Una banda sonora monumental

Roca Rey supo contentar al público de sol y de sombra llevándose una ovación porque sigue siendo el rey

Un reportaje de Jon Aristu. Fotografía Javier Bergasa - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Está claro que en la Monumental pamplonesa todos los días sale el sol, chipirón. Eso sí, conforme avanza la feria, va atardeciendo y las energías con las que las mozas y los mozos llegaron el fin de semana inaugural van decayendo. A más de uno le ha dicho el arriero que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar (al 14).

Por lo tanto, ayer dejaron claro que seguirán los pasos de Barricada y no habrá tregua hasta que la fiesta no dé para más. Por ello, recordaron, a eso del quinto toro de la tarde, que “este es mi sitio, esta es mi gente” y que, hasta que termine la feria, aquello será pura resistencia, al más puro estilo Ska-P.

Muchos de ellos reconocieron no tener “ni trono ni reina” incluso a nadie que les comprenda (y cada vez menos, conforme avanzaba la tarde), pero no parecía importarles y tenían claro que siguen siendo “el rey”.

Tras el segundo toro, una de las mulillas se resistió a hacer su trabajo y, como si quisiera unirse a la fiesta de los tendidos, estuvo a punto de escaparse y tuvo varios minutos a sol entretenido. La mulilla y los mulilleros se llevaron sendas ovaciones por haber amenizado la tarde y por el trabajo que realizaron respectivamente.

Los clásicos no abandonan la Monumental por muchos años que pasen y ya hasta el caballo del picador tararea eso de “no te quieres enterar...”.

Al ser año de mundial de fútbol, Oliver y Benji fueron protagonistas una tarde más y la andanada sigue convencida de que son “los magos del balón”, pero, en realidad, son las mozas y mozos de las peñas los que tienen “sueños de campeón”.

Muchos llevan advirtiendo desde el día 7 que es ligero equipaje para tan largo viaje. Amenazan a diario diciendo: “Dejaré mi tierra por fin, dejaré mis campos y me iré, lejos de aquí”, pero continúan visitando la plaza día tras día.

Son actuaciones como la de ayer de Roca Rey las que les hacen volver. Y no me refiero al aspecto taurino, sino a eso que tanto gusta en Pamplona, que en la vuelta al ruedo, los diestros cojan la bandera, sea del color que sea, y la ondeen de cara al tendido. Si además el trapo es del equipo de la tierra, la Monumental enloquece. El peruano entendió su papel a la perfección y, aparte de convertirse en el claro aspirante a triunfador de la feria por méritos en la tarde de ayer, supo contentar por igual a ambos lados de la plaza y se llevó la mayor ovación hasta el momento cuando cogió la bandera de Osasuna.

Ayer, fue el joven torero quien mantuvo la atención en sombra y quien se ganó a sol. Tuvo suerte y pilló, a una plaza alicaída recién merendada y con fuerzas para exigir la entrega de dos orejas que se sumaron a la obtenida en su primer toro y el segundo de la tarde.

Las mozas y los mozos dieron por finiquitada la tarde y la marcha Radetzky fue la encargada de cerrar la una de esas tardes en las que no está tan claro aquello de que “todos queremos más”.