“El alcalde me dio la chuleta con lo que se dice"

Un pivote en el balcón

Antonio Bazán, jugador de Helvetia Anaitasuna, inicia las fiestas de Zizur, localidad en la que siempre ha vivido y donde inició su trayectoria deportiva

Mikel Bernués | Iñaki Porto - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

zizur mayor - En 10 años ha pasado de no saber nada sobre balonmano a debutar con la absoluta. Una precoz trayectoria deportiva que le ha valido al pivote de Helvetia Anaitasuna Antonio Bazán (19 de mayo de 1996) una nueva distinción: en su condición de vecino de Zizur Mayor de toda la vida se asoma hoy al balcón de la casa consistorial (12.00 horas) para iniciar las fiestas de la localidad. Allí suelen colocar una tarima porque es difícil asomar la cabeza por encima de la estructura sobre la que se coloca el cohete. Este año no hará falta, que con sus 1’96 metros ya roza el techo sin ayuda.

Cuando le toque prender la mecha festiva, Bazán no piensa complicarse: “El alcalde me dio la chuleta con lo típico que se suele decir. Y por si acaso me ceñiré a eso, para evitar problemas mayores”, dice riéndose. Reconoce también que “algo nervioso me pondré seguro”, y no duda en expresar su agradecimiento. “Siempre he vivido en Zizur. Las fiestas son el momento más importante del año, y el chupinazo una pasada. Hasta ahora me tocaba desde abajo, y estoy eternamente agradecido porque hayan pensado en mí por encima de otras muchas personas que seguro que se lo merecen más”, comenta. En la casa consistorial estará acompañado por sus padres y amigos, “será un momento muy chulo”, dice.

Una vez iniciadas las fiestas, le tocará disfrutar “con la calma. Jugamos el sábado y hay que tener un compromiso. Me encantaría estar a tope, pero es lo que hay. El sábado tras el partido ya disfrutaré un poco”.

permiso para asistir El protagonista del cohete ha tenido que escaquearse de varios compromisos para acudir a la cita. “Pedí permiso en el equipo, porque entrenábamos a las once. Por suerte me lo han dado, que si no me hubiera llevado un buen disgusto. Iré a entrenar antes, a hacer gimnasio y tal, luego al chupinazo y a entrenar otra vez a la tarde”, relata su plan.

Por si el balonmano profesional no fuera suficiente, Bazán compagina el deporte con una carrera de las sencillas... Medicina. Está en 5º, ahora haciendo un mes de prácticas en el Complejo Hospitalario de Navarra. “También les he dicho que me dieran libre para venir al chupinazo. Todo el mundo me entiende y me da un poco más de flexibilidad, y lo agradezco muchísimo”, expresa. Destaca además que “vivir en Zizur Mayor, con la universidad y el equipo aquí al lado, me permite compaginar las dos cosas. Y vivo con mis padres... estás en casa y no tienes que encargarte de muchas cosas que aquí me las dan hechas. Así es mucho más fácil”. “Estoy bien arropado y me cuidan demasiado”, cuenta.

trayectoria Antes de aterrizar en el balonmano Ardoi cuando empezó la ESO, Bazán había probado de todo. “Jugué a fútbol, hice natación, taekwondo, rugby, baloncesto... todo en Zizur”. Hasta que un día le dio por el balonmano “gracias a un vecino”, y “me gustó. Además había muy buen ambiente, hice muy buenos compañeros y ahí seguí unos cuantos años”.

En 2º año de Juvenil, “y como en Zizur el equipo de Primera Nacional no pudo salir por un tema económico”, le ofrecieron dar el salto a Helvetia Anaitasuna. “Creí que era lo mejor, y ahí fui”. Ese año jugó en Primera Nacional entrenando con Asobal, máxima categoría en la que debutó en el Palau. Con solo 17 años. “Es el sitio más fácil para debutar porque lo habitual es que el Barça gane de manera abultada. Pero para mí fue increíble. Una pasada”.

Mientras tanto ya le había llamado la selección. Jugó dos europeos y dos mundiales en categorías inferiores (fue 3º y 4º, respectivamente, en juveniles;y campeón de Europa y del Mundo júnior, ejerciendo de capitán). Este verano, ya con la absoluta, fue bronce en los Juegos del Mediterráneo. “Para rato me lo imaginaba cuando empecé a jugar”, dice. Y vuelve a los agradecimientos para finalizar: “A mi club Anaita, al Ardoi, a toda la gente con la que he compartido vestuario y me ha ayudado, y a la universidad”.