Entre la peña y la familia

Ruth González Plumed preside la peña Oberena, una de las cuatro dirigidas por mujeres. Trabaja durante meses para que disfruten 268 peñistas y tiene tiempo para enseñar la fiesta a su hija Nahia

P. Gorría | Unai Beroiz - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

h ubo un tiempo, lejano o no, según se mire, en el que las mujeres no formaban parte de las peñas sanfermineras, o lo hacían de forma muy tangencial. Algunas chicas, hermanas o novias de los peñistas, podían ser madrinas. Se las llevaba en coches descapotables a la plaza de toros y a algunas hasta les dejaban entrar a las corridas. Así fue hasta los años setenta, cuando muchas mujeres se plantaron. Querían tener su espacio en la fiesta a todos los efectos, y lo consiguieron. Hace dos años recordaron aquellos tiempos con motivo de la entrega del premio Festa del Bronce a las peñistas pioneras. Maribel Olazarán, Bakartxo Legal, Maite Urrestarazu y tantas otras que rompieron aquel techo de cristal, uno de los primeros que cayó en Pamplona. Al contrario que otras fiestas cercanas, los Sanfermines incorporaron a la mujer con relativa naturalidad hace décadas, aunque alguna peña tardana no las dejó entrar hasta 1992. No daremos nombres.

Nada de eso recuerda Ruth González Plumed, de profesión peón de jardinería y de vocación sanferminera y peñista. Es la presidenta de Oberena y es una de las cuatro mujeres que estos Sanfermines presiden peñas, con La Única, Rotxapea y Bullicio. “Yo no conocí eso de las mujeres lavando la ropa en casa, eso le tocó a mi madre”, reflexiona. Y para demostrar que la igualdad ha llegado a las fiestas, plantea cómo se hacen los trabajos domésticos sanfermineros en su casa: “El último que llega pone la lavadora y el primero que se levanta tiende la ropa”. Parece una buena solución.

Tiene 42 años y aunque es pamplonesa del barrio de Azpilagaña, Ruth González vive en Badostáin. Como tantas otras mujeres y hombres se acercó a su peña desde muy pequeña. “Era de la piscina de Oberena desde siempre. Entonces no había peña txiki como tal, pero sacábamos una pancartilla”, recuerda. Hacia el año 2001 entró como socia de pleno derecho, “cuando tuve dinero”. Y de ahí, hasta la presidencia. En 2010 accedió a la junta, después hizo de delegada y desde 2013 es la presidenta de la peña, curiosamente en sustitución de otra mujer, María Solchaga. Por detrás, o mejor a la par, tiene a 268 peñistas, con unas ochenta mujeres, y creciendo. “En la peña vamos para arriba, los jóvenes vienen fuerte”, señala satisfecha.

Se presentó para presidenta porque se veía “con ganas” y le apetecía trabajar. Y más en una peña como Oberena, que tiene detrás una sociedad que va ya para los ochenta años. “La palabra Oberena significa mucho. Hace dos años cumplimos 75, que se dice pronto, pero además de la peña, al ser de la institución, del club, llevas todo lo que significa Oberena como más arraigado”, explica.

Para una presidenta de peña, las semanas previas a las fiestas son de locura. “Más vale que solo son nueve días, que si llegan a ser quince...”. Después llega la hora de disfrutar y ella lo hace de dos formas. “Vivo los Sanfermines en función de si estoy o no con mi hija. Los niños son agotadores en fiestas;hacemos una especie de turnos y a veces se queda con su padre o con su abuela”, añade. Sin embargo, tiene claro que los txikis son el futuro de la fiesta: “Tal como lo veo yo, si no les metemos el bichillo no va a haber relevo”. Y a su hija Nahia le inyecta ese bichillo cada día con Caravinagre en los gigantes, en el vermú, en la peña, en los juegos o en la salida de la plaza, aunque a Nahia no le gusten mucho las aglomeraciones.

Los días que no está con su hija, Ruth cambia de planes. Tiene abono de los toros y va siempre que puede. Disfruta de las largas tarde-noches tras la salida de las peñas con su cuadrilla de amigas, Las Pepis, o de las comidas y cenas en la peña, sobre todo la del 7 de julio. Cree que los Sanfermines están bien como están, aunque admite que en una que atrae a un millón de personas tiene que haber opiniones para todos los gustos: “Yo creo que el Ayuntamiento hace una buena programación. ¿Que se puede mejorar? Desde luego, pero lo que hay está bien”.

Admite que la mujer en la fiesta es “prácticamente igual al hombre, por no decir al cien por cien” y jamás ha notado diferencia alguna con ningún compañero. “Ni por ser mujer me han puesto una traba ni me han ayudado. Nunca”, concluye.

a bocajarro

¿Cuánto gasta el 6 de julio?

Ufff... mucho.

¿Su mejor liada sanferminera?

Cualquier día después de los toros con mis amigas.

¿Un acto del programa?

La procesión.

¿Su momentico?

El 7 de julio en la peña, cuando suena el himno de Oberena después de la comida.

¿Se levanta al encierro?

Sí.

¿Un remedio para la resaca?

Otra cerveza.