Jubilada, pero trabajando en su afición

Capa a capa, detalle a detalle

Soco Beltza, vecina de Mutilva, dedica horas a desarrollar su afición a la pintura. Elige el hiperrealismo en sus obras, que basa en fotografías y estudios del color

“Es difícil vender un cuadro, me cuesta bastante ponerle precio, para mí valen mucho, son como mis hijos”

Clara Ayabar Rivas | Fermín Sagüés - Jueves, 13 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

pamplona - La música de Mozart invade una buhardilla de Mutilva. Al terminar el último escalón, sobre caballetes un lienzo con dos trajes de toreros de vivos colores esperan una nueva capa de pintura. Al lado, una paleta que parece nueva aunque no lo es por la blancura que desprende;aspecto poco común en el estereotipo del lugar de trabajo de un pintor. “No me gusta dejarla sucia, la limpio todos los días”, dice Soco mientras baja la música. “Como no molesto a nadie, la pongo a todo volumen”. Soco Beltza Fresán está jubilada pero trabaja cada día en su afición: pintar.

“La pintura me relaja”, asegura Soco al referirse a este arte que despierta su más profunda admiración. Esta peculiar relación comenzó cuando Soco tenía 20 años. “Fui a casa de una amiga que había pintado un cuadro de caza inglés y me gustó tanto que quise empezar yo también. Comencé leyendo”, dice. Y es que este espacio en el que desarrolla su arte, además de cuadros que hablan desde las paredes, está lleno de libros y cuadernos. Estos últimos de elaboración propia, estudios del color a través de pruebas y apuntes que Soco encuentra a través de internet. “He estado noches enteras viendo vídeos, buscando inspiración. Hay clases buenísimas, a mí me gusta mucho ver las de los rusos”. En su casa de Mutilva sigue leyendo, estudiando, dedica días a mezclar colores y hacer muchas pruebas hasta que consigue lo que quiere.

La pintura de Soco, como ella, ha evolucionado con el paso de los años. Comenzó enamorándose de los impresionistas para terminar con los detalles del hiperrealismo que ahora convierten sus cuadros en posibles fotografías. “Cuando empecé a pintar lo hacía con brochazos muy gordos, me salía solo y ahora, sin embargo, soy incapaz de hacerlo, prefiero el dibujo. Antes hacía manchas y ahora, no sé por qué pero no me sale”, asegura. Su técnica hiperrealista se ve reflejada en las decenas de pequeños -incluso diminutos- pinceles que descansan en una jardinera con forma de bicicleta. “La espátula solo la cojo cuando estoy muy cansada, pero aún así en todos se reconoce lo que es, no pinto abstracto”, dice.

Soco elige, decide qué plasmar en sus nuevos lienzos. “Si tengo que pintar por obligación, las cosas no me salen bien”. Es difícil que un artista elija una sola temática de sus obras. En este caso, elegiría dos: los bodegones de todo tipo -frutas, verduras, latas, cuchillos...- y los trajes de los toreros. Dos temas tan opuestos como lo son su forma de pintarlos. Los bodegones los prefiere oscuros, de inspiración de esos rusos que recuerdan a Caravaggio, donde la oscuridad se rompe con un foco de luz;de los trajes de los diestros, se decanta por la luz y la colorida paleta que le facilitan.

Un mundo, el taurino, del que se decanta por los toreros sin importarle las etiquetas que pueden ponerle. “Me da igual lo que piense la gente, me parece un mundo muy estético, la parte de ese mundo que nada tiene que ver con la sangre, las espadas...”, dice. Los cuadros taurinos de Soco son de Pamplona, están ligados a Sanfermines: “Tengo un amigo que me da las fotografías;hay veces que le hago encargos de partes muy específicas, tengo álbumes con tantas imágenes que es imposible que llegue a pintarlas todas”, dice entre risas. Su cuadro preferido son las manos de un torero. Por otro de sus favoritos, el culo de un diestro, han pedido precio tres personas. “Mi marido Fernando lo subió a Facebook y hubo interesados pero no lo quiero vender. Lo pinté para mí. Me ha costado media vida;un día estuve tantas horas que tuve un derrame en el ojo”.

Dicen que el arte vale lo que uno esté dispuesto a pagar pero, ¿quién lo decide realmente? Para Soco es lo peor de exponer, el momento de ponerle precio a una de sus creaciones. “Me encanta exponer, pero me es difícil vender un cuadro;me cuesta bastante ponerle precio, para mí valen mucho y son como mis hijos”, explica. Y es que Soco dedica muchas horas para algunos de sus cuadros, por eso explica que el precio está determinado por varios factores: el tiempo, el trabajo que cueste, el nivel de detalle, las pinturas... “No es lo mismo pintar una manzana que un cuadro de un torero que tiene tantos detalles”, dice.

Soco pinta en óleo y lo hace por fases. Elige una fotografía que dibuja, “mancha” el lienzo con colores -un paso que podría ser ya un cuadro terminado-;pero no termina ahí, porque para ella faltan muchas capas de detalles. “Nunca veo acabado un cuadro, hay veces que vuelvo a cogerlo”. Hay una hortensia que terminé hace tres años y ahora la he mejorado”, dice. Ahora, está a la espera de seguir con el lienzo que ocupa el caballete, “le faltan tres o cuatro días para que seque y pueda tocarlo”.