Un txupinazo muy sentido

Luis Mari Lopez de Goikoetxea, una institución en Altsasu, arrancó ayer cinco días de celebraciones

Nerea Mazkiaran Iban Aguinaga/N.M. - Viernes, 14 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

altsasu - Acostumbrado a lidiar con la juventud, a Luis Mari Lopez de Goikoetxea no le tembló el pulso a la hora de prender la mecha del cohete con el que arrancaron ayer cinco días de celebraciones en Altsasu. Y es que este altsasuarra enseñó durante cuatro décadas a bailar el zortzikoa generaciones de quintos, un baile que es palabras mayores en la villa. Pero ahí no acaba su aportación al folclore y la cultura de Altsasu. También estaba en la recuperación del grupo de dantzaris y de otras celebraciones como la del rey de los cencerreros, la feria de la Cruz de mayo o el carnaval rural entre otras. Casi nada.

Puntual, a las doce del mediodía Luis Mari Lopez de Goikoetxea se asomó al balcón y donde ante cientos y cientos de personas, tuvo un recuerdo “muy sincero a los siete jóvenes del pueblo que no van a poder disfrutar de las fiestas con todos nosotros y nosotras”, señaló entre aplausos antes de gritar “Ondo pasa eta disfrutatu. Gora Altsasu!”y prender la mecha que desató la alegría en el exterior del Ayuntamiento. “No he estado nervioso. A gusto”, confesó una vez cumplida su tarea.

Goazen Altsasu, candidatura surgida del círculo de Podemos en Altsasu, delegó el lanzamiento del cohete en este altsasuarra para “remarcar la positividad y generosidad de muchas personas de Altsasu”, destacaron Virginia Alonso y José Luis Morán, concejales de Goazen Altsasu. Cuarta fuerza más votada, a esta formación le correspondía lanzar el cohete, el último de esta legislatura. “La mecha que ha encendido representa el sentir de muchas generaciones, de todo lo que hemos sido pero, sobre todo, de todo lo que queremos seguir siendo”.

En opinión de Goazen Altsasu “es necesario volver a relatar, remarcar y socializar qué somos y qué es nuestro pueblo ante unos medios de comunicación feroces que han tergiversado nuestra realidad”. Por ello, quisieron brindar un homenaje a lo positivo de las personas que conforman Altsasu. “Luis Mari es una de las personas que representa este trabajo altruista en la construcción, mantenimiento y difusión de nuestra propia cultura”. Al respecto, incidieron en que su legado va más allá de la recuperación y transmisión de las tradiciones. “Supone crear comunidad, hacer pueblo, fomentar el sentimiento de pertenencia y colectividad, reforzar la convivencia plural y diversa, porque no tenemos que olvidar que somos un pueblo con gentes de todos los lugares y eso nos engrandece”.

Con el txupinazo estalló la fiesta en Altsasu, el resorte que puso en movimiento a las peñas, el alma de los festejos de Altsasu, que llevaron alegría, música y color por las calles del pueblo. De rojo iban los de Altsasuko Gazteak, de verde los de Ajolabaikoak, a cuadros blancos y rojos los de Mutiko Txikiak y de negro los de Lagun Onak, la peña con más solera de Altsasu. Y es que se creó en 1945, en plena posguerra. Eran tiempos grises y de estrecheces. Tal vez por ello, o por casualidad, adoptaron para sus blusas el color negro, seña de identidad que se ha mantenido hasta ahora. Con anterioridad hubo otras cuadrillas como Etxekaltes, Diru gutxi o Biotz ederra. Después vendrían Beti Yaten, en 1952;Altsasuko Gazteak, en 1973;Mutiko Txikiak un año después y Ajolabaikoak, en 1985. Desde 2016 hay más color en las peñas, el azul de las blusas de Kalez Kale.

cafés y comida Estas fiestas se han apuntado a los cafés en torno a 300 personas, cantidad parecida a la de años anteriores. “Se ha notado cierto bajón en las comidas”, apuntaron desde la comisión de peñas. Donde no ha bajado el número de comensales es en la herri bazkaria del sábado, con los 1.100 tickets agotados., una comida para hacer pueblo en la que trabajan un centenar de personas de diferentes colectivos y también a título personal. Lo cierto es que las peñas han organizado junto con Herri Mugimendu diferentes actos. “Somos parte del pueblo”, destacaron.

La hora cero es la bajadica, cuando cae la noche, a las 20.00 horas. Es entonces cuando comienza un paseo desde la plaza Zumalakarregi hasta la de los Fueros, poco más de 500 metros pero que cuesta completar más de una hora. Y es que la chavalería y otros jóvenes de espíritu se resisten a llegar a la plaza, realizando numerosas paradas para bailar y cantar. Además, desde hace cuatro años hay una subidica a medianoche, el mismo trayecto en sentido inverso y con las mismas ganas de pasárselo bien. Estas fiestas será el viernes porque el sábado será el concierto de Vendetta, dentro de su gira de despedida de los escenarios.