Un chupinazo de altura

Con sus 1,96 metros, el deportista Antonio Bazán prendió ayer la mecha de la fiesta en Zizur Mayor
Los txikis coparon una plaza que se tiñó de todos los colores

Virginia Urieta | Iñaki Porto - Jueves, 13 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

zizur mayor - Este año, por primera vez, no ha hecho falta instalar una pequeña plataforma a la que acostumbran a subirse los privilegiados que se encargan de prender la mecha del cohete anunciador de las fiestas en el balcón del ayuntamiento de Zizur Mayor. Ayer no fue necesaria y es que ya el propio alcalde, Jon Gondán, confesaba que el de 2018 iba a ser un chupinazo “de altura”. El deportista Antonio Bazán, con sus 1,96 metros de estatura, se encargó de inaugurar las fiestas del pueblo que le ha visto nacer y en el que ha desarrollado una trayectoria que le ha llevado hasta el Helvetia Anaitasuna. Fue breve y conciso pero rotundo, en una plaza que esperaba ansiosa el estallido de su día más grande.

Los zizurtarras se prepararon a conciencia ya antes de las doce de la mañana, para cuando estaba previsto el lanzamiento del cohete, en una plaza copada por los más txikis, que aprovecharon la libertad que brindan las fiestas para mancharse la ropa con mostaza y ketchup, teñirse el pelo con spray, rociar de espuma a todo el que se cruzaba en su camino y vestir los aledaños del ayuntamiento de todos los colores posibles. Al igual que los gigantes, plantados mientras esperaban ser despertados por la música, familias y cuadrillas se agolpaban pacientes compartiendo espacio con los que aprovechaban para apurar el vermú, de pie o sobre una mesa pero acompañados de sus pertinentes fritos y cervezas al sol.

Mientras los más prudentes se resguardaban a la sombra para evitar las manchas, el pequeño Aimar se acercaba a su ama para darle el móvil y que no se le rompiera con tanto trajín. Regresó un par de veces, alternando los juegos con sus amigos y cada vez con más colores conviviendo en una ropa que ya no era blanca, para negociar un cañón de confeti a cambio de un helado. Puntual, a mediodía, Bazán tomó la palabra: “Zizurtarras, viva Zizur Mayor. Gora Zizur Mayor”, dijo, escueto, desde el balcón consistorial ante una plaza expectante. Tras el estallido, la txaranga Galtzagorri puso el ritmo y los vecinos el ambiente y las risas, con el baile de los gigantes y muchas ganas de exprimir el primer día.

“Intentaré disfrutar de ellas todo lo que pueda, este año van a ser diferentes. Soy de Zizur de toda la vida y es un orgullo tirar el cohete”, señalaba el pivote del Helvetia. Confesaba estar algo nervioso y emocionado, agradeciendo una oportunidad para la que no quiso complicarse con largos discursos. Lo breve, si es bueno, dos veces bueno.

De puertas para adentro, en la planta baja del ayuntamiento, Gondán le acompañó en un concurrido lunch y brindis para celebrar el inicio de fiestas. “Esperamos que se desarrollen sin ningún conflicto, cualquier tipo de agresión es algo que siempre empaña las fiestas y queremos que se vivan de manera alegre, saludable y solidaria”, indicó, incidiendo en el buen tiempo, que acompañó durante toda la jornada.

sin vaquillas Recordó Gondán que este es el primer año en el que se van a desarrollar unas fiestas sin vaquillas, decisión que salió tras votación popular. “Hay opiniones para todos los gustos pero espero que todo salga bien y se desarrollen con normalidad”, señalaba.

Fuera, en la plaza, los 22 grados de temperatura durante la mañana y el sol de la tarde propiciaron ese buen ambiente que siempre reina en los chupinazos y que ayer se apropió de todos los rincones de Zizur. La estampa la completaron los miembros del gaztetxe de la localidad, que esgrimieron una pancarta demandando revivir el pueblo (Berriztu dezagun herria), amigos y cuadrillas que se resistieron a abandonar la plaza. Maialen Arancón, Leire Escudero, Elisa Hualde, Melani Palacio, Sonia Fernández y otra decena de jóvenes disfrutaban de la fiesta teñidas totalmente de amarillo, en una mezcla resultante de un “todo” que se habían echado por encima. “Ketchup, mostaza, arroz, colorante, harina... Hemos puesto de todo”, decían las amigas, que aseguraban que lo que más les gustaba de las fiestas son las vaquillas, y lamentaban que este año no se fueran a celebrar.

“Es una pena, nos gustan mucho porque siempre las vemos y nos juntamos, pero también la noche y las barracas. El chupinazo es el mejor día”, valoraban. Era un plan diferente al que llevaban, con sus hijos Hugo y Aimar, Saioa Goñi y Patricia Oroz. “Con los niños vas a otro ritmo -bromeaban-, gigantes y tranquilidad. Son fiestas de mañana”. Les gustan las dantzas y aseguraban que para ellas el mejor día es el sábado, “el día grande y el único que hay fuegos. Es una noche especial, aunque el chupinazo es como un 6 de julio en pequeñito”.