El otoño que nos viene

Por José Luis Úriz Iglesias - Martes, 28 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Aunque meteorológicamente el otoño comienza el 21 de setiembre, en lo político lo ha hecho el pasado viernes 24 de agosto. Precisamente el día que el Gobierno de Pedro Sánchez ha dado el pistoletazo a un apasionante nuevo tiempo político, que se inicia de manera potente con la aprobación de la exhumación del cuerpo del dictador Francisco Franco.

Vamos a vivir tiempos convulsos que, afortunadamente, comienzan con un buen acuerdo entre las dos fuerzas de izquierdas, PSOE y Unidos Podemos, que al menos garantiza una estabilidad mayor.

Si eso supone una medida táctica o estratégica lo veremos con el tiempo, pero la izquierda necesita imperiosamente unir sus fuerzas de cara a este otoño que comienza, porque está amenazada por agentes externos poderosos, una derecha cohesionada PP-Cs y el mundo del independentismo catalán dispuesto a todo.

Comenzar con acuerdos sobre techo de gasto, presupuestos o temas que se pueden considerar menores como la exhumación del dictador está muy bien, pero eso solo debe ser el comienzo de una alianza cada vez más potente y consolidada.

Porque la debilidad de esa alianza viene de que con la suma de ambos no se garantiza una andadura tranquila, se necesita el apoyo del nacionalismo vasco (parece que el PNV está por la labor), más, y ahí está la gran dificultad, del independentismo catalán, en el que aunque se aprecien fisuras, al aparecer ERC es más proclive a los acuerdos mientras que el duroresulta ser ese nuevo PeDCat, de momento la cosa no pinta bien.

Sólo desde un proceso complejo de encaje de bolillos en el que ir llevando a ambos, ERC y PeDCat, a la senda del pragmatismo y sensatez, será posible mantener la intención inicial de llegar hasta el final de la legislatura.

Los primeros indicios resultan desalentadores, las posiciones cerradas sobre los grandes temas de Estado como techo de gasto y presupuestos, no dan lugar al optimismo con ellos.

Incluso poner condiciones a la exhumación del dictador como que se anule el juicio y la condena a Companys indica por dónde van sus intenciones. Ignoran que esa decisión abre un proceso complejo que sin duda se debe abordar, pero necesita tiempo. Las primeras declaraciones después de que el gobierno tomara la decisión parece que modulan ligeramente su posición inicial. Habrá de suponer que ese cambio viene de que se habrán hecho la pregunta clave: ¿van a votar en contra de la exhumación por esa condición? ¿Se van a situar en el lado de la derecha más rancia del continente junto a los movimientos fascistas? Son capaces con tal de llevarlo todo al terreno de tierra quemada que pretende un cada vez más desnortado Puigdemont, pero debemos tener la confianza en que las gentes sensatas, que las hay por supuesto y cada vez en mayor número, reconduzcan a última hora, al menos este asunto.

La confrontación existente entre una parte de la sociedad civil con el quita y pon de los lazos amarillos, o los símbolos a favor de los políticos presos, amenaza con desestabilizar aún más la ya de por sí explosiva situación.

Cualquier día nos encontramos con un disgusto serio, y ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores, y en esta tensión ganan los extremos como la CUP, los CdR, o los movimientos de extrema derecha españolista, incluido ese nuevoPP y Cs.

Después vendrán instantes de confrontación máxima, el aniversario del 1 de Octubre, el juicio a los Jordis, y el plato fuerte de la Diada del 11 de septiembre. Va a ser necesario, por parte del Ejecutivo de Sánchez, grandes dosis de mano izquierda, de saber aplicar la vieja técnica del palo y la zanahoria, para evitar que ese nuevo choque de trenes se produzca.

También ahí es necesario, fundamental, que PSOE y Podemos vayan juntos. Ese sería el primer paso para evitar una confrontación definitiva de terribles consecuencias para ambos países, por eso es fundamental que la izquierda afronte de manera común esos retos que se nos vienen encima.

Ambos deberán ceder en sus posiciones iniciales. El Gobierno parte con el lastre de que debe tener una posición de Estado que se debiera exigir a todos, pero que le corresponde en especial a él. Podemos por su parte ser generoso y entender que si cae este gobierno no cae sólo el PSOE, cae la izquierda en su conjunto, y volvería una derecha reaccionaria a sangre y fuego con ansias de venganza.

¿Son galgos o podencos? Qué más da, son perros, y si llegan nos devoran, a nosotros y a nuestra base social.

El año pasado resultó un otoño-invierno caliente. A las movilizaciones de los pensionistas se les unió el conflicto catalán y, posteriormente, la lucha del movimiento feminista. De alguna manera creó el ambiente para que llegara el cambio de gobierno. Ahora toca preservarlo y, si es posible, consolidarlo.

El problema catalán pone a prueba a la izquierda de este país. Deben buscar con urgencia acuerdos para una posición común en lo táctico y en lo estratégico. Ha llegado el momento de, al igual que lo hecho con los restos de Franco, solucionar definitivamente las tensiones centro-periferia heredados de una Transición ejemplar pero imperfecta.

Está difícil, extremadamente difícil, pero en momentos así es cuando se demuestra la verdadera talla de los políticos. Sánchez, Iglesias, Junqueras, Urkullu… tienen la prueba del algodón, el examen definitivo. De cómo salgan de él las consecuencias podrán ser beneficiosas o peligrosas para nuestros respectivos países.

Veremos...

El autor es exparlamentario y concejal del PSN-PSOE

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