasan de dos cientos los muertos, por supuesto, los norteamericanos no se han dejado ver, para eso tienen el suficiente dinero que les permite comprar voluntades y prometer posteriores prebendas a quienes logren derrocar a los sandinistas. Vemos en las imágenes a las víctimas de la Policía encapuchados disparando morteros caseros y a la vez escuchamos la voz de los corresponsales acusando al gobierno de brutales represiones y culpando únicamente a la Policía de estas muertes. El colmo de la manipulación fue la quema de una pequeña industria de colchones, el día 16-6 en Managua, donde murieron siete personas. Para desmentir la mentira, los bomberos de la ciudad se vieron en la necesidad de sacar un comunicado, firmado por el responsable director general, Ramón Landero.

Si para conseguir sus objetivos, los norteamericanos necesitan de alborotadores callejeros, dispuestos a quemar familias enteras, también les es necesario ir preparando a quienes han de ocupar los puestos vacantes. De momento, han asomado la patita gente conocida, y que ya fracasaron hace dos años, antiguos sandinistas como Sergio Ramírez y Gioconda Belli, a los que no les tiembla la voz a la hora de llamar tirano a Ortega. Claro, que ya se sabe, los conversos son sospechosos y peligrosos porque siempre se extralimitan en sus nuevas convicciones.