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Un curso político que puede definir mucho del futuro del cambio

Por Joseba Santamaria - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

navarra está a punto de afrontar un nuevo curso político, prácticamente el último antes de las elecciones forales y municipales de mayo de 2019. Y lo afronta con el horizonte inmediato de elaborar unos nuevos Presupuestos para 2019 -culminaría así el ciclo presupuestario completo de los cuatro años de la Legislatura con el añadido de una nueva política fiscal efectiva que ha dado buenos resultados-, que aumentaría la capacidad de maniobra si se flexibiliza el techo de gasto en Madrid para abordar cuestiones aún pendientes del Acuerdo Presupuestario. Es cierto que a estas alturas se ha recorrido buena parte del camino y se han alcanzado objetivos importantes, aunque también ha habido cuestiones que han quedado pendientes en la gatera por falta de consenso entre los cuatro partidos o por diferentes sentencias judiciales. A nadie se le escapa que esta primera experiencia política alternativa al régimen anterior necesita de más tiempo para completar la regeneración política y social que demandaba Navarra para situarse ante los retos y problemas de este siglo XXI. El compromiso primero de los protagonistas del cambio de 2015 fue que la experiencia no fuera un simple paréntesis de cuatro años para después regresar al pasado. Navarra necesitaba oxígeno en 2015. Oxígeno social, presupuestario, financiero, económico y político, lo ha tenido estos tres años y medio y le ha venido bien a la hora de abordar la solución de los principales problemas heredados. Se ha cambiado también el discurso como comunidad, dejando de lado las políticas interesadas de exclusión y desplazando el modelo de gestión clientelar que anteponía los intereses particulares a los intereses generales. Para unos, los logros bastarán para tener una visión satisfactoria, para otros serán insuficientes. En unos pocos meses llegará el tiempo de los balances. Los portavoces de los partidos del cambio insisten en su compromiso con ese modelo más allá de 2019. Nadie quiere desmarcarse de esa vía ni nadie quiere aparecer como responsable de poner en duda su continuidad en las urnas el próximo año. Esa es la voluntad que todos hacen pública, incluida la presidenta Barkos. No sé si será así finalmente, aunque las encuestas señalan que la opinión pública navarra avala este camino. Pero también, es evidente, ha habido y hay ahora y seguramente se acrecentarán las situaciones de discrepancia. La Legislatura puede estar prácticamente amortizada, pero quedan unos meses claves en los que la confrontación entre los socios de gobierno puede suponer un desgaste mayor que los logros de tres años y medio de colaboración leal. Es la esperanza indisimulada y desesperada de Esparza. La okupación ilegal de Rozalejos y los extemporáneos mensajes que desde allí se han emitido contra el modelo del cambio que han impulsado Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e I-E y más aún contra Uxue Barkos, una copia de la fórmula de desgaste permanente que han mantenido desde la oposición UPN, PSN y PP, es un síntoma claro de que también en supuestos espacios del cambio hay nostálgicos del inútil contra UPN se vivía mejor. Creo que Navarra seguirá instalada en las políticas transformadoras, modernizadoras y regeneradoras que se han impulsado esta Legislatura. Pero no sé si serán los mismos protagonistas. Eso lo decidirán los navarros y navarras en las urnas y estos meses van a ser importantes en esa decisión.

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