Esparza comienza a meter presión al PSN de cara a las elecciones de 2019

Javier Esparza, presidente de UPN, habla con María Chivite, líder del PSN. (Javier Bergasa)
Javier Esparza, de UPN, trasMaría Chivite, del PSN, en el Parlamento de Navarra. (Iban Aguinaga)

El regionalista calienta el inicio de curso desde la Ribera agitando la confrontación identitaria
Acusa nerviosismo en su discurso al ver que sus promesas presupuestarias no llegan

“Un pacto del PSN con Geroa Bai sería más nacionalismo y más sectarismo” - “Este Gobierno sólo piensa en ikurriñas, euskera y en entregar Navarra a Euskadi”

A. Irisarri - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

pamplona - Consciente de que no tiene tiempo que perder, Javier Esparza, presidente de UPN, adelantó ayer en Tudela el arranque de su particular sprint final de legislatura con un desayuno informativo que sirvió para dejar bien claras sus principales bazas hasta las elecciones forales de 2019: exprimir al máximo el discurso de confrontación identitaria entre los navarros y comenzar a presionar al PSN para que termine regalándole sus votos en nombre de una alianza contra el cambio que precisará también de los antiforalistas de Ciudadanos y el PP de Ana Beltrán.

De ambas estrategias hubo ayer muestras en la capital de la Ribera, la comarca en la que Esparza tiene volcadas sus esperanzas electorales. La misma zona de Navarra en la que el PSN retiene su escaso poder institucional, y a la que el dirigente regionalista bajó para comenzar el trabajo de presión y desgaste sobre Chivite.

El ejemplo más claro fue que el principal mensaje que quiso dejar en su primera cita de la semana en la Ribera -el viernes estará en Cadreita- es que “un pacto de gobierno entre PSN y Geroa Bai significaría más de lo mismo para Navarra, más nacionalismo y más sectarismo”. Es una amenaza desesperada que ya empieza a invocar Esparza, que apurado ante la posibilidad de volver a quedarse fuera de la carrera presidencial en 2019 ha reducido a lo esencial su discurso de confrontación identitaria, por ver si perdiendo en matices gana en adeptos: “Este Gobierno foral solo tiene una prioridad: más euskera, más ikurriñas, más imponer y entregar Navarra a Euskadi”. Hasta ahí llegó el diagnóstico, que completó con una predicción electoral. “Es evidente que el cuatripartito no va a tener capacidad de formar gobierno porque los navarros no se lo van a permitir. Por eso hacen guiños al PSN”, reflexionó, para erigirse a sí mismo como valedor de un proyecto “que no va contra nadie” y que sólo mirará, dijo, por “el interés general”.

inversiones que no llegan Eso, en abstracto, es todo lo que pudo ofrecer. Porque de momento su discurso se cae cuando toca la realidad. Se vio cuando tuvo que hablar de las cosas de comer, las promesas de inversiones milmillonarias que se jactó de haber arrancado a Rajoy y de las que no hay ni rastro. Con el expresidente en el registro de la propiedad y su acuerdo convertido en papel mojado, Esparza acusa el nerviosismo y ahora pide a otros que conviertan en realidad sus promesas. Imploró porque el Gobierno de Navarra y el de España “den una salida” a la gratuidad de la AP-15 que prometió a los ciudadanos de la Ribera;exigió a la Conferencia Hidrográfica del Ebro (CHE) que se reúna “inmediatamente” para que se empiecen a limpiar los ríos;y amenazó al Ayuntamiento de Tudela con “pedir responsabilidades” si no construyen un nuevo pabellón como Esparza prometió. “UPN consiguió 12 millones en los Presupuestos y dos meses más tarde seguimos pagando peaje. Ya vamos tarde”, se apuró, con unas palabras que recogió la cuenta oficial del partido en Twitter y que ilustran bien la ansiedad del de Aoiz.

Con todo, Esparza afronta el curso preelectoral “muy motivado” porque espera un “magnífico resultado”, aunque eso sea ir contra los sondeos. Por de pronto, tendrá que aguantar nueve meses a este ritmo.

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