Lidón Soriano y Patricia Amigot DIRigen EL CURSO

“Estamos desnaturalizando desigualdades, pero en el deporte queda mucho por hacer”

Lidón Soriano (izquierda) y Patricia Amigot (derecha), ayer en Zizur. (Iban Aguinaga)

El Ayuntamiento de Zizur abrió ayer el telón la primera de las cuatro jornadas de un curso de verano de la UPNA sobre Mujer y Deporte, con múltiples enfoques y ámbitos

Martes, 4 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

PAMPLONa - Lidón Soriano, licenciada en Educación Física, Fisioterapia y Enfermería, y Patricia Amigot, licenciada en Psicología y que trabaja en el departamento de Trabajo Social de la UPNA, abordaron desde ayer en la sala multiusos del consistorio de Zizur un tema con muchas aristas, complejidades y de una relevancia enorme en el presente. Caldo de grandes discusiones que están tambaleando estereotipos del deporte de élite, Soriano y Amigot reunirán a distintos profesionales hasta el jueves con el objeto de subvertir la desigualdad de género en el deporte.

La audiencia de la final femenina de fútbol del Mundial sub-20 entre España y Japón congregó un 8,8% de cuota de pantalla. Fue la retransmisión más vista del día por TDT. Una apuesta así tiene su resultado, pero se apuesta poco por ello.

-Lidón: El problema es que a las mujeres, que tenemos unas características anatomomorfológicas y fisiológicas diferentes a los hombres, se nos mide con los mismos estándares, con las canastas a la misma altura, iguales distancias a recorrer... Nuestras prestaciones físicas no son las mismas, por lo que no podemos dar el mismo show. Esto es así. Hay que adaptar las estructuras deportivas a las características fisiológicas de las mujeres. En la regata de traineras de la Bandera de la Concha se equiparó por primera vez los dos premios y surgió la controversia de que si ellas optaban al mismo premio, debían remar lo mismo. Eso no sería equitativo. El hombre posee un índice de masa muscular del 15 al 18% que la mujer en iguales condiciones de entrenamiento.

En los últimos dos JJOO España ha obtenido más medallas en deporte femenino que masculino pero eso no se ha traducido en una mayor visibilidad o apoyo institucional.

-Patricia: El deporte femenino tiene que hacer frente desde el principio a un prejuicio, que la mujer es menos capaz de llevar a cabo actividad física, y eso es un perjuicio enorme. Esto implica que han estado excluidas, con mucha menos visibilidad y mucho menor reconocimiento material, que se traduce en las cuantías de los premios, en las promociones, en el desarrollo de una carrera profesional... Lo que pasa en los Juegos es curioso porque como hay un ámbito femenino y masculino, adquieren bastante más visibilidad las deportistas que a lo largo del curso habitual. Pero también vemos que no se valoran los logros de la misma forma o que cuando aparecen representadas en los medios, se tiende a acentuar determinados elementos estereotipados de feminidad. Se habla más de su vida familiar, de su apariencia, algo que sigue mermando y restando valor a sus logros.

Precisamente la Universidad de Cambridge hizo un estudio a l respecto de la desigualdad y el desvalor de las deportistas olímpicas en Río. Aunque lleven año tratando darle la vuelta, ¿hay algún brote verde?

-P: Vivimos un contexto social muy interesante, donde estamos desnaturalizando desigualdades, que hay desigualdad entre hombres y mujeres es una constación obvia y hace años no era así, casi había que partirse la cara para demostrarlo. Esto genera una cierta tensión entre la desigualdad generalizada y todos los cuestionamientos y prácticas que quieren subvertirla. Ahí nos encontramos con grandes avances en términos de movilización social y de políticas institucionales que fomenten la igualdad.

-L: Falta todavía mucho por hacer. Por ejemplo, el embarazo para la mujer deportista no es ya una merma, sino casi una penalización. Muchas de ellas pierden becas, se les quitan patrocinios. Falta, pero con visibilidad, hay pequeños logros.

-P: Que institucionalmente se aborde esto con seriedad desde el Ayuntamiento de Zizur, o desde el Instituto Navarro de Deporte y Juventud que, en los dos últimos años, ha hecho dos diagnósticos y un plan relacionado con mujer y deporte, es indicativo ya de un brote verde.

¿El deportista profesional es también consciente de la desigualdad o prefiere mantenerse al margen y no implicarse en la transformación?

