Música

Las estaciones a ritmo de txistu

Por Teobaldos - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

59 alarde de txistularis

Director musical: Aitor Urquiza. Dirección escénica: Oier Zúñiga. Programa: obras de Iñigo Casalí, Joaquín A. Lecumberri, Jesús Mari Beltza, Aitor Urquiza, Jokin Zabalza, y Urtzi Iraizoz Remiro. Programación: Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Plaza de San José de Pamplona. Fecha: 9 de julio de 2018. Público: lleno (gratis).

Aunque la plaza de San José, ennoblecida por el gótico y abovedada por árboles frondosos, acota bien el espacio y la dota de teatralidad, no deja de ser un espacio abierto, no del todo apropiado para algunas de las composiciones de escucha más concentrada. Ocurre con las obras que conllevan matices muy concretos y delicados;por ejemplo Azaroa, de J.M. Beltza, donde el simple soplido imita viento helado;o Martxoa, de Zabalza, con su introducción de sonidos de pájaros, que encaja en el arbolado muy bien, pero pasa un poco desapercibida. Otro problema es la complejísima amplificación del conjunto, donde salen ganando los instrumentos solistas en detrimento del sonido de txistus y silbotes como familia orquestal base, que, sin embargo, cuando consiguen sobresalir, empastados, tienen un sonido muy original y hermoso. En fin, son las servidumbres del orgánico dispar y, también complejo, que exigen las partituras, y que dirigió, con indudable valentía y dominio el jovencísimo Aitor Urquiza. Abre el concierto Iñigo Casalí -otoño e invierno- con un tema muy poderoso y cantable, alegre y pegadizo que se repite y adorna y remite a un ambiente festivo, con el oboe, en un nítido y magnífico solo. En Abendua, Casalí acierta al armonizar la melodía del Oi Bethleem en un ambiente melancólico y de mirar por la ventana cuando nieva. Joaquín Lecumberri asienta su Urria en más solemnidad;y en Otsaila propone un espléndido solo de txirula que llena con su sonido punzante toda la plaza;junto a los solos, hay un tratamiento muy orquestal del conjunto. El Azaroa de Beltza es más meditativo, casi espiritual, algo melancólico, con los detalles indicados antes. Su Uztaila es recibida con entusiasmo por el público que la palmea;y es que su ritmo entre la espatadantza y el matiz celta, engancha. Sin duda, en este ambiente, salen ganando todas las obras que apuestan por lo más danzable, y lo que se preste al tempo de marcha. Aitor Urquiza, en su Urtarrila, hace una introducción de difícil conjunción con el polivalente orgánico, surge nítida la acordeón, y la cosa se ordena en el allegro, donde los txistus toman el protagonismo. Jokin Zabalza describe, con su Martxoa el despertar de la naturaleza, el final, es de horizontes lejanos;justo a donde se va con los ritmos un tanto jazzísticos y hollywoodienses en Maiatza. Apirila de Iraizoz Remiro, es una obra de plenitud, sinfónica;y en su Abuztua nos da la oportunidad de escuchar lo que fue una de las cumbres de la matinée, el maravilloso solo de txistu del concertino, con un sonido de esos que justifican el instrumento: límpido, con unos matices piano en los agudos perfilados hasta el extremos, y una homogeneidad de fraseo en toda la escala, admirable;fue muy aplaudido.

Más discutible me pareció la parte teatral: un tanto ingenua y sin grandes aportaciones, ni textuales ni cómicas, a lo ya sabido de cambio climático, etc. Todo queda dicho en el gran esfuerzo compositivo, y de interpretación, de exaltación de la naturaleza.