Artikutza se despide de su presa

La presa de Artikutza, en proceso de vaciado. (Esti Veintemillas)
Fulgencio Oteiza trabaja los utensilios de madera que vende.
Las cuadrillas buscan la sombra al mediodía para comer.

San Agustín es una salida obligatoria a la finca para los habitantes de los pueblos más cercanos de Gipuzkoa y Navarra. Disfrutar de los herri kirolak, trikitixas y comida es la tónica de la fiesta, que este martes se fijó también en el desembalse.

Un reportaje de Marta Hidalgo. Fotografía Esti Veintemillas - Jueves, 30 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

El paraje único que ofrece el pueblo de Artikutza es, durante todo el año, exclusivo para los senderistas y animosos que caminan seis kilómetros que separan la entrada del parque natural y la presa. El día de este martes pasado, sin embargo, es una oportunidad para que cualquier vehículo recorra el sendero entre los árboles hasta llegar al recóndito poblado, como siempre por San Agustín, cuando el pueblo se llena de cuadrillas, jóvenes, niños y mayores.

La fila de coches aparcados a los dos lados de la carretera ya dejaba suponer que lo que había en el pueblo era una fiesta multitudinaria. Hubo gente que llegó a pie o en caballo lo que hacía que la jornada tuviese matices todavía más tradicionales.

“Es una fiesta de las de antes, de las de hace 40 años”, comentó el hernaniarra Aritz Iraola. “Todo gira en torno al frontón, hay mucha comida, sidra, talos y aizkolaris”. Él se acercó con su cuadrilla y sus hijos a pasar el día. En la sombra, eso sí, extendieron las toallas y dejaban que los niños gatearan y corretearan a su alrededor.

Otra de las amas del grupo, Garoa González, celebró que este año se hubieran acordado de ir a la fiesta. “Todos los años se nos pasa la fecha y este lo hemos organizado con tiempo”, apuntó. Se acercaron en coche hasta el municipio, “¡qué remedio!, con los niños”, según Iraola, y ya que estaban allí aprovecharon para visitar la presa. El desembalse de sus 1,6 millones de metros cúbicos comenzó el pasado año y terminará el próximo, cuando se ejecute la obra final para anular la presa. Muchos aprovecharon para despedirse de la instalación construida en Goizueta por el Ayuntamiento de Donostia hace 70 años.

Muy cerca, en el mercado, se pudo ver de todo: desde pendientes hechos a mano hasta artesanía o comida. Los caseros dieron a probar sus productos y la gente no se fue de la romería ni con las manos ni mucho menos con el estómago vacío.

La cuadrilla formada por Lourdes, Montse, Maite, Bego, Iñaki y Joxemari fueron de los que llegaron caminando hasta Artikutza. “Hemos comido un pincho, queso y pastel vasco”, apuntó Montse Telletxea.

Uno de los puestos ofrecía el trabajo manual de Fulgencio Oteiza, vecino de Oronoz, que vendía utensilios de madera para cocinar. “Hoy se vende bien, hay bastante gente”, dijo.

No faltaron camping-gas para cocinar, así como mesas, sillas y sombrillas improvisadas para los que no habían conseguido sitio a la sombra. Para Lourdes Pagadizabal, vecina de Asteasu, “después de la tertulia de la comida” llegó lo más importante “el baile”, que alargó la jornada hasta prácticamente el anochecer.

desembalse

deshacer

la presa,

a concurso

En busca del proyecto. El guarda de Artikutza, Iñaki Uranga, se camufló entre el gentío que celebraba la fiesta de San Agustín. El responsable de la finca propiedad del Ayuntamiento de Donostia apuntó que el proyecto para anular la presa saldrá a concurso y entonces se decidirá qué hacer con ella. Después de que el desembalse se viera entorpecido por las lluvias de invierno, que mantenían alto el nivel del agua, este verano sigue el vaciado.

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