Música

‘Nuevas’ estaciones de Vivaldi

Por Teobaldos - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

les musiciens du louvre

Intérpretes: Les Musiciens du Louvre;Thibault Noally, violín solista y director. Programa: monográfico de A. Vivaldi: conciertos RV 116, 134 y 156 para cuerdas;Las Cuatro Estaciones. Programación: S. M. A. Estella. Lugar: iglesia de San Miguel. Fecha: 9 de septiembre de 2018. Público: Casi lleno (12 euros).

Hubo versión original de Las Cuatro Estaciones. Mil veces escuchadas y siguen ahí, deparándonos sorpresas en los innumerables detalles descriptivos que Vivaldi hace de la inagotable naturaleza. Siempre que se sepa dotar a las notas con nuevos acentos;con sonoridades atrevidas;con tempi que, como el viento, pueden ser de todos los tamaños y velocidades;y con temperaturas de contraste extremo, tanto en volumen como en atmósferas. Les Musiciens du Louvre, con un soberbio Thibault Noally al violín solista, nos ofrecieron una versión del vivaldiano éxito pusieron al público en una alta tensión de continuas emociones por la técnica desplegada -la velocidad exigía categoría de solistas a todos-, la conjunción demostrada -no hay compás, es la respiración conjunta la que manda- y la disciplina, supeditada a una idea de mostrar la descripción de la naturaleza en sus dos facetas más hermosas, la más lírica y la más violenta: el largo del invierno, o el presto y los fulgurantes graves del verano;por ejemplo. Los tiempos musicales, en general, fueron ágiles, y, en muchos tramos rapidísimos. La versión, así, globalmente, resultó espectacular, de diapasón brillante, en los violines;y de un andamiaje muy potente en los graves, que aquí supera el criterio de bajo-continuo para calzar unas respuestas a los temas de violines, rotundas. Así, además de su cometido de continuo -con el clave- la violonchelista y la contrabajista estuvieron asombrosas, la primera, por sus dúos con el violín;la segunda porque, casi en todo el concierto, lleva la misma digitación que el violonchelo. Otro apartado fue el de las violas: pocas veces se oye su colorido como esta vez;y no sólo por esos detalles del sonido áspero a modo de goteo, sino por la redondez demostrada en las entradas escalonadas de las diferentes familias cordales. El solista y director, impecable en su doble cometido: como solista, sobresale de entre sus colegas, pero sin solución de continuidad, sin maneras del solista que va a otra cosa;como director un solo gesto y todos en su tempo. El resto de violines -como todos- siempre jubilosos, creando atmósferas etéreas como de neblina, destemplando un poco las notas para dar esa sensación desvaída -invierno-, o incidiendo en el júbilo general cuando tocan el conocido tema. Los planos sonoros que logran entre violines, solista y graves, en los tramos más lentos, son delicados, mágicos, para luego, en conjunto, irrumpir en los allegros como un tsunami. En los tres conciertos que abrían la velada, la misma tónica. Si alguna pega pudo haber, fue la excesiva velocidad para la acústica, en la parte de atrás de la iglesia. Cierre de una semana espléndida, que va subiendo, donde hemos aprendido, nos hemos reconciliado con nuestros vecinos músicos, y hemos descubierto nuevos instrumentos, voces (Irán) y sedes;no sólo nos hemos entretenido.

CLAUDIO SCIMONE, IN MEMORIAM Recientemente ha fallecido el director italiano Claudio Scimone a los 83 años, fundador de I Solisti Veneti. Para los que tenemos una cierta edad, Las Cuatro Estaciones de Vivaldi están unidas a su memoria, porque fue la primera grabación -en vinilo, claro- que tuvimos. Es cierto que en versiones románticas, hoy heterodoxas, pero, como dice Biondi (intérprete historicista), respetables, porque nos crearon verdadera afición. Le recuerdo en una de sus visitas al Gayarre, (DIARIO DE NOTICIAS, 28 de octubre de 1997) con su sabiduría y buen humor, con una versión muy caprichosa de la popular obra. Yo creo que a Vivaldi le hubieran gustado los dos estilos, el de Scimone y el historicista de hoy. Como decían sus antepasados: Sit tibi terra levis (Que la tierra te sea leve).