la carta del día

La presa de Santa Engracia y las EEI

Por Jokin Larumbe - Sábado, 8 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

en la polémica sobre la presa de Santa Engracia se pudo leer recientemente el absurdo argumento de que la ausencia de agua estaba permitiendo la proliferación de las Especies Exóticas Invasoras (EEI). Pues si se tienen que dar argumentos tan falsos es síntoma claro de que faltan de los otros.

La proliferación de las EEI es reconocida hoy como la segunda pérdida de biodiversidad a nivel mundial. Y además genera no pocos problemas, sociales, económicos, sanitarios… No hay sino ver a avispones, mejillones cebra, siluros, y tantos otros problemas que nos generan, y lo gravosos que pueden ser para todos. Es, por tanto, un tema con el que no se debe jugar.

Las EEI sobre las que nos alertan todas las instituciones se expanden más y mejor por paisajes simplificados, y si precisamente ahora tenemos los problemas que tenemos es porque hemos simplificado el medio hasta hacerlo homogéneo para una especie nueva que encuentra las condiciones precisas y extendidas.

Y el tema de los ríos es si cabe más especial, pues muchas de las especies exóticas se tienden a ligarse a los ríos, ya que el agua no deja de ser un recurso vital también para ellas, en un paisaje nuevo.

Así que no hay mayor freno para una expansión en un lugar nuevo, particularmente en un río, que una biodiversidad rica y compleja, es decir, natural, con sus curvas, meandros, pozos, rápidos, vegetaciones diversas, distintos lechos, etcétera. Y al revés, si en un río montaraz o de curso medio hacemos una presa que lo convierte en algo continuo y uniforme, las EEI se expanden fácilmente, pues es evidente que los ríos estanquizados ofrecen un medio mucho más homogéneo y una oportunidad única de naturalización y expansión. Ciudad y río estanquizado es para ello un cóctel ciertamente peligroso.

Uno de los problemas que se observa en algunas ciudades donde pasaba un río es precisamente que tras la constitución de presas y azudes estos ríos se convierten en una sucesión de láminas estables e iguales, y, además de otros problemas de gestión de inundaciones ya conocidos, en ellas las especies exóticas hacen su agosto y se expanden como la pólvora afectando además al resto del río y a la propia población. Es por tanto éste otro de los motivos por los que las ciudades trabajan en la renaturalización de sus ríos.

¿Y Pamplona? Pamplona es un buen ejemplo de cómo el Arga a su paso se ha convertido en una sucesión de piscinas que debieran naturalizarse. En ellas prosperan todo tipo de bichos: tortugas de florida, peces gato y hasta pirañas se han encontrado ocasionalmente en sus aguas. Las zonas estancadas son un vivero extraordinario para los mosquitos exóticos y otros insectos que, cuando mañana entren, pueden representar un peligro sanitario nada desdeñable. ¿Esta es la Pamplona que queremos?

La naturaleza se ha encargado de facilitarnos la labor. Una vez rota, la reconstrucción de la presa de Santa Engracia es desde luego contraria a cualquier sentido ambiental general y de gestión de inundaciones. Eso lo sabemos todos y los técnicos son unánimes. Pero si algún argumento es precisamente débil y especialmente doloroso porque se está jugando con fuego y confundiendo a la opinión pública es el de las Especies Exóticas Invasoras. Digámoslo alto y claro que para eso estamos en el siglo XXI y la gente lo debe de saber: las presas facilitan la proliferación de todo tipo de especies exóticas invasoras, en Pamplona y en cualquier otra parte. De nosotros depende decidir si es un riesgo que podamos y debamos asumir.

El autor es biólogo