Mesa de Redacción

Perdido el presente, queda ya el futuro

Por Joseba Santamaria - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Es un clásico en la política de los partidos: cuando se pierde el presente porque se está perdido y anquilosado en la nostalgia del pasado no queda otro remedio que hablar del futuro. Esparza encarga ahora a Burguete -una vieja gloria del desaparecido CDN- que organice unas charlas para comentar sobre la Navarra del futuro. Que Esparza piense ya en el futuro significa como poco que admite que ha llegado tarde al presente. Que su discurso de los últimos tres años y medio necesita un aire fresco de renovación. Y que ese tiempo ha sido un tiempo perdido. En realidad, todo ello es una obviedad. Sólo falta convivir en cualquier lugar de la geografía navarra para entender que la sociedad navarra llevaba tiempo avanzando hacia adelante y construyendo un nuevo presente centrado en las demandas y necesidades de este siglo XXI mientras UPN seguía anclado allá por el siglo pasado. Si su inicio de curso político se centró en arremeter contra el PSN por la posibilidad de que busque acuerdos con Geroa Bai, lo que ya era un reconocimiento explícito de que sus posibilidades de gobernar son cada vez menos -o ninguna ya-, organizar charlas para pensar en el futuro es otro ejemplo de eso mismo. Que se lo encargue a Burguete, quien ya estaba deambulando por la política navarra allá por el comienzo de los años 90 del siglo pasado -es cierto que no es esto una excepción en la política foral-, sólo pone en mal lugar la capacidad de organizar y de representar un nuevo discurso, más fresco que el actual de siempre, en las filas de su propia militancia. En definitiva, admitir una crisis de liderazgo y de discurso en la Navarra de hoy. Si el intento de recuperar un espacio centrista que encubra el discurso extremista de derechas de los últimos años es pasear por los medios a Burguete, no parece que tenga mucho recorrido. Como mucho, Burguete quizá pueda desvelar a la sociedad navarra el futuro de ese enorme fiasco que dejó de herencia para las nuevas generaciones en los campos de aquel afortunado Conde de Guenduláin.