Música

Buen viaje

Por Teobaldos - Miércoles, 5 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

E ste año la semana de música estellesa ha tomado como una especie de leitmotiv, los viajes de la música. Ciertamente si algo traspasa las fronteras, sin problemas de idioma, si algo se nutre de todas las influencias posibles, vengan de donde vengan, eso es la música. La idea se concreta en el viaje que hizo Telemann de Hamburgo a París -real y documentado-, a través de Bélgica -esto, más incierto-;y un imaginario y recíproco encuentro entre compositores. Los cuatro intérpretes filosofan un poco, con la idea del viaje, y nos van contando que “viajar es ver las cosas con los ojos de otros”, que “no viajamos para cambiar de lugar, sino de ideas”, o que “viajamos para descubrirnos a nosotros mismos en otros paisajes”. Siempre “haciendo camino al andar”, claro. Bien. El grupo es excelente. Con los conjuntos de música antigua pasa como con los vinos: ya no hay vino malo, sino buenos y mejores. Barroco Tout cumple con todos esos requisitos de técnica, afinación, estilo, tiempos ágiles que obligan a desarrollar un virtuosismo bien superado, programación de autores consagrados y otros desconocidos… Entonces, ¿cuál es la aportación de estos cuatro entusiastas músicos para que nos fijemos en ellos? Al comienzo, el sonido nos sorprende un poco: la flauta travesera -de madera, sin llaves, barroca- aporta una redondez agradable, pero sale poco, parece que vamos a echar en falta un violín primero, o un sonido más incisivo. Pero, a partir del segundo compositor (Maldere), ya nos hemos metido en esa sonoridad, algo distinta y propia del conjunto, y que tiene la ventaja de que el resto de instrumentos sobresalgan, con una sonoridad cuidada y original. Eso es lo que más cuenta. Carlota García -traverso- luce un sonido carnoso siempre, su fiato - o sea la fundamental dosificación del aire- es tranquilizador para la exigencia de sus largos fraseos, en los tiempos más lentos, (Van Maldere o Delange, por ejemplo), y en la acumulación de notas en los allegros. Izana Soria -violín-, de sonido nada dulzón, respeta absolutamente a la flauta, y le hace unas réplicas muy hermosas, en el largo de Maldere, o en Laclair, por ejemplo, con un dúo precioso;además, claro, de sus intervenciones a solo en las fugas. Edouard Catalan, -violonchelo- también aporta su magnífica concepción del sonido del chelo: lo toca con un desparpajo exuberante, siempre muy suelto, atacando con rotundidad y claridad, tanto en la digitación como en el movimiento del arco, y, a la vez, aportando una base potente de bajo continuo. Sus tramos de virtuosismo, absolutamente espectaculares. Ganaël Schneider, al clave, eficaz, armando el estilo de la época. El resultado del conjunto es una sonoridad brillante, pero redondeada, a la vez, por la flauta;un punto bellamente áspera, nada manida, y de reminiscencias de órganos barrocos. Un bis, premió los aplausos del público a un concierto que, resultó circular;como todo viaje, que terminó donde comenzó, Telemann.