La carrera desde dentro

Diez segundos de emoción e intensidad

Por Jon Aristu - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

La adrenalina que sueltas en la carrera y el gustazo que se te queda después de correr un buen encierro conlleva una espera taquicárdica. Esos nervios acumulados antes del encierro duran hasta que suena el cohete que da inicio a la carrera. Antes de ese momento tu cuerpo quiere salir, pero tu mente le hace permanecer, aun sin saber muy bien por qué. Eso sí, en el momento que las reses pisan el asfalto de la cuesta de Santo Domingo, es como si no hubieras estado nervioso nunca, ya no hay escapatoria, solo queda correr. Ya le has cantado al santo, ya le has deseado suerte al compañero o compañera con la que llevas media hora compartiendo una experiencia aterradora. No queda otra que tratar de disfrutar mientras huyes de los astados.

En el encierro de ayer, todo esto se volvió a dar, pero más rápido de lo habitual. El encierro es explosivo y mucho más cuando en un tramo como el del Ayuntamiento, donde las carreras son velocísimas, la manada marca un ritmo altísimo, como lo hicieron los toros de Fuente Ymbro. El abanico humano que se va abriendo delante de la manada en la cuesta de Santo Domingo avanzaba a un ritmo vertiginoso. Mientras saltas, tratas de ver cuándo llegan los animales para iniciar la carrera, pero no siempre es fácil ver cómo vienen y diferenciarlos de la marabunta de corredores. Es importante saber si es un toro o un manso quien encabeza al grupo y, si no has sido capaz de verlo con tus propios ojos, siempre hay alguien que te informa con un grito. Aun así, impresiona ver llegar a la manada. Vas mirando hacia atrás y hacia adelante, continuamente, para controlar lo que viene por tu espalda y lo que está por llegar delante de ti. Ves muchas personas, que se van retirando, te golpean, braceas para mantener el equilibrio, en un continuo tira y afloja;y cuando te giras y, en vez de ver a otros corredores, ves a la cabeza de la manada, tras superar la primera impresión, disfrutas de la carrera.

Ayer fue un día especial, ya que debutó una corredora muy cercana y a la vivencia del encierro se le sumó la compañía de una persona con la que convives el resto del año. No sabría decir si los nervios eran más que otros días, pero puedo asegurar que eran diferentes. La carrera era lo de menos, la experiencia era lo que contaba. Aun así, logró ponerse delante de la manada en solitario y disfrutó como si llevara muchas carreras a sus espaldas.

Más de media hora de espera se resume en diez segundos de velocidad y este breve tiempo termina fundiéndose en un abrazo que recoge toda la emoción y la adrenalina acumulada durante la carrera. Ese abrazo pone punto final al encierro y da inicio al siguiente.