Comentario

Ya llevamos cuatro

Por Patxi Barragán - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

En la noche/madrugada del seis al siete de julio me comí en un puesto ambulante de la calle San Agustín un bocadillo de no-sé-que-lleva-dentro-este-trozo-de-pan-gomoso;aproveché también para ingerir licores espirituosos de dudosa procedencia y creo que fue entonces cuando mi integridad física tuvo mayor sensación de peligro.

Digo esto porque el cuarto encierro de SF2018 fue muy similar a los tres anteriores: torada a toda velocidad, bastante bien arropados por los mansos y pastores que les azuzan para que corran como alma que lleva el diablo. Escasos derrotes y toros de nobleza absoluta que no responden a ningún estímulo ajeno. Sensaciones de peligro, las justas. La cosa es correr lo más deprisa y hermanado posible.

A este paso encontrar un encierro que llegue a los tres minutos o ver a chavales tirando a punta de periódico desde mitad de la Estafeta de algún astado que se haya quedado suelto van a ser batallitas de las que cuentan los abuelos y sólo vemos en aquellas fotos en blanco y negro que son historia viva del encierro pamplonés y que firmaban entre otros Juanito Gómez, Javier Retegui o Calleja, el padre de mis amigos los gemelos Carlos y Pachi. Otra opción es convertirse en candidatos a protagonizar un especial en Ochéntame otra vez, el espacio de RTVE que consiste en una retrospectiva de la historia de España en la década de los ochenta mediante documentales monográficos sobre la música, el arte y el folclore.

Y es que los de Fuente Ymbro prácticamente volaron por el adoquinado pamplonés. En dos minutos y quince segundos ya se habían trasladado de domicilio y dejaban Santo Domingo para descansar en la monumental hasta la hora de la corrida. Vamos, un visto y no visto. Hay gente que aguanta la respiración mucho más tiempo que el que tardan los toros en recorrer esos ochocientos y pico metros.

Cada vez más, los ganaderos eligen sus toros para Pamplona con tiempo y se dedican todo el invierno a entrenarlos. Con teclear en YouTube el nombre de esta ganadería salen un montón de vídeos con las labores de campo entre las que se incluye obligarles a hacer ejercicio por correderas preparadas especialmente para que luego no desentonen en el encierro. De hecho, quienes vieron ayer el encierro en la tele pudieron recabar muchos más datos al respecto en la entrevista que se hizo minutos antes de la carrera al veterinario de este hierro y en la que llegó a explicar que hacen carreras de más de mil metros en su dehesa de tierras gaditanas. Y eso lo explica todo.

Ni tan siquiera la caída de Hechizo, un cuatreño de 575 kilos, recién pasada la bajada de Javier o el susto que ese torico de color melocotón que respondía por Libertador dio bajando al callejón les hicieron perder comba. Entraron a escasos metros de sus cuatro hermanos a un galope suave sin hacer ningún tipo de aspaviento malencarado.

Como resumen, parte médico similar al de las jornadas anteriores: pisotones, luxaciones, lipotimias, esguinces, soponcios, algún patatús leve, teleles y jamacucos muchos de los cuales terminan -como dicen mis amigos de la clase médica- en aquello de “estabilizar y derivar” y ya está. Muy de agradecer porque me gusta que los medios de información hablen de nuestra carrera, pero no de los episodios sangrientos que en ella suelen acontecer.

Por cierto, busco local que serigrafíe camisetas para hacerme una de esas que pone Yo y el dibujo de un corazón rojo para añadirle “la tirolina de la uno”. Cada día me gustan más las imágenes. Sean de Santo Domingo o de la Estafeta.