Sobre la presa de Santa Engracia

Por Álvaro Bértolo - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Últimamente en nuestra ciudad Pamplona-Iruña se debate sobre la rotura ocasionada en la presa de Santa Engracia por las crecidas del río Arga del pasado invierno. Rotura que liberó parte del agua embalsada provocando un descenso del nivel a lo largo de aproximadamente 1.000 metros de cauce. Un club de remo con instalaciones en este tramo del río propone, con todo derecho, restaurar y de nuevo cerrar la circulación del Arga para poder continuar con su actividad deportiva sin tener que trasladarse. Por ello ha iniciado una activa campaña por la reconstrucción del azud. Viendo el escenario que ha dejado la presa rota, parte de la opinión pública no ha dudado en apoyar esta petición. Finalmente el asunto ha saltado a la arena política por lo que la polémica y la demagogia empieza a estar a la orden del día.

Frente a este posicionamiento por la reparación del azud, y deseando que no se pierda una oportunidad para mejorar las condiciones del castigado río Arga, quiero exponer otro punto de vista, tratando de incitar a que pensemos si las cosas son tan sencillas como parecen.

Buscando apoyos para la recuperación del embalse, desde el Club Náutico primero y después por parte de algún político, se han expuesto ante la opinión pública toda una serie de afecciones que afirman ha producido la rotura de la presa y se han planteado los supuestos beneficios que aportaría su reconstrucción. Se habla de más contaminación, de peor higiene, de perjuicios a la fauna silvestre, a los pescadores, de la aparición de la basura antes sumergida, de mosquitos, del valor histórico de la presa… Se ha hablado también sobre las crecidas, afirmándose, con mucha imaginación por cierto, que las presas en Pamplona son útiles para la gestión de caudales y que no repercuten en las inundaciones. Es estéril polemizar aquí con todo lo dicho. Esto es como cuando nos creemos expertos en todo y lanzamos afirmaciones que tal como está pasando aquí, al final cojean por falta de fundamentos serios. Ya hay mucha información objetiva disponible para quien tenga interés en profundizar y en formarse una idea bien razonada de cada tema concreto y para el que quiera informar con seriedad.

Sin embargo, sí quiero reflexionar sobre otro de los temas planteados: el del valor estético y paisajístico perdido. En esto sinceramente le doy la razón, momentáneamente, al Club Náutico. Es un aspecto más subjetivo y por lo tanto más apropiado para un intercambio de opiniones sinceras. Ciertamente el tramo presenta ahora un aspecto bastante desolado, tercermundista se ha dicho no sin fundamento. No hay más que dar un paseo para ver la presa rota, las defensas en forma de chatarra oxidada de las orillas desnudas tras décadas y décadas sumergidas, los grandes bloques de hormigón por el cauce y nuestras vergüenzas en forma de basura que el descenso del nivel ha dejado al descubierto. Ni siquiera corre el agua, pues en buena parte del tramo sigue embalsada por la capa de colmatación de la presa. Ante esta imagen se me ocurre plantear dos temas. Uno es el de la chatarra, los desechos y el escombro que ha quedado al descubierto. Es un aspecto que hay que gestionar sí o sí, pero independientemente de que haya o no embalse. El otro aspecto es el del paisaje. Y aquí invito a reflexionar y tratar de imaginar la evolución futura de este tramo si no se recupera la presa. Después de que las próximas crecidas terminen de abrir camino y permitan que el agua realmente corra y resuene. Cuando la vegetación se expanda y recupere las orillas hoy desnudas. Acostumbrados al embalse y con la desolación actual es difícil de imaginar, pero la realidad es que, con un mínimo de intervención, tenemos la oportunidad de ganar en poco tiempo (los ríos son muy dinámicos) un tramo mucho más natural y saludable, un nuevo tramo sin embalsar que sumar a los pocos existentes en Pamplona, en parajes muy cercanos de Alemanes, Puente de San Pedro, San Jorge… Para mí, tras 25 años observando con mucha curiosidad el río tanto por ocio como profesionalmente, sin duda son los tramos más frescos, amenos y vitales del Arga. Tramos en los que el nivel baja en verano sin que nadie se extrañe, sin que nadie los considere antiestéticos, tramos que les invito a recorrer con atención.

Fruto de una mejor comprensión de la dinámica y la ecología de los ríos y sus riberas y de una mayor concienciación y conocimiento por parte de la sociedad en general, nuestro concepto de la gestión de estos espacios va cambiando poco a poco. Ahí tenemos a nivel europeo la Directiva Marco del Agua (de obligado cumplimiento), cuyos objetivos empiezan a alcanzarse muy tímidamente, no sin grandes esfuerzos, pues se aborda un campo complejo con muchos intereses en juego y porque enfrenta muchas ideas arcaicas bastante arraigadas. Ideas por desgracia usadas con demasiada frecuencia como arma política con fines totalmente interesados. En cualquier caso, entre los técnicos que planifican la gestión de los ríos en la actualidad, quedan muy pocas dudas sobre el hecho de que presas como la que nos ocupa son muy perjudiciales para la dinámica de los ríos. De ahí la tendencia actual, curiosamente iniciada en Navarra con otros en el poder, a eliminar en la medida de lo posible las que ya no tienen utilidad. En el último estudio presentado sobre el estado del Arga en Pamplona se menciona un tema que no es nuevo y que ya han apuntado trabajos anteriores: la deficiente calidad del cauce en muy diversos aspectos (hidromorfología, grado de naturalidad, bosques de ribera, riesgo de inundaciones…). Parece que en 30 años solo hemos avanzado algo en acercar el río a la ciudadanía y en dejar de usarlo como estercolero y vertedero. En ese estudio se critica fuertemente la actual falta de movilidad del río y se apuesta por la eliminación de obstáculos, mencionándose expresamente a la presa de Santa Engracia, junto con la de la harinera de Ilundáin, como elementos sin utilidad directa cuya eliminación supondría una mejora en el paso de sedimentos, en la movilidad de la fauna, en los efectos de las inundaciones... Una mejora en la salud del Arga que no quedaría restringida al tramo de 1.000 metros en cuestión, pues en los ríos, por su propia naturaleza, todo lo que se realiza en un punto tiene sus repercusiones aguas arriba y aguas abajo. Soy consciente de que el río atraviesa aquí la mayor concentración de población de Navarra y es lógico y razonable un nivel alto de urbanización y uso en el mismo en forma de parque fluvial. Pero esto es perfectamente armonizable con una muy necesaria mejora de lo que no es sino un elemento natural, y tanto los que ahora tienen el mando del gobierno municipal como los que lo han tenido antes lo saben perfectamente, pues han tenido su asesoramiento técnico. No es por lo tanto de recibo la demagogia política iniciada. Quizá la polémica puede estar en si la presa tenía utilidad o no. Evidentemente para el club de remo la tenía. Es ahí donde los poderes públicos tienen que sopesar por un lado nuestro derecho a un medio ambiente bien conservado y nuestro deber de cuidarlo, y por otro los intereses de grupos privados. Personalmente lo tengo muy claro. Estamos tardando en demoler lo que queda. Lo de cuidar nuestro entorno no es un capricho, es una necesidad y es de sentido común. Por eso tratamos ya de enseñarlo a nuestros hijos/as desde la educación primaria. ¡Aprovechemos la oportunidad para mejorar el Arga! ¡Dejemos que el río fluya en Santa Engracia!

El autor es técnico superior en Gestión de Recursos Naturales y Paisajísticos

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