cartas al director la carta del día

De la señora Esporrín y de los límites de la política

Un texto de Joseba Asiron, alcalde de Pamplona-Iruña - Miércoles, 5 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Cuando acepté dejar temporalmente la enseñanza ya me advirtieron de que la política municipal es la más dura y la más encarnizada, porque es la más rocera. Y lo asumí. Luego, al ser investido alcalde, me mentalicé de que iba a ser objeto de todo tipo de críticas. Incluso me preparé para ser, cuando llegara la precampaña y la campaña electoral, objeto de ataques furibundos desde todos lados. Y lo acepté. Puedo aseguraros que no es agradable ver que tu condición “heterosexual y cisexual” es aireada públicamente como objeto de debate, como hemos visto hoy. Y, sin embargo, lo acepto con deportividad, y hasta debo confesaros que me he reído al ver el chiste de Oroz.

No obstante, la sonrisa se me ha borrado de raíz al leer lo que Maite Esporrín ha declarado hoy en rueda de prensa: que soy machista. Que trato peor a las mujeres que a los hombres. Por supuesto, no esperéis pruebas. No esperéis que acredite lo que dice con algo más que con lo que, a buen seguro, definirá como “sus propias sensaciones”.

Da igual que la crítica tenga que ver más con lo personal que con lo político. Da igual que atraviese el terreno de la crítica política y llegue a la persona, incluso a mi condición de padre, de hijo, de compañero, de educador. Da igual, incluso, que sea mentira y que quien lo ha dicho sepa que es mentira y sea consciente de que está mintiendo. Puestas en la balanza, por una parte, la posibilidad de faltar a la verdad de manera consciente, y por otra la posibilidad de abrir una veta en contra del alcalde al que quiero derribar, la concejala lo ha tenido muy claro.

Son muchas las cosas que podría contestarle, señora Esporrín, y algunas, seguramente, no le gustarían, pero puedo asegurarle que ninguna de ellas tiene que ver con su condición de mujer. Ninguna. Al igual que en ninguna de las numerosas polémicas que he sostenido con ud. ha pesado tal condición.

Quien esto escribe ha trabajado durante 24 años en un centro de enseñanza de en torno a 140 trabajadorxs, de las que seguramente más de un 80% son mujeres. Desempeñé allí, además, funciones directivas durante 7 años. En ese tiempo me tocó tomar muchas decisiones que afectaban directamente a la actividad profesional de hombres y de mujeres. Dudo mucho que pueda usted encontrar, de entre todas ellas, ni una sola mujer que sostenga que la traté con menosprecio por el hecho de ser mujer, o que traté con más miramiento, respeto o consideración a mis compañeros varones. Estoy hablando de docenas y docenas de mujeres, señora Esporrín, sin duda más de 100 a lo largo de 24 años. Es un muestreo estadísticamente muy amplio.

Algún día volveré a la enseñanza, sra. Esporrín. No me considero un político profesional ni aspiro a medrar dentro de un partido, de puesto en puesto y de institución en institución, de por vida. Me gusta la enseñanza, disfruto en ella, y cuando vuelva a mi puesto de trabajo me reencontraré con buenos compañeros y, sobre todo, con compañeras y amigas a las que respeto profundamente como mujeres y como profesionales. Hace muy mal usted en intentar echar basura sobre todo ello, aprovechando que le facilitan un micrófono, una cámara o un titular.

Y le voy a dar una noticia. Ya le he dicho que he sido profesor durante 24 años. Teniendo en cuenta que, por término medio, cada año pasaban por mi aula 3 nuevos grupos con cerca de 30 alumnxs por aula, es fácil calcular que he sido profesor de una cifra que supera ampliamente las 2000 personas. Y que la mitad de ellas, unas 1000, deberían en buena lógica ser mujeres. Les he dado clase, les he examinado y evaluado. Seguramente algunas terminarían contentas con mi papel como profesor, y otras no tanto. Pero eso sí, señora Esporrín, ninguna de ellas, nunca, JAMÁS, me ha achacado un trato injusto por el hecho de ser mujer, ni que tratara mejor a sus compañeros varones. Ninguna me ha achacado el comportamiento que usted, sin apenas conocerme ni tratarme, y sin ningún tipo de pruebas, me achaca. No todo vale en política, señora Esporrín, y cosas como esta no engrandecen el desempeño de esta actividad.

Y no le voy a decir más porque, más allá de que hoy me haya usted defraudado profundamente, creo que es esta una polémica inútil, en la que no creo que tenga que perder más tiempo. Mi hija y mi hijo han regresado de su primer día de universidad, y quiero reunirme con ellxs y disfrutar de su compañía. Pensar que ambos pueden llegar a vivir en una sociedad más justa e igualitaria, con un futuro profesional en que se les valore como personas y no en función de su género, es muchísimo más importante para mí.

En cuanto a usted, compañera concejala, considere seriamente la posibilidad de que, al pretender mentir a la gente sobre cómo es este alcalde, haya conseguido, en realidad, dar una lección demoledora de cómo es usted.