España: tarjeta roja en Europa

Javier Orcajada del Castillo - Martes, 28 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

La OTAN pide disculpas a Estonia porque un Eurofighter español ha disparado por error un misil en unos ejercicios militares en el Báltico. Como primera medida los dos aviones españoles participantes han sido expulsados de los ejercicios. Nos hemos convertido en un peligro para nuestros socios militares y nos sacan tarjeta roja.

Si en el terreno militar estamos en el furgón de los torpes, peor nos va en el de la justicia, pues nuestros jueces constituyen un peligro porque los tribunales europeos impugnan sistemáticamente sus sentencias. Además, nuestro sistema judicial no respeta las reglas de juego que regulan las relaciones mutuas. No tienen consecuencias los informes de inspectores internacionales que investigan si se respetan los derechos de humanos de los presos vascos en cárceles.

El ministro Marlaska ante la interpelación de una diputada sobre el Informe Aranzadi, realizado según el Protocolo de Estambul, analizando denuncias de tortura en comisarías y cuartelillos en el que se demuestra que más de 4.000 presos vascos han sido torturados, responde lacónico que “los datos del informe son falsos y que la única verdad es la judicial”. Sin consecuencias.

Resulta cómica la argumentación para la imputación por sedición del juez Llarena a Puigdemont y otros políticos catalanes, resultando sus sentencias rechazadas por los jueces alemanes y belgas, decretando su libertad. Este juez es el que aparece en las tiras de humor de los medios europeos para divertir a los lectores y oyentes. La guinda por ahora la ponen 750 jueces españoles que presentan una queja ante el Consejo Consultivo de Jueces Europeos denunciando la presión social contra los magistrados del caso La Manada. Su contenido no tiene desperdicio por su fanatismo corporativo, pues no tienen nada que decir sobre el contenido de la sentencia que hace que aparezca como ejemplo en las facultades de Derecho del mundo entero por su “originalidad”. Se echan de menos las disculpas de los sindicatos de jueces por esta sentencia que debería hacer enrojecer de vergüenza no solo a sus redactores, sino a toda la judicatura por el silencio cómplice, al no condenar tal engendro, pues la opinión pública trivializa la justicia preescrita.

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