Osasuna se amarga el debut en casa

tablas en el estreno | empata frente al elche tras complicarse el partido con la expulsión de david garcía, con 40 minutos por delante

Javier Saldise / Javier Bergasa/Mikel Saiz - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

pamplona - Osasuna firmó un amargo debut de campeonato en El Sadar en el que tuvo mucha culpa de su desgracia. El equipo de Jagoba Arrasate emitió interesantes señales, apretó a su rival cuando no tuvo el balón y salió con rapidez y sin burocracia hacia la portería cuando gobernó la pelota. También creó ocasiones de gol, suficientes -con puntería- para haber ganado, y puso emoción en algunos lances de mérito. Sin embargo, a Osasuna se le escapó la victoria en el primer partido en El Sadar porque se creó una serie de problemas que le pasaron factura. Con más de media hora en el campo con un jugador menos por una expulsión al esprint protagonizada por David García -dos faltas en dos minutos le mandaron para la caseta en el minuto 54-, al equipo de Arrasate se le puso cuesta arriba el partido por una mera cuestión de derroche de fuerzas, de edificación de problemas.

La habilidad le echó un mano a Osasuna para sacarse de la chistera un gol a balón parado de la combinación de Íñigo Pérez y Juan Villar, pero el Elche supo sacar partido a la inferioridad numérica para empatar y aún tuvo tiempo para que se temblara en la grada con alguna ocasión postrera, una de ellas firmada por Nino.

En esta categoría pareja, en la que a cada jornada se juegan finales y los equipos demuestran un poderío físico admirable, la concesión de jugar con un futbolista menos hirió a un Osasuna que estuvo bien en líneas generales, al que no hay nada que discutir en cuanto a su actitud y talante -Arrasate estuvo buscando la victoria con uno menos hasta el final- y al que le castigaron los pequeños detalles. Esta es la Segunda, por si se le había olvidado al inquilino de El Sadar con el verano de por medio.

Antes del fiasco, el primer tiempo dejó ver a un Osasuna brioso, activo, capaz de crear un puñado de ocasiones claras para marcar, las más nítidas desbaratadas por el meta del Elche, el veterano José Juan, especialmente atento ante los lanzamientos de Íñigo Pérez y Juan Villar, los autores de los remates con más peligro.

Osasuna se estaba presentando como un equipo vertiginoso con el balón, con salidas rapidísimas, con transiciones mínimas para llegar a posiciones de remate o centro. Rubén García, el recién llegado, dejó muestras de sus habilidades en la interpretación y ejecución de este fútbol a toda pastilla y ocupó por igual posiciones de remate, como segundo delantero junto a David Rodríguez, como posiciones más retrasadas para manejar la pelota para sus compañeros. A buen ritmo se mostró Osasuna hasta el último minuto, incluso teniendo una oportunidad clara en una acción protagonizada por David Rodríguez en el tramo final de la primera parte. El Elche, que ya tiene el tono rocoso de todos los equipos de Segunda, también dispuso de su ocasión a los cinco minutos de partido, pero Juan Pérez terció con seguridad. Con buena pinta, pero sin goles en el cesto, se fueron los rojillos al descanso.

Para el debut en El Sadar, Arrasate había realizado dos cambios sobre la alineación del partido inaugural. Los hombres de las bandas, los canteranos Olavide y Barja, fueron sustituidos por dos de los fichajes de este curso, Juan Villar y Rubén García. El técnico tenía motivos para buscar variantes tras el discreto inicio en Mallorca y optó por presentar a los aficionados a dos de los futbolistas que deberán tener su protagonismo en el juego de ataque de este proyecto. La confianza en Rubén García, recién llegado hace sólo unos días, no cabe duda de que es ciega porque unos pocos entrenamientos bastaron para que tuviera sitio entre los elegidos. El jugador también restituyó esta confianza con una buena actuación.

Fue en la segunda mitad cuando se sucedieron todos los acontecimientos decisivos del encuentro. Con el Elche altivo siempre, sin perderle la cara al partido -su condición de recién ascendido se le vio más en la calidad de algunos más que en la actitud ante la contienda-, a Osasuna se le atragantó la tarde al quedarse con un jugador menos. Quizás porque en la primera mitad había dejado demasiado sueltos a los futbolistas a la hora de embarrar el juego -dieciséis faltas hizo el Elche en el primer acto, un exceso de fuego que alteró a Osasuna-, el árbitro optó por otra vara de cálculo en la reanudación y sacó un medidor más fino. A David García le mostró una amarilla al poco de la reanudación por una obstrucción -discutible puede resultar el tamaño del castigo-, pero poco hubo para discutir con una acometida mayor en el centro del campo sólo dos minutos después de la anterior acción. El ímpetu del central dejó a Osasuna descabalgado de la igualdad numérica, con trabajo extra por delante en un encuentro el que se jugaba a toda pastilla.

Estuvo Osasuna listo a la hora de fabricarse un gol gracias a una jugada de balón parado, fruto de una falta cobrada en una contra protagonizada por Juan Villar. La zurda del chantreano Íñigo Pérez le puso un regalo al mismo delantero para un remate de cabeza solitario y perfecto.

Quedaba media hora de partido y Osasuna debía recolocarse a partir de la nueva situación, tanto de efectivos como en el marcador. Arrasate dio los primeros minutos de la temporada a Xisco, un gran ralentizador de momentos, ideal para las situaciones de desequilibrio. El atacante supo contener la pelota cuando, con uno menos, había lagunas en las proximidades del área del Elche, y darle aire a un Osasuna que lo necesitaba.

Implacable con David García, el árbitro no vio nada en el empellón previo que se llevó Unai García en la jugada del empate. Al defensa lo dejaron koen el centro del campo y para cuando quiso llegar a posiciones defensivas, Sory, el gladiador de la raya rubia en la cabeza -que atizó a todo lo que se movía a su alrededor-, clavó con la testa un centro desde la banda.

Así son los disgustos en la Segunda División, que no respetan ni rivales, ni escenarios, ni puestas de largo. Y amargan un buen día.