Magníficas bulerías en un ‘Aranjuez’ nublado

Por Teobaldos - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

tomatito y la osn

Intérpretes: José Fernández Torres -Tomatito-, guitarra. Orquesta Sinfónica de Navarra, director Hernández Silva. Guillermo de la Línea, Iñigo Piña, Antón Torres, José del Tomate: grupo flamenco. Programa: Concierto de Aranjuez de J. Rodrigo. Segunda parte: Rondeña rematada por bulerías;Alegrías;Tema de amor de la película Two Much de Michael Camilo;Bulerías;Tangos seguidos de Bulerías;La Leyenda del Tiempo. Oblivion de Astor Piazzola. Rumba. Programación: Flamenco on Fire. Lugar: Sala principal del Baluarte. Fecha: 24 de agosto de 2018. Público: lleno.

El espectáculo de Tomatito y la Sinfónica de Navarra, tuvo dos partes bien diferenciadas. Dos mundos musicales que no tienen por qué estar alejados, pero que, en esta ocasión sí que se distanciaron en calidad: el de la guitarra clásica y el del flamenco. Tomatito aborda el Concierto de Aranjuez de Rodrigo -como lo hizo De Lucía- como un reto;el tremendo reto de conquistar esa cumbre tan conocida. Pero, le vino grande, sobre todo en los allegros. Ya la sonoridad -guitarra y orquesta amplificadas, aunque con bastante discreción se nos hacía un poco extraña;pero, metidos en esa sonoridad, el guitarrista no logró navegar, al cien por cien, por las notas exigidas. El adagio, sin embargo, -y después de haber escuchado este concierto infinidad de veces, sí que aporta, a mi juicio-, un cierto rubato flamenco y muy hermoso a las versiones convencionales. Por eso insisto en que la guitarra flamenca sí tiene cabida en la orquesta clásica. Un ejemplo lo tenemos en Rocío Jurado: nadie cantó a Falla como ella. Hernández Silva salvó la situación con una versión marcada y más bien en staccato siempre buscando la claridad.

Pero Tomatito el grande, el que llenó el Baluarte hasta la bandera, el que coge la guitarra como si fuera un ser vivo (Segovia dixit), y recorre los palos del flamenco enriqueciéndolos, insuflándoles una corriente electrizante de emoción, se manifestó en la segunda parte, con su grupo: dos excelentes cantaores, un vitalísimo percusionista, palmero, y su hijo, José del Tomate, que ya se sabe que, en esto del flamenco, todo son sagas. Aquí sí que las escalas ascendentes y descendentes salen impecables, poderosas y limpias, creando en el oyente esa ansiedad que le imbuye en el remolino musical que crea el grupo. La rondeña con la que empezó y que terminó en bulerías, ya metió a todos en su mundo. Un mundo que salta a Michael Camilo, o a Astor Piazzola, con unas versiones, francamente, de escalofrío. El tema de amor de la película Two Much del primero, fue un momento mágico, casi espiritual, sentido, hermoso. Se empleó a fondo el guitarrista y su grupo en el recital: los tangos, seguidos de bulerías, sin solución de continuidad, con unos cambios asombrosos y arriesgados de ritmos, mostraron la talla y la compenetración de todos. Es muy curioso, algunas síncopas en el percusionista de cajón, parecían no ir a ninguna parte, y, de repente, todo se vuelve a compone en un rotundo y nuevo ritmo. Diabluras de esta gente, que domina el compás, y lo rompe cuando quiere. Excelentes cantaores, sin miedo a ir arriba, poderosos, desde las entrañas;dándolo todo.

También hubo dedicatorias y recuerdo para los grandes mitos -Camarón y Paco de Lucía- con unas bulerías luminosas, para el primero, siempre tendiendo hacia arriba, como su cante;y el tema de Camilo, cariñoso, para Paco. Y una soberbia rumba -(creo que La vacilona, de su cosecha)- para terminar, que puso al público en pié.

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