Catalunya y la prospectiva política

El 11 de septiembre será recordatorio y anticipo del problemático otoño político catalán. Mientras el PSOE intenta ganar tiempo y la derecha se abona al 155, el juicio a los políticos independentistas en prisión se acerca.

Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Diada de Catalunya a la vista. Será la séptima multitudinaria desde 2012. La primera de la no república. La segunda donde es noticia el desplazamiento de antidisturbios. En este marco, el independentismo ha hecho encaje de bolillos al reclamar de nuevo un referéndum pactado frente al ofrecimiento del Gobierno español de un nuevo Estatut. Así las cosas, el estado anímico del independentismo que creyó tocar la república con la punta de los dedos es variado. La fuerza del 1-O estribó en su carácter colaborativo, pero el partidismo enseguida provocó las primeras fisuras. Después la improvisación hizo el resto.

Las elecciones del 155 dejaron un tablero complicado cuando no contradictorio, que hay que saber y querer leer en todos sus matices. El independentismo corre riesgos por falta de realismo, pero también por decir una cosa y casi la contraria. Llama la atención por ejemplo el más que notorio cambio de discurso de Joan Tardà, diputado en el Congreso por ERC, y practicante de la brusquedad hace un año y ahora. Demasiada evolución en demasiado poco tiempo, para dotarse de una enorme autoridad. Las formas toscas y cortantes de Tardà contrastan con la templanza del recién dimitido Xavier Domènch, hasta ahora secretario general de Podemos en Catalunya, y coordinador general de en Comú Podem, que sorprendentemente ha dimitido de todos sus cargos para volver a la vida universitaria, dejando tras de sí la sensación de la dureza de ejercer el generalato en una parte de la izquierda abonada a los desencuentros internos.

Pero esta izquierda es clave para decantar el conflicto. La reivindicación de un referéndum bajo el derecho a decidir es la posición inmensamente mayoritaria de la sociedad catalana, pero se rebaja enormemente con la condición de que sea acordado, condición que ponen los comunes. Con el PSOE en la Moncloa un acuerdo en esos términos sigue siendo una quimera. Igual que con Rajoy. El proyecto que Pedro Sánchez presentó a Felipe VI en julio de 2017 está en clave de “renovación nacional”.

marco conocido El nuevo tono del sanchismo es el antiguo talante de Zapatero. Seductor pero contradictorio y vaporoso. Si bien esas nuevas formas soplan de momento a favor, y podrían servir para ir a unas elecciones anticipadas por delante en las encuestas. Desde la perspectiva de un votante de centroizquierda, Sánchez está aún por estrenar y parece tener química con Pablo Iglesias. En su regreso a la arena política Iglesias ha reforzado la transmisión de solidez del Ejecutivo. Esta entente, políticamente muy relevante, ganará calado a medida que dicha confianza tenga recorrido en el tiempo y el voto de la derecha se intuya erosionado y dividido. En su deriva territorial el apoyo de Unidos Podemos entreabre una ventana al PNV, con sinergias con ERC y PDeCAT.

Sin embargo, aún hay demasiadas puertas tapiadas. Cuando la portavoz del Gobierno Sánchez, Isabel Celaá advierte de que el Congreso rechazará una vía soberanista del Estatuto vasco devuelve la política a 2006 y coloca el cepillo de Alfonso Guerra en el frontispicio. Ni independentismo ni soberanismo ni Estado plurinacional. La tentación centralista de pensar que bastaba la defenestración de Rajoy y su equipo para simbolizar la capacidad española de reforma, limitándose a cambiar viejos candados por otros nuevos, algunos en posiciones más populistas y radicales.

En cualquier caso, el conflicto por la soberanía en el Estado español va a continuar para largo. Con una derecha muy fuerte, una prensa conservadora creando agenda y un PSOE que parece haber conjurado el peligro de ser adelantado por Podemos, el Gobierno no va a pactar en términos de autodeterminación. Durante este año se ha comprobado además que la vía unilateral no genera la cohesión suficiente dentro de Catalunya, así que el bucle está servido, a la espera de un juicio de altísimo impacto político y social a la vuelta de la esquina. Un juicio a líderes del independentismo acaba siendo un juicio al independentismo, a un Govern de la Generalitat y al autogobierno. Lo cual es tremendo en sí mismo pero formaba parte de la lógica de una judicialización retorcida y escorada. Así que por más paños calientes que se pongan, viene un terremoto que exigirá a Sánchez algo más que tacticismo si de verdad apuesta por una solución basada en una profundización democrática.

fin del impase Catalunya se dispone a cruzar una travesía de efemérides de aquí al 21 de diciembre, al tiempo que en el Estado comienza la campaña de los cuarenta años de Constitución. Pero el hito crucial del otoño será el arranque del juicio con más carga política desde el 23-F y el Proceso de Burgos. Si la previsión de Jordi Cuixart hecha desde la prisión se cumple, las sentencias provocarán una profunda incomodidad en una parte importante del Estado. Hipótesis factible, por más que la pulsión del escarmiento confunda al nacionalismo español. Durante los próximos meses Catalunya seguirá siendo rentable para la derecha. Y con esa presión de sobra conocida, y un calendario electoral asfixiante el PSOE tendrá que gobernar. Por de pronto, los previsibles comicios andaluces de noviembre serán un obstáculo más para una política de concreción desde Moncloa.

pasado, presente y futuro El conflicto catalán requiere perspectiva y prospectiva política, y un esfuerzo de honestidad intelectual. Sin voluntad alguna de pactar un referéndum que incluya la posibilidad de la independencia, sometida a unas condiciones, no se gobierna para todos los catalanes, sino para una parte minoritaria, contraria a cualquier acuerdo. Al mismo tiempo, con una independencia apoyada por un 51% no se construye un nuevo país.

La Diada de este martes, más allá de una previsible guerra de cifras, recordará que el problema sigue ahí, aguardando una respuesta de altura por parte del Estado. Y esto pasa en primer lugar por que Catalunya recupere cuanto antes a todos sus políticos y líderes de la sociedad civil. Los presos y los del exilio. Sería un primer paso, pero clave.