Pensiones y pensionistas

Alejandro Ciarra Irurita - Viernes, 7 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

En una época no muy lejana -finales del S. XIX, principios del XX- en Europa, los gobiernos les dijeron a sus ciudadanos trabajadores: “Si cotizáis durante 40 años, tendréis una pensión vitalicia de acuerdo con las cantidades cotizadas”.

¡Y todas aquellas generaciones de ciudadanos trabajadores que empezaron a cotizar a los 14 años y se jubilaron a los 65, aportaron durante medio siglo! (habría también que contar a todos los que, después de una larguísimas vida laboral, fallecen nada más jubilarse). Entonces, todo gobierno que incumpla ese su propio acuerdo será un defraudador-estafador para con los ciudadanos trabajadores con los que no cumpla el acuerdo por el propio gobierno propuesto. Y ese acuerdo ofrecido-implantado por gobiernos influidos-vigilados por el capital-derechón de turno, estaba muy bien calculado para el beneficio empresarial capitalista.

Por otra parte, el fraude-estafa no sería solamente el empezar a reducir hasta la extinción las pensiones, pues ya hay fraude-estafa, y muy grande, en el hecho de intranquilizar a los pensionistas con noticias en prensa, radio y TV relacionadas con toda clase de amenazas a las pensiones.

Otro fraude-estafa es llamarle gasto, porque si los ciudadanos trabajadores ya las han aportado en forma de cotizaciones al erario, el nombre adecuado sería reintegro. Gasto es el militarismo-armamentismo (concordato OTAN), el clericalismo (concordato Franco-Vaticanista), el monarquismo (reyes de Franco), el policialismo, el guardia-civilismo, el corruptismo de “los sucesores ideológicos y herederos materiales del franco-fascismo 36” (los “rajoyanos” que ya no están) y todo el corruptismo en general. Esos son gastos.

Casi todos los jerifaltes, capitostes o mandamases, cuando hay alguna estrechez económica, “apuntan” al ciudadano trabajador. ¿No habría que “apuntar” en otra dirección, como hicieron los marineros del Potemkim?

Otro fraude-estafa: cuando un ciudadano decide hacerse empresario y pone un negocio, si le va mal, las pérdidas las asume él. En cambio, si el empresario es -verbi gratia- un banco, entonces hay que “rescatarlo” y las pérdidas las pagamos todos los “de abajo”.

O todo esto cambia o aquí -intuyo- habrá ¡por fin! una “Revolución Francesa 1792”.

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