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Sucederá tal día como hoy: 12 de julio de 2098

Por Txus Iribarren - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Las peñas eran una institución que se mantenía pese al paso del tiempo. Aunque la Federación había aumentado sus componentes. Así, se habían sumado entre otras la Alegría de Urano, el Bullicio Sideral, la Armonía Solar y Gamínedes Alaiak. Mutilzarra, en cambio, seguía en lista de espera para entrar en Federación... Todo esto pasó en una segunda etapa, a partir de 2050, ya que al principio del siglo XXI se habían incluido ya a Buztintxuri de Iruña y Ripagaina Alai. Lo más llamativo era que en estas entidades, que en el siglo anterior habían sido pioneras en la ciudad, la noción del tiempo había desaparecido. Nada o casi nada había cambiado. De hecho, se podía ver en el tendido a socios de más de 150 años que se resistían a abandonar su localidad junto a txikis que por selección genética de sus padres y madres ya nacían con las blusas, fajas y pañuelos de la peña. Era la única forma de entrar en ellas porque las listas de espera, como por arte de magia, apenas se movían en décadas. Lo que sí había sido desterrado eran los problemas para llevar los palos: dos porteadores robotizados hacían todos los recorridos guiados por un GPS manejado por el jefe de día. Los himnos también se habían actualizado, aunque la figura de Turrillas, reconocida con el Premio Nobel póstumo de las Letras en 2067, seguía vigente. Así, mientras unos cantaban aquello de “en la esquina de la plaza hay un led colorao”, otros apuntaban “por el anillo de Saturno, un replicante pasó, y como se salió de la órbita, un Blade Runner va y le pitó…”. En el tendido, en cambio, no había especiales novedades ya que todas las tardes las txarangas se arrancaban con La chica Ye ye o Sigo siendo el Rey. La MECA, que seguía siendo propietaria del coso taurino, había hecho un gran negocio ofreciendo a los socios y socias el doble abono: sol en julio y cama en La Misericordia el resto del año… La propuesta fue bien acogida aunque tuvo que aprobarse en asamblea peña a peña. Y es que las peñas continuaban manteniendo el tradicional sistema democrático de dos manos en las asambleas: una para votar a mano alzada y otra, para sujetar el cubata mientras avanzaban los interminables órdenes del día… De hecho, en este sector no calaron los nuevos sistemas telemáticos de votaciones y consultas que en su día popularizó la formación Podemos que, por cierto, seguía liderada por Pablo Iglesias aunque se había cortado la coleta en las elecciones de 2052 al no poder asaltar los cielos. Fueron las últimas elecciones generales antes de que Alemania decidiera intervenir los gobiernos de España, Italia, Portugal, Francia y Grecia para hacer un poco de fundamento… Quien tampoco pudo lograr su objetivo de ser presidente foral fue Javier Esparza, aunque sí se llevó el trofeo en Boscos Pista al mejor portero veterano. Las cosas como son, como líder será lo que sea, pero nadie puede cuestionar el mérito del de Aoiz como cancervero. Pero la política quedaba al margen de las fiestas y las peñas se volcaban en San Fermín. Aunque tenían sus principios. De hecho resistieron a la oferta de Heineken y Rakuten de introducir publicidad en sus pañuelos y en el reverso de las pancartas. Tampoco aceptaron la idea de MediaMarkt de sustituir el tradicional sistema de palos y tela pintada por una enorme pantalla de plasma de 500 pulgadas con imágenes en vivo. Y es que las marcas comerciales se habían hecho ya con la mayoría de los espacios de la fiesta. El Toro de Fuego estaba patrocinado por Coca Cola, “la chispa de la fiesta”. La comparsa tenía como esponsor a una empresa aérea de Quatar mientras que el anunciante oficial del txupinazo era Freixenet, empresa que había trasladado a su sede social a San Martín de Unx tras la definitiva independencia de Catalunya. La mercantilización de las fiestas no terminaba allá. Siguiendo los pasos de la ciudad hermanada Baiona y en el marco de un POCTEFA la Unión Europea también impuso el pago de una cuota para poder entrar en Pamplona y disfrutar de las fiestas. El recinto amurallado marcaba las fronteras. Sin embargo, dentro de este perímetro (el pago de 30 nexus, la nueva moneda interplanetaria, daba derecho a acceder a todos los sectores y a una consumición) se mantenía un territorio liberado que eran las sedes de las peñas donde aún todavía funcionaban los antiguos euros e incluso el trueque. Concentradas en la calle Jarautov (en homenaje al primer astronauta ruso que llegó a Plutón) era también el espacio reservado para las txarangas, una especie en extinción después de que diez años antes perdieran su guerra contra la batucadas. En aquel gran conflicto se citaron en la Vuelta del Castillo 300 txarangas de toda Navarra frente a 400 batucadas de barrios en un reto sin precedentes, pero el sonido de la percusión pudo con el saxofón. Fue una amarga rememoración de 1512. La Navarra en aquel año, mucho fue lo que perdió...