Música

Persas

Por Teobaldos - Sábado, 8 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

‘de toledo a isfahan’

Intérpretes: Le Concert Persan y Lachrimae Consort Paris, formados por Sara Hamidi, canto;Pouya Khoshravesh, kamanjah;Mani Khoshravesh, ney;Philippe Foulon, lyra violine;Lucile Fauquet, violonchelo-contrabajo;Mauricio Buraglia, tiorba;Pierre Riagapoulos, percusión. Programa: cantos y danzas persas;anónimos españoles del siglo XV y XVI;La Spagna de Diego Ortiz;Lamento de Ariadna (fragmento) de Monteverdi;Chacona de Juan Arañés. Programación: Semana Música Antigua de Estella. Lugar: Iglesia de Santa Clara. Fecha: 5 de septiembre de 2018. Público: lleno de no hay billetes (12 euros).

Se creó una expectación extraordinaria, con las entradas agotadas, ante la programación de músicas lejanas -Irán- y su maridaje con las nuestras -Monteverdi, glosas, chaconas-. El eterno reencuentro -tan difícil de lograr- entre Oriente y Occidente. La prueba, este concierto: la parte de música persa fue fascinante;la que nos toca más de cerca, apenas pasó sin pena ni gloria. Predominó el virtuosismo, la delicadeza, el sentimiento y garra de la música iraní, a la que se arrimaban, con detalles, desde el ensemble occidental. Descubrimiento de timbres exóticos en la flauta oriental (ney), en el laúd o viola de gamba (se apoyaba en la pierna), que ellos llaman kamanjah y en la bendita voz de Sara Hamidi, cuyas inflexiones nos llevan, por hablar de alguna manera sobre una música que no conocemos, a un flamenco refinado y espiritual, que, también, derivará -la propina por ejemplo- al jazz. En definitiva, mágicas evocaciones de fusiones, convivencias, viajes e influencias universales.

La música, y el arte en general, donde sí se dan los encuentros entre civilizaciones distintas. Sara Hamidi tiene una voz muy hermosa, con cuerpo, con colorido recio y carnosidad, a la vez que luminosa, muy cálida, mezclando autoridad de proyección y sensibilidad amatoria, en unas canciones que nos hablan, de amor, de vida y hedonismo, y, también de pérdida, claro. Porque, a pesar del estereotipo iraní, adusto, que hoy se nos brinda -de gris y negro-, nada como la poesía persa ha cantado el carpe diem. Por ejemplo: “Con los rizos al viento / perlado de sudor, riente y ebrio / camisa desgarrada, entonando una oda y la copa en la mano / los ojos pendencieros / la ironía en los labios / a media noche, en mi lecho se sentó…” (Hafez Shirazí (s. XIV), Ediciones de Oriente y el Mediterráneo, 2001. La fórmula de los temas ofrecidos es la de una introducción expectante primero, y de gran virtuosismo, después, en los instrumentos autóctonos, preparando la entrara de la cantante. Asombroso el colorido que Mani Khoshravesh saca a la flauta: por una parte, un sonido lejano, tapado, en matiz “pianísimo” y grave, que crea esa atmósfera de las mil y una noches;por otra, el virtuosismo de la digitación de una flauta de pico barroca;también con distintas intensidades. No menos sorprendente, el manejo del kamanjah (laúd) de Pouya Khoshravesh, del que obtiene un sonido mínimo incipiente, para ir a una muy virtuosa digitación en la zona aguda, que contrasta con la rotunda y honda percusión. La percusión es otra de las aportaciones fundamentales de esta música;ciertamente, te mete el ritmo en el cuerpo. Se lució Riagapoulos y el contrabajista, que, en la propina tocó el pandero con espectacular exhibición. Aunque, como va dicho, es la voz de Sara -que también cantó muy bien Monteverdi- la que mejor nos acuna en la ondulada melodía persa. Música, pues, no tan extraña;como la poesía, no tan lejana de San Juan de la Cruz. El público, en pie.