Editorial de diario de noticias

Otro precio histórico de la luz

El recibo alcanzó ayer miércoles su mayor coste anual y el cuarto de la historia, consecuencia de una privatización de la energía en manos de un oligopolio encubierto y permitido que además cercena el desarrollo de fuentes alternativas

Jueves, 6 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

el enojo de los consumidores alcanza una vez más niveles estratosféricos tras conocerse que el precio de la luz experimentó ayer su máximo anual y, según la federación de asociaciones de consumidores Facua, el cuarto más alto de la historia. La indignación social estará justificada porque el precio de la luz no da tregua y sigue registrando niveles máximos impropios de esta época del año. En realidad, sube sin parar llueva o no llueva, haga frío o calor, sea invierno o verano... Un escándalo en toda regla ante el que el Gobierno de Sánchez se limita a insistir en que está elaborando una nueva reforma del mercado energético, la enésima desde que hace casi tres décadas se privatizara la energía con resultado penosos para los consumidores. Porque el precio de la luz en el mercado mayorista -un megavatio hora (MWh) se ha situado este miércoles en los 74,58 euros, récord de 2018 y un registro desconocido en este mes desde hace una década-, supone apenas un tercio del recibo eléctrico, al que se añaden los costes de mantenimiento de la red y los impuestos y tasas, conceptos sobre los que el Ejecutivo central tiene margen de maniobra. La cuestión es que los mismos gobiernos de PP y PSOE que auspiciaron una liberalización ficticia por falta de verdadera competencia respecto a los precios -con la circunstancia agravante de que otorga a las compañías el asidero del déficit tarifario mientras presentan beneficios superlativos-, trata en esta materia como estrictos contribuyentes a unos ciudadanos a los que debiera asistir el derecho a una existencia mínimamente confortable por poder acceder a la energía en unos términos razonables. Una garantía que, por ejemplo, en Francia e Italia quedó preservada por constituirse el Estado en principal accionista de eléctricas de referencia y que en el Estado español debe paliarse con un mayor intervencionismo público en el mercado. Desde luego, también con una apuesta, ahora cercenada, por las energías alternativas en un territorio profuso en viento, sol y también agua, el elemento que procura una electricidad más barata. La resultante es que en medio de un verano caluroso, como en invierno ante una incisiva ola de frío polar, se dispara el coste energético en los hogares, lo que se traduce en una pérdida de calidad de vida y la restricción de actividades necesarias en el día a día de las personas. Consecuencias de la infausta dictadura de un oligopolio energético encubierto y permitido.

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