Un proyecto frustrado por el retraso en las obras del tramo aragonés

La crisis modificó los plazos e impidió que la A-21 fuese una alternativa real para desviar tráfico del corredor del Ebro

Viernes, 31 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

pamplona - La historia de la A-21 es la de una carretera incompleta, por no decir frustrada. Tal y como estaba diseñada sobre el papel, la autovía del Pirineo -que hoy sólo tiene los 45 kilómetros que discurren por Navarra- era un proyecto ambicioso de intercomunicación terrestre que conectaría por carretera de dos carriles todo el corredor del noreste de la península ibérica, desde la CAV hasta Catalunya pasando por Navarra y Aragón.

Pero la crisis económica llegó y trastocó todos los planes iniciales para la obra. La idea inicial era plantear un corredor pirenaico que, una vez terminado su enlace entre Navarra y Aragón, tuviese la capacidad para atraer el tráfico que entonces (y también ahora) rodaba por el corredor del Ebro, propiciando un trasvase de vehículos que hiciesen rentable el sistema de peaje en sombra y abono de canon en función del tráfico. Pero todo eso se frustró. La crisis retrasó obras y aplazó inversiones, dejando aislados dentro de Navarra los 45 kilómetros de vía de alta capacidad, sin conexión de calidad con Jaca y sin posibilidad de que la vía (por ir de ningún sitio a ninguna parte) ayudase a atraer inversiones en la comarca de Sangüesa, necesitada de un tejido industrial por el que todavía hoy suspira.

carretera con pérdidas Eso ha hecho que no se cumplan los planes de negocio y que, a día de hoy, la A-21 sea una carretera que arroja pérdidas y no es nada interesante desde el punto de vista de hacer negocio. No es un “caramelo tan sabroso” como otras autovías de peaje en sombra semejantes, a juicio del Gobierno foral. Quizá por eso se ofrece dentro de un paquete junto con otras carreteras. - A.I.R.