“visibilizar la diversidad sexual para avanzar"

Una mujer que ha volado alto y contra corriente

Amalia Romero posa sonriente en el quiosco de la Plaza del Castillo. (PATXI CASCANTE)

Amalia Romero se presenta libre y sin etiquetas. Ser mujer homosexual es una parte ‘nimia’ de su ser. Desde Harrotu invita a “salir de la cárcel” en la que viven a muchas mujeres.

Ana Ibarra | Patxi Cascante - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

pamplona - Amalia Romero daba la cara el día de la Visibilidad Lésbica -el pasado 26 de abril- en plena plaza Consistorial, junto a otros representantes municipales. Lideraba el compromiso de “fomentar la educación en la diversidad y erradicar discriminaciones”. El comunicado del Ayuntamiento denunciaba “todo tipo de lesbofobia institucional y social” y apostaba por “visibilizar la diversidad sexual para avanzar hacia una sociedad donde todas las personas podamos convivir en condiciones de igualdad en todos los ámbitos de la vida”.

Cualquiera que quiera contactar con personas homosexuales en esta ciudad no tiene más que entrar en Google que le redireccionará al número 28 de la calle San Gregorio, sede de Harrotu, el colectivo del que forma parte Amalia y que representa un avance en esa normalización social a la que aspiran personas con diferente orientación o identidad sexual. “Es un espacio donde puedes participar en diferentes cursos y acciones o proponerlas... un sitio donde socializarse con gente que siente como tú y compartir actividades de ocio. Yo estoy conociendo a gente tremendamente válida”, admite. Ella sabe que la homosexualidad femenina, al igual que la masculina, está cargada de clichés y tabúes, y se encasilla muchas veces con el estereotipo de mujer más masculina o de corte feminista radical, incluso rebotada de los hombres. “Es lo que ha establecido el sistema social. Hombre mariquita si es gay, y mujer camionera si es lesbiana. Yo me relaciono con muchas mujeres lesbianas y huimos casi todas de los extremismos y del radicalismo feminista. A mí me encanta tener amigos varones, nutren y enseñan mucho...”, reconoce quien, ante todo, se siente libre.

Amalia ha tenido las ideas claras desde pequeña: “Me he reconocido homosexual desde que tengo 12 años. Lo más habitual es serlo a partir de una experiencia, pero en mi caso fue lesbianismo puro”. Cómo olvidar aquel momento de su adolescencia en el que un vecino le explicó, con respeto, que era posible que a las mujeres les gustaran otras mujeres... Sabía de lo que hablaba. Sin embargo, hubo una etapa, hasta los 16-17 años en la que “me forcé a que me gustaran los chicos como al resto de mis amigas”. No duró demasiado. Recurrió a su inteligencia, dice, para “no negarme y responder a mi instinto emocional. Entonces renuncié...”.

Hasta los 29 años tampoco tuvo prisa por tener una relación. Sus prioridades fueron otras. Estudió Relaciones Laborales, después Psicología, especialidad de la que ejerció. A los 21 años tuvo el deseo de comunicar lo que sentía. “Cogí un día a mi padre y le dije: te quiero decir algo. Yo no me atrevía... pero él se adelantó: ‘¿Qué me vas a decir, que te quieres casar con una mujer en lugar de con un hombre?’. Fue un alivio y una liberación desde luego”. Desde entonces tiene claro que los padres “lo saben todo”. Por eso, cuando en Harrotu se encuentra con padres de 45-50 años que tienen miedo a tocar el tema con sus hijos, “yo les animo a dar el paso porque estoy convencida de que lo saben. Mi madre, por ejemplo, me dijo que me apoyaba, que estaban para ayudarme. Fue un regalo”.

Con 45 años ha alcanzado el estado de madurez y felicidad que deseaba, con uncharme de inteligencia, misterio y humor: “Lo que me encanta de ser mujer es que, siendo o no homosexual, no dependo de un padre o de un marido, dependo de mí misma. Tengo la misma capacidad que un varón;la inteligencia no tiene género, es inherente al ser humano”, admite quien ahora no tiene pareja.

La sociedad, admite, ha avanzado en el reconocimiento de la diversidad pero queda mucho camino por recorrer. “Me encuentro desde personas que se ocultan y cambian de camino para que no les vean en un bar de ambientegayfriendly,a casos como el mío, sin complejos”, explica. “Me doy cuenta que las mujeres lesbianas que no son tan jóvenes no terminan de atreverse... se esconden”. “En Pamplona hay muchas mujeres heterosexuales que aman a otras mujeres, y no son capaces de atreverse y vivir sus sentimientos. Yo les invito a que salgan de esa cárcel en la que viven y den rienda suelta al ser que llevan dentro, que sean felices”. Las más jóvenes en cambio tienen más fácil que cuando ella se inició sin móvil ni redes sociales: “Si ahora te gusta una chica, relacionarse es muy sencillo porque tienes aplicaciones como Wapa donde puedes hablar con personas afines, o POF”, reitera.

El camino de la vida no ha sido fácil pese a seguir su propio pálpito y saber manejar los tiempos. Son muchos frentes y la identidad de género representa una parte de todo lo que sufres o gozas en la vida. Su sistema inmunológico le ha jugado malas pasadas ante situaciones de estrés emocional muy duras. Una primera experiencia con el cáncer terminó siendo muy reveladora y transformadora. Le ayudó a vivir con “amor” y a “no entrar en las rencillas de los demás”. Le obligó a renacer e inspiró su libro Mi cáncer,cómo despertar al amor(2016, Montes de Cierzo). Los beneficios los donó a la lucha contra el cáncer. Aquello fue todo un aprendizaje pero todavía quedaba una segunda prueba para valorarse “de verdad”, una nueva cruzada con la enfermedad...

Ahora se siente más segura que nunca de “no necesitar nada más que a mí misma y no depender de nadie”. “Estuve demasiado perdida en los demás a través de mi trabajo y no me quería a mí misma... entonces el cuerpo te da un toque”, relata valiente. Madurar es encajar lo que somos, reconocer lo que nos hace daño y lo que nos da la felicidad. En el caso de Amalia, con el plus de navegar contra corriente en una sociedad como la nuestra, heteropatriarcal. Su lucha no es de formas. La cabeza va por delante y hay mucha, mucha sensibilidad. “Hoy más que nunca me siento orgullosa de quien soy. En realidad la homosexualidad es una parte nimia de mí. La tengo tan integrada que nunca la he rechazado y me presento sin etiquetas”. Porque es cierto, subraya, que a las personas homosexuales “nos rechazan, nos señalan, nos tachan de viciosas cuando ese libertinaje nada tiene que ver con la opción sexual. Hay muchas prácticas vejatorias entre heterosexuales, también dentro del matrimonio”. Como tampoco oculta que a lo largo de su vida ha vivido ese miedo a que le juzguen por ser diferente. “Lo sentí con 16 años;en el instituto me encontré una vez una pintada en el baño que decía: Amalia lesbiana. Porque era la única lesbiana visible en aquel momento, yo nunca me oculté. O llegar a casa de una amiga y decirme su madre: que me dicen que te gustan las tetas, que es lo más cruel que me han podido decir, y fue una mujer...”. Ser coherente compensa, “negarse lo que uno es te puede destrozar, anular ”. En el colegio le decían que su marca era la autenticidad. ¡Menudo piropo!

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