Estudios o videojuegos

Por Ilia Galán Díez - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

españa parece que está coronada por sus creadores en la cima del videojuego, ese otro universo que crece más allá, donde habitan los sueños, un sistema visual que comienza a ser un centro de arte cada vez más serio, con fenómenos estéticos más poderosos que muchas instalaciones visuales de nuestros museos, con posibilidades educativas fascinantes si se buscan contenidos importantes para difundir artes, ciencias o sabiduría a través del entretenimiento. Nuestro país es rico en afilados y creativos cerebros que, lamentablemente, han de salir luego al extranjero porque en nuestras fronteras no encuentran su adecuado asiento. Como en Italia, nuestro ingenio desborda por encima de las normas que la vida cotidiana nos tiende como cadenas, pero no vendría mal un impulso de nuestros políticos y dirigentes para que ese ingenio, esa mirada creadora tuviera mejor morada y más desarrollo, productivo, fecundo, entre los nuestros. Por eso el ministro de Cultura acude a la feria de esos sistemas de recreo que empiezan a ser algo más que un pasatiempo. Algunos no tenemos ese tiempo para tales empeños y ya nos basta el juego de la creación literaria o el de la vida misma para entretenernos o para jugarnos el pellejo, el alma, que de eso se trata en el gran teatro del mundo, pero otros -y cada vez más crece su número- en nuestra inmadura y lúdica sociedad, entregan muchas horas de su existencia a regocijos que bien pudieran ser algo más que un modo de malgastar los días y huir del aburrimiento. En Gamescom se está viendo el futuro de nuestros empeños. Grandes hallazgos se hacen en juegos históricos que representan cada vez con más finura y perfección nuestro pasado, llevando a entender luego nuestro presente, animando a aprender sobre nuestros orígenes, pensando lo que somos o seremos.

Hay una tendencia a fundir géneros, a transmutar el cine en videojuegos, la vida concentrada en una pantalla, plana, de esparcimientos, como nuestros adolescentes bien lo entendieron, sumergiéndose en sus teléfonos portátiles donde en unos centímetros cuadrados miran el universo como si todo fuera eso, vídeos, fotos, juguetes de un monstruo nuevo, una red que nos teje, que construye nuestros pensamientos y sentimientos y que poco a poco se va haciendo con todos los reinos.

Mientras cada vez cae más el índice de lectura y los licenciados mendigan un puesto de trabajo acorde con sus ilusiones, las vías de escape crecen como las drogas, abriendo horizontes nuevos a quienes huyen. Pero no toda huida tiene que ser una pérdida de tiempo y la ilusión que nos lleva a otros mundos o paisajes puede ser aprovechada para encontrar nuevas claves en nuestras preguntas, para aprender lo que podemos ser o lo que otros fueron...

En cambio, la universidad se nos derrumba entre los políticos juegos donde cada vez más vemos en la corte, en Madrid, la corrupción de unos docentes que turbiamente entregaban los títulos y certificados de un saber que tal vez ni ellos mismos -mediocres- poseen.

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