la carta del día

Gracias al cine, mujeres y un museo nacional

Por Beatriz Bermúdez Rothe - Jueves, 6 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Tuve el honor y el privilegio de conocer el Museo Nacional de Brasil de la mano y guía de dos mujeres excepcionales: Berta Ribeiro y Claudia Meneses. La primera de ellas, Berta, trabajó en el Museo desde 1950 hasta mediados de los 90, y al igual que Claudia, estuvo vinculada a la creación y conducción del Museo del Indio de R.J., institución museística que ardió bajo otro tipo de fuego. Ambas han ejercido una gran influencia en mi vida personal y profesional, como antropóloga y cineasta, y como mujer comprometida con la lucha de los derechos de los pueblos indígenas.

Berta podría haber dirigido doctorados en resiliencia. Sobreviviente de una familia rumana perseguida en Europa por judía y en Brasil por comunista, vivió experiencias tan dramáticas que nuestro exilio parece un cuento de hadas. Ella, junto a Darcy Riberiro, quien fuera su marido hasta 1974, vivió como exiliada en Venezuela en 1968 después del golpe militar de Brasil en 1964. Berta sentía un especial afecto y gratitud por Venezuela.

Conocí a Berta y a Claudia en 1987, cuando viajé por primera vez a Río de Janeiro invitada al II Festival de Cine y Video de los Pueblos Indígenas. Festival organizado por CLACPI y por el Museo del Indio, ambos bajo la dirección de Claudia. Después del festival, Berta me invitó a quedarme en su casa y organizó para mí una serie de “visitas técnicas” -como ella las denominó- al Museo Nacional. Visitas que duraron un poco más de una semana. Durante esos días, juntas recorrimos las salas del Museo, principalmente aquellas vinculadas con la antropología. Con paciencia y mucho amor por lo que hacía, Berta me instruyó sobre la manera en que las piezas eran clasificadas y catalogadas;sobre las técnicas de conservación y exhibición utilizadas, así como también sobre la documentación que apoyaba todos estos procesos. Para entonces ella preparaba la publicación de Urgente Amazon: Cinco siglos de historia y la ecología. Una propuesta de museo sobre el Amazonas cuya vigencia golpea aún la inconsciencia de quienes son los responsables políticos de una destrucción tan terrible como la de mil museos incendiados.

Creo que de todo lo que entonces vi con Berta en el Museo Nacional, nada me impresionó tanto como la colección de arte plumario indígena. La belleza y exuberancia de sus piezas, en mi opinión, es algo que ni las joyas más exquisitas de oro y piedras preciosas, pueden igualar.

Años después me pregunté muchas veces si lo visto había sido un sueño.

Por esa razón, la última vez que estuve en Brasil, también a causa del cine, quise comprobarlo. Fue en 2009, cuando me invitaron como jurado del Festival de Cine de Ceará. Ocasión que aproveché para contactar con Claudia Meneses, a quien no veía desde 1992. Berta ya había partido de este mundo hacía más de 10 años. Así que después de Ceará, fui a Salvador de Bahía y de allí a Río. Claudia me esperaba en el aeropuerto. Era como si los años y el silencio nunca hubiesen tenido lugar entre nosotras. Era la misma entrañable y vibrante mujer. Apenas medio logramos ponernos al día, le pedí que me llevara al Museo Nacional. Quería volver a recorrer sus pasillos y ver de nuevo aquella colección. Mi visita con Claudia fue una cátedra sobre la historia del museo, sobre su origen imperial y el origen de sus colecciones. En ese momento, la colección de plumas estaba en el área de conservación y su acceso era restringido, aun así, y gracias a su intervención, pude ver algunas de las piezas y comprobar su magnificencia ¡No había sido un sueño. Aquella maravilla existía realmente! Aunque el museo lucía descuidado, Claudia aprovechó para mostrarme una colección de arte indígena procedente del lago de Tacariagua que el Gobierno de Venezuela había obsequiado al de Brasil a principios del siglo XX. Arte que el país no conoce, no conoció, y quizás nunca vuelva a ver. Piezas únicas como las del Perú incaico, las argentinas o egipcias. Por eso no creo que sólo sea Brasil y su gente quienes estén de duelo. Duelo que duele, gente, selvas y museos que desaparecen...

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