Sucederá tal día como hoy: 11 de julio de 2098

Por Txus Iribarren - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Comer y beber. Muchas cosas habrán cambiado casi 100 años adelante pero no dos de las funciones básicas de los androides plamplonautas en fiestas. Las mochilas camel repartidas por el Consistorio habían dado por superada la vieja polémica entre los vasos de plástico y de cristal: se ganaba en autonomía y se evitaban muchos residuos. Lejos quedan las aventuras de Armandietor Cuencus, que, visto con perspectiva, se supo que en realidad llegó a la segunda década del siglo XXI enviado también desde el futuro para sustituir coches por bicis durante el año y tratar de convencer a la población bebiente y a la hostelería de extender los vasos reciclables en lugar del PTV (Plástico de Toda la Vida) en San Fermín… ¿Un incomprendido? ¿Un adelantado a su época? ¿Un extraterrestre? No tuvo mucho éxito y fue fulminado por un rayo láser consistorial, pero lo cierto es que cambió la agenda de la ciudad en algunos temas y dejó un par de ediciones de arcaicos vasos: uno con el icono de un kiliki y otro verde, vasijas que muchos años más tarde fueron encontrados por los arqueólogos en sendos yacimientos de Jarauta y Navarrería, donde dicen que vivieron los vascones, una etnia desaparecida de la historiografía oficial durante el siglo anterior, el XX, por la arqueología del Antiguo Régimen. El debate sobre los vasos y los manteros mágicos aterrizados en la rampa de Carlos III sigue aún abierta, pero el problema del olor a orín en las calles sí que se había solucionado en 2098 con el reparto en el kit sanferminero básico. Junto al haz de luz en forma de faja y el triángulo rojo 3 D, se distribuía en cada domicilio y en los controles de la Policía Aéroforal ubicados en la órbita de la Cuenca una la sonda urinaria obligatoria, con un clip de sujeción al pantalón. Para completar el sistema, la Mancomunidad de la Constelación de Iruñerria había previsto unos camiones cisterna para sus vaciados en las inmediaciones del anillo del Casco Viejo. Dejando a un lado la discusión abierta sobre el continente y reconociendo los avances técnicos para solucionar los desechos resultantes, el contenido ingerible no había cambiado mucho. Seguía persistiendo el vino peleón del sistema planetario riberus, a donde había llegado por fin el agua trasvasada desde el mar de Marte mediante el Canal de Intergaláctico de Navarra, cuya 7º fase estaba en proceso de participación pública, por cierto. El gintonic se había impuesto finalmente a todos los combinados tras la “unificación” mientras que en las bebidas de menor graduación, la cerveza seguía teniendo sus adeptos. Lo mejor era la generalización de los pedidos telemáticos: bastaba que tu cabeza pensara qué beber para que por ondas hertzianas el deseo llegará al cerebro del camarero que la dispensaba de inmediato. Incluso el microchip insertado en todas las cabezas (lo repartía Eroski con una promoción de puntos en el mes de junio) tenía una opción que en la que Siri, el ayudante de I Pad, te sugería diferentes opciones cuando detectaba en el circuito neuronal el síndrome “ya no sé ni qué beber” o, por el contrario, bajaba la graduación del pote (activaba la modalidad mosto) en el caso de superar el índice razonable de etilometría. Había también un botón antipánico que se activaba al escuchar eso de “¿Qué? ¿Echamos la espuela?”. Y es que el problema era que la autoridad interestelar había extendido los controles antidoping por sorpresa y los temidos vampiros podían sorprenderle a uno en cualquier calle y echarle fuera del perímetro de Iruña en caso de sobrepasar los 2 gramos por litros de sangre. Fue una medida que se estableció después de la gran migración de visitantes el 14 de julio del planeta vecino (Gabachilandia) ya que las obras del túnel de Belate, 70 años después de su inicio, no se habían acabado y había que circular con los sidecares neumáticos por el antiguo puerto donde se acumulaban restos de vehículos diferentes que inspiraron Mad Max 18. Pero hay que reconocer que los avances de la ciencia habían sido espectaculares. Así era posible comer ajoarriero ionizado mientras que los huevos con jamón se descargaban en el móvil mediante una aplicación o se vendían en un comprimido. Eso sí, lo que no se había descubierto aún, tampoco rozando el siglo XXII, era la pastilla contra la resaca…