-L: Siempre hay que dar un toque de atención. Una atleta navarra comentaba en una entrevista que había perdido la mitad de la beca durante el embarazo y su compañero, que había sido padre en las mismas fechas, no fue consciente hasta que ella lo verbalizó. Son muchos años sufriendo esa desigualdad, por ejemplo, en tatamis donde como mujeres nos ponían muchas veces a competir en las esquinas del polideportivo, en zonas sin público, a malas horas. Y eso se había visto como algo normal hasta ahora. Era como para que nos calláramos y nos conformáramos. En la sociedad, y el deporte es un reflejo más, no se es consciente del sistema patriarcal de poder, hasta que no lo verbalizas y entonces caen en la cuenta, y hay pocos hombres que se consideren feministas y actúen como tales.

-P: Activistas hay muy pocos (risas).

El aficionado o el público apenas se cuestiona la vertiente de la salud que afecta a una deportista de elite y que van a abordar en el curso.

-L: No se lo plantea el público, ni muchas veces las propias mujeres. He tratado a varias deportistas que han sido madres. Durante el embarazo solían decirles que a los seis meses seguro que ya estaban compitiendo, y ellas así lo pensaban, pero cuando lo decían no eran conscientes de todo lo que supone esa etapa: el postparto, la adaptación a la nueva vida, la montaña rusa hormonal... En deportistas jóvenes, nulíparas se está dando una enorme disfunción en la esfera del suelo pélvico, porque el deporte supone mucho impacto, muchas hipopresiones, y las mujeres somos anatómicamente diferentes a las hombres. Ellos pueden hacer mucho trabajo de fuerza y de carrera que puede ocasionarles una sobrecarga muscular o una alteración articular sin más repercusión. Nosotras tenemos el agravante de toda la esfera pélvico perineal y la cantidad de disfunciones es tan grande y a edades tan jóvenes... En 2002, un especialista, Eliassom, estudió al equipo sueco de saltadoras de trampolín de elite. Determinó que el 80% tenían disfunción de suelo pélvico, con una media de 15 años. Son problemas que no se suelen manifestar. Tienes una contractura y lo dices, pero si sufres un problema de incontinencia urinaria o un colapso no vas por ahí contándolo. Es una problemática que existe a unos niveles muy altos, sobre todo en deportes relacionados con impactos, como la gimnasia, y que nunca se ha abordado, porque hemos copiado los métodos de entrenamiento masculinos sin tener en cuenta esos parámetros. Una vez que ofrecí una charla en el Centro de Estudios, Investigación y Medicina del Deporte del Gobierno de Navarra, uno de los especialistas que asistía a la misma reflexionó sobre esto y decía“¿a cuántas mujeres no habremos tratado nosotros precisamente porque ese asunto no se ha verbalizado ni a nosotros se nos ha ocurrido preguntarlo?”. Son unos índices tremendos. El ratio de disfunción es de 1 en cada 3 mujeres y eso se multiplica en el deporte.

-P: Esto tiene que ver con lo que en ciencias sociales llamamos androcentrismo, tener un esquema de lo humano que es masculino. En el centro ponemos la experiencia y fisionomia masculina, y pensamos que son los parámetros universales y normales. Pensamos en un cuerpo humano y lo vemos más con características de masculinidad. Eso pasa en todas las esferas.

Todo lo que rodea al deporte tampoco contribuye a subvertir esa desigualdad. Me refiero a la cantidad de periodistas masculinos en puestos de responsabilidad o mujeres que ejercen de azafatas en ciertos deportes.

-P: Las mujeres tienen una presencia en el deporte que muchas veces se identifican con meros objetos de decoración, con toda la polémica de las azafatas está clarísimo. Pero no sólo eso, en términos de género, desde la antropología y la sociología, el deporte es un ámbito en el que se hace género. Se construyen y refuerzan parámetros y mandatos de masculinidad. El fútbol está muy relacionado y connotado con características estereotipadas de la masculinidad, como la agresividad y la fuerza. Se considera que es uno los últimos ámbitos en los que más difícil son de deshacer esos estereotipos que marcan las formas de ser hombre y de ser mujer. Los estereotipos tradicionales de género sitúan del lado de la masculinidad la fuerza y la agresividad y la inhiben en el lado de las chicas. Esto dificulta muchas veces que las chicas se identifiquen con deportes tradicionalmente masculinos, porque están connotados con características que muchas veces no les corresponden, con las que es difícil que se identifiquen. Y luego ya no hablemos de las derivas que pueden tener de dinámicas sociales o políticas, con violencias. Es un ámbito hegemónicamente masculino. - E. Conde

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