Osasuna sigue en números rojos

SEgunda derrota | Nuevo discreto partido de los rojillos, inofensivos en ataque y con problemas en defensa, que continúan sin ganar tras tres jornadas

Javier Saldise / Agencia LOF - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Granada - El partido del morbo que enfrentaba a Osasuna con su anterior entrenador y su nuevo equipo se saldó con derrota. El conjunto navarro sigue en números rojos tras haber aplazado una jornada más la primera victoria y quedar en una situación de déficit, como asumió Arrasate en la previa del encuentro. Osasuna no fue capaz de voltear esta situación y continúa metido en la zona de abajo, algo que ya debe incomodar cuando se han disputado nueve puntos y solo se ha conseguido uno. Hay premios que ya no vuelven.

En otro encuentro con una minúscula hoja de servicios en ataque, numerosos apuros en defensa y desaparición de juego en el centro del campo, la principal sensación que quedó es que el Granada ha iniciado con mejor marcha el campeonato y que Osasuna se sitúa lejos de una versión que le permita optar a ganar. Una imagen floja, decepcionante, preocupante si se pesa en términos de réditos en la clasificación.

El conjunto rojillo llegó a este encuentro con exigencias, como corresponde a quien no ha ganado todavía, aunque sean las dos primeras jornadas, y como expuso y reconoció el propio entrenador, en un irreprochable ejercicio de autocrítica, que debió de subir de tono en el descanso tras un primer tiempo pésimo por parte de Osasuna. Los rojillos vivieron una sangría particular protagonizada por Adrián Ramos, que a los siete minutos ya había marcado. El delantero colombiano se hartó de rematar en un primer acto en que a Osasuna le pillaron con facilidad pasmosa la espalda por los flancos. Siempre recibiendo en soledad por la banda, sin presión alguna también en el centro del campo, el Granada protagonizó una primera media hora fantástica. Cómodos en todos los terrenos del campo, el equipo de Diego Martínez disfrutó de otros cuatro remates, además del gol, que estuvieron a punto de firmar la carnicería.

Muy plano, a merced de su rival, no hubo noticias de Osasuna en ataque. Tan sólo dos acciones protagonizadas por Juan Villar, una de ellas de auténtico peligro previa combinación con Rubén García, intentaron dulcificar la fea imagen de los rojillos en el primer acto. Espesos casi siempre en todas las facetas del juego los rojillos, menos avispados también en las segundas jugadas y rechaces, el Granada terminó su puesta en escena con méritos suficientes en la primera parte como para haber tenido una renta mayor en el marcador.

Osasuna, alabado por su anterior técnico en los prolegómenos, presentó una alineación de nuevo con variantes. La principal novedad fue el relevo en la portería, donde Juan Pérez, más que correcto en las dos primeras jornadas de Liga, dejó su sitio a Rubén Martínez. El debut del veterano cancerbero tras recuperarse de su lesión resultó una evidente muestra de reparto de galones. Imanol García en el eje y Xisco en el ataque, otros dos debutantes en el equipo titular, también entraron para recomponer uno el centro del campo y encender la delantera el otro. Al portero le dieron trabajo de sobra en la primera parte y se apuntó una intervención de mérito en un lanzamiento de falta de Vadillo en la primera parte, otro en el expediente rematador de los locales.

Mejor el Granada en la primera parte, Osasuna dio los obligados pasos adelante para ponerle más tensión al partido, ocupar otras zonas en el campo y crear por fin apuros al equipo local. Un disparo de Rubén García obligó a la primera intervención del portero del Granada, inédito hasta ese instante, a los diez minutos de la reanudación. Arrasate alimentó el juego ofensivo con la inclusión de Brandon en el campo, pero no hubo ni margen para que surtiera efecto porque en la jugada siguiente a Osasuna le castigaron con un penalti. Fue Imanol García el que coló el pie para despejar el balón sin mirar el retrovisor y atropelló la pierna de un rival. Vadillo no falló y quedó casi todo sentenciado. Ni el efecto Martínez, perder la renta para terminar empatando, parecía que podía hacer acto de presencia frente a un Osasuna tan ramplón e inofensivo, con problemas en defensa y sin ideas claras.

Zarandeado por su rival, con dudas, Arrasate prefirió atar la zaga con la entrada de Lillo para afrontar los veinte minutos finales con más poderío atrás y, quizás, capturar algo por arriba. Así anda este Osasuna, apretando tuercas por todas partes -se pasó a jugar con tres centrales-, cuando en el inicio del campeonato se esperaba un ajuste mejor.

Estuvo más cerca del área rival Osasuna en los últimos minutos, pero siempre lejos de haber incidido en la historia del encuentro, en el marcador. Y van tres jornadas